La nueva invasión yanqui

DE UN MUNDO RARO
Por Miguel Ángel Isidro / Imagen: Proceso Foto

Varios de los episodios más lamentables de la historia de México, están relacionados con nuestro país vecino del norte: los Estados Unidos de Norteamérica.

Y no nos referimos solamente a la intervención militar de 1846 a 1848, y la funesta firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que representó la pérdida de la mitad del territorio nacional, sino a la forma en que reiteradamente, México ha venido siempre pagando la peor parte de nuestra relación de vecindad.

Porque de una manera u otra, los intereses de los Estados Unidos, ya sea en el terreno económico o político, siempre han tenido incidencia directa con lo que ocurre en nuestro país.

La constante presión económica, el crecimiento de los cárteles de la droga y el fenómeno migratorio no podrían explicarse sin la ominosa presencia del país más poderoso del mundo al otro lado del río Bravo.

Vecinos, socios amigos… son denominadores comunes en el discurso oficial para definir nuestra relación. Pero en términos reales, la coexistencia de ambas naciones es muchísimo más compleja.

Y resulta que ahora, en pleno siglo XXI, tenemos una vez más al vecino yanqui haciendo de las suyas en nuestro territorio. No precisamente en el aspecto militar, pero sí en otro con igual impulso bélico: el de las campañas presidenciales.

El primero en meter a México en la agenda del proselitismo presidencial norteamericano fue el mismísimo presidente Donald Trump, quien desde su candidatura desplegó una estrategia que hasta el momento le ha brindado mejores resultados de los que esperaba: su estrambótico discurso y personalidad es por sí sola un suceso mediático, ante un público global ávido de circo.

Su controversial figura, su incendiario discurso y sus constantes arranques de historionismo son auténtica pólvora para la prensa y las redes sociales.

Durante su campaña electoral en 2016 Trump culpó México y a los mexicanos de ser los responsables directos de todos los males de la nación americana. Es evidente que más allá de los argumentos, su perorata siempre buscó atraer las simpatías de los sectores más conservadores y reaccionarios -que ciertamente, no son pocos- y se aglutinan en torno a poderosos intereses económicos.

Y resulta curioso que, aún con el peso de un inminente juicio político en su contra, el presidente Trump haya dado la vuelta a la tuerca y su discurso siga marcando la agenda en ambos lados de la frontera.

Durante el año que concluye, el gobierno de México ha sostenido una relación tirante con su similar norteamericano en torno a tres temas torales: la crisis migratoria, la delincuencia organizada y los acuerdos comerciales.

A mediados del presente año, focos rojos se encendieron en el tablero del gobierno mexicano ante la amenaza de Trump en el sentido de imponer aranceles adicionales a las exportaciones mexicanas si el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no tomaba medidas concretas frente a la oleada migratoria que intensificó su tránsito hacia territorio norteamericano ante la crisis humanitaria que padece Centroamérica.

A marchas forzadas, una comisión negociadora encabezada por el canciller mexicano Marcelo Ebrard logró un acuerdo con la Casa Blanca que se tradujo en el despliegue masivo de la recién creada Guardia Nacional para contener a los migrantes, los cuales siguen siendo masivamente retenidos o expulsados a suelo mexicano, incluso en el caso de aquellos que solicitan asilo político. Al final del día, México se convirtió en el “muro fronterizo” prometido por Trump en su campaña, muro que es pagado con los impuestos de los mexicanos.

Ya en la primera semana de diciembre, Trump volvió a la carga. Utilizando Twitter, su red social favorita, anunció que su administración tenía prácticamente todo listo para solicitar al congreso de su país que los cárteles mexicanos de la droga fuesen declarados como organizaciones terroristas, lo cual abriría la posibilidad de acciones radicales en materia militar, financiera y judicial en contra de dichos grupos, contemplando incluso el despliegue de recursos tácticos en suelo mexicano. Dicha declaración encendió la polémica en nuestro país, todavía conmocionado por la masacre de la familia LeBarón en la zona limítrofe entre Sonora y Chihuahua.

A los pocos días, el mandatario norteamericano dijo haber desistido de dicha acción, fundamentalmente a petición de un “hombre que me cae bien y que ha trabajado tan bien con nosotros”, en referencia al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

La declaración fue lanzada apenas un día después de que el fiscal general de EE.UU., William Barr, viajara a México para reunirse con López Obrador, cuyo gobierno inmediatamente emitió una nota de agradecimiento.

Y en un tercer episodio de éste súbito tren de acontecimientos, y tras año y medio de intensas negociaciones, ésta última semana se llevó a cabo la firma de la denominada “última versión” del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-Mec), acuerdo comercial que sustituirá al Tratado de Libre Comercio de la América del Norte suscrito por las tres naciones en 1994.

Al encabezar en calidad de testigo de honor la firma protocolaria de dicho acuerdo en Palacio Nacional, el presidente López Obrador dijo que el tratado “traerá inversión, crecimiento, bienestar, paz y tranquilidad”.

Sin embargo, apenas unas horas después del anuncio, comenzaron a surgir suspicacias acerca de los aparados “en letra pequeña” del convenio trinacional, por temas específicos relacionados con el uso y origen de materias primas para la industria -acero y aluminio-, disparidad en los volúmenes de intercambio comercial, y el más controversial: la petición de Estados Unidos de “inspeccionar” la normatividad laboral mexicana y su correcta aplicación.

Aún estando pendiente la ratificación del tratado por los cuerpos legislativos de los tres países – que de acuerdo a lo pactado deberá concretarse en el curso del siguiente mes y medio posterior a la firma-, es evidente que el camino rumbo al “planchado” definitivo del T-Mec no estará exento de controversias.

Este mismo fin de semana, el subsecretario de Relaciones Exteriores para la América del Norte Jesús Seade, viajó a Washington para defender los intereses del gobierno mexicano en los apartados laboral y medioambiental, y a través de su cuenta de Twitter insistió en destacar los “aspectos positivos para México” del tratado trilateral.

Bajo este complicado escenario, el calendario político norteamericano sigue su marcha. Es imposible predecir sus resultados, pero lo que es un hecho es que del curso que tome la contienda electoral, dependerá la agenda política de México en los años venideros, y que el resultado de la elección norteamericana podría tener implicaciones notables en la elección presidencial mexicana de 2024 por una sencilla razón: un candidato presidencial mexicano con el “visto bueno” del aparato político norteamericano tendría más posibilidades de éxito. Motivo por el cual el canciller Ebrard y sus simpatizantes deben estar frotándose las manos con ansiedad.

Por si poco faltara para complicar este escenario, este mismo viernes, la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes aprobó los cargos que acusan al presidente de EE.UU., Donald Trump, de obstrucción al Congreso y de abuso de poder. Una noticia que a nivel de los Estados Unidos ha opacado por completo la firma de T-Mec y la sorpresiva detención del ex secretario de Seguridad Pública del gobierno mexicano en el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna, acusado de corrupción en favor del Cártel de Sinaloa.

Sin duda falta mucho por ver en este inusitado fin de año. Pero hoy, más que en cualquier otro episodio reciente, los destinos de ambas naciones están irremediablemente encadenados, con los riesgos y oportunidades que ello representa.

No está fácil…

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

Aztlan Underground (Estados Unidos)
“Vote for nobody”

https://youtu.be/N6FM2Nu8III

-Las Cafeteras (Estados Unidos)
“La Bamba Rebelde”

https://youtu.be/9xv-FjbXaqk

-La Plebe (Estados Unidos)
“Mi tierra”

https://youtu.be/x6GyNtwqm8U

-Guillermo Velázquez y los Leones de la Sierra de Xichú (México)
“El derecho legal al trabajo”

https://youtu.be/6c2qeoStqqQ

Neon Indian (Estados Unidos)
“Toyota man”

https://youtu.be/-jvkHxmeNXc

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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