Laberintos Mentales

Por Arantxa de Haro / En la imagen: Lili Elbe, la primera mujer trans

Mi abuela está próxima a cumplir 75 años. Aún se mantiene muy activa, subiendo y bajando escaleras, atendiendo cotorros y pajaritos, riendo estruendosamente mientras se sienta frente a su máquina y pespunta en una muy moderna. La otra máquina es una que ha estado en la familia desde antes de que ella hubiese nacido. Tal surrealismo, un día soñó que esa antigua máquina era su abuelita, y hablaba con ella.

Es una mujer inteligente que no continuó sus estudios porque sus padres no veían la necesidad de que siguiera preparándose. Sin embargo, su sentido común es muy fuerte, y su discernimiento es tan fino como el de un investigador privado. Aunque yo he llegado a su casa con ideas muy diferentes, de repente nos sentamos a comer hablando de los libros que compro o de las redes en las que escribo. Ha pasado sus manos por libros de Byung-Chul Han, y ha reído con los Twits de Margo Glantz.

Y aún así, jamás esperaría que mi abuela dejara de rezar el rosario y se pusiera una pañoleta verde. Agradezco que tolere mis dislates, mis excesos cafeínicos, mis extravagantes ideas, y mis conclusiones apresuradas acerca de los fenómenos que me rodean, los análisis exhaustivos de personas que me llegan a desconcertar. Pese a todo lo anterior, me senté al pie de su cama y conversamos de algo que no había detectado. Mi abuela ultraconservadora, sin mucho pensarlo, me contó la historia de su amiga Lupe, una mujer trans.

Lupe era una mujer trans muy bella que conoció a mi abuela cuando le compró unos zapatos en un puesto. Algunas vecinas habían advertido a mi abuela de no venderle a ese tal Lupe ningún par (para que no todas trajeran los mismos). Mi abuela había accedido sin mucho comprender la situación, pero como se referían a esa bella mujer en masculino, no se dio cuenta que a quien esperaba para negarle los zapatos en realidad era una mujer, y no un hombre como pensaba. Obviamente, considerando que eso fue hace más de 20 años y que no había la difusión de ahora, los vecinos, familiares y mi abuela no sabían qué era una mujer trans, ni de qué se trataba eso del LGBT+. Sólo existían a sus ojos los homosexuales, refiriéndose a ellos con peyorativos que dejaremos de lado.

Lupe, una vez que estableció una relación estrecha con mi abuela, le confesó de las veces que se sintió profundamente rechazada por su familia. Cuando no pudo más con el peso de la soledad, atentó contra su vida. Despertó en una cama de un hospital, con sus hermanas llorando a su lado, y su madre completamente desconsolada. Desde allí se percató que su familia sí la quería. La vida siguió, y todas sus penas y secretos, por ejemplo, las riñas con su pareja, eran escuchadas por mi abuelita.

Mi abuela comentaba, que además de la amistad que tuvo con Lupe, no sabía por qué algunos de sus conocidos, cuando se daban cuenta que tenían hijos con inclinaciones diferentes o actitudes que no les parecían, intentaban “reformarlos” o “reconvertirlos”. Mi abuela siempre intentó decirles a quienes le confesaban eso que “ya era de nacimiento”, que “no era una enfermedad, ni se podía cambiar”, que lo único que quedaba era aceptar, como Dios quiere a todos sus hijos.

Así mismo, en el taller de mi abuela, los obreros incluso llegaban a cerrarle el paso del baño de caballeros a algunos homosexuales que trabajaban allí. Algunas obreras tenían que escoltarlos a los baños de mujeres para que no los agredieran. Si eso hacían con hombres homosexuales, lo más complicado venía con los hombres y mujeres trans.

Y aunque mi abuelita no comprenda todas las letras que conforman el LGBT+, ni hable basándose en tesis filosóficas para evitar la discriminación, admiro que vea el problema en el poco apoyo del entorno para personas como Lupe, que puede llevarlas al suicidio: aceptando a quienes luchan socialmente por ser aceptados como son.

Haruki Murakami lo explica bien en uno de los títulos de uno de sus libros (título que no se conserva ni en español ni en inglés porque fue cambiado durante la traducción): “Todos los hijos de Dios bailan”.

Referencias:

Clements-Nolle, K., Marx, R., & Katz, M. (2006). Attempted suicide among transgender persons: The influence of gender-based discrimination and victimization. Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17135115.

Zeluf, Thorson, & Mannheimer. (2015, Octubre 5). Transgender health in Sweden – results from a self-selected web survey on health and health determinants: Charlotte Deogan. Recuperado de https://academic.oup.com/eurpub/article/25/suppl_3/ckv173.016/2578354.

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s