El galeno de humo

Laberintos Mentales

Por Arantxa de Haro / Imagen: “Psychotic Break” por Beata Ułasiuk

La mente es el centro de la realidad en la que vivimos. Nuestras acciones nacen conforme a la manera en cémo el cerebro detecta e interpreta lo que le rodea. Sin embargo, incluso en nuestros momentos más sanos, fenómenos como las ilusiones ópticas, manifiestan que nuestros sentidos pueden engañarnos. Por lo que, ¿qué sucedería si el manto de la psicosis empieza a envolvernos como niebla espesa sin siquiera nosotros percatarnos?

Cuentan que un joven doctor E, un hombre de encantos, había conocido a la que sería su esposa en una fiesta. Simpático, amiguero, era el alma de las fiestas. Su labia le valía admiración y se hizo de fama. Con los años se volvió un ferviente devoto católico, se fue refugiando en la fe, no faltaba un día a misa, y a veces iba hasta dos veces. Sin embargo, no solamente en cuestiones de fe, su comportamiento se tornó errático, como si una arabesca neblina venenosa, pasara por debajo de las puertas, se colara bajo las ventanas y conviviera en la casa, envenenando el ambiente. Su matrimonio se fue amargando después del nacimiento de su cuarto hijo, eso y una serie de sucesos de índole fantasiosa que convergen en un punto de esoterismo y psicosis.

Cuentan que el doctor tuvo un accidente y que se había quedado cuadrapléjico. El mismo doctor decía que sus radiografías (las cuales nunca enseñaba) lo demostraban. Otros doctores comentaban que no había fractura alguna y que en realidad no estaba incapacitado para caminar. El tiempo le devolvió la movilidad. Años más tarde, el mismo hombre decidió desaparecer. A su hijo le había dicho que se había ido a cierta parte de Europa y que había trabajado como espía industrial de una empresa farmacéutica, que le habían robado la patente de la aspirina y que por eso tuvo que regresar a tierras aztecas. A los demás, no les contaba nada.

Fue así que el doctor y su hijo, quien ya estaba demasiado enredado en tales historias, se dirigían durante la noche a bordo de una camioneta blanca de redilas hacia una finca abandonada. Los esperaba un párroco alérgico a la papaya, en medio del desolador páramo. Se disponían a hacer un exorcismo puesto que tenían información sacada de quién sabe dónde que indicaba que ahí había algo. El cuarto hijo del doctor, en esa época era un adolescente regordete, quien vivía alejado de su progenitor puesto que este último huía de sus acreedores viviendo en un cuchitril en el centro de la ciudad. Sin oponer resistencia, el adolescente no cuestionaba nada, simplemente se dejaba llevar por lo que le decía su papá y el sacerdote.

El sacerdote era constantemente aconsejado por sus compañeros y superiores, que se retirara. Que el tumor que tenía en la cabeza le hacía perder un poco la conciencia de lo que sucedía. Ahora estaba detectado el problema, pero la congregación se dio cuenta de la situación cuando veían comportamientos anómalos, como cuando empezó a dar la bendición con el agua bendita usando pistolas de agua, o empezaba a hablar de vivencias religiosas con más frecuencia que otros sacerdotes. Las autoridades que le competían en ese mundo eclesiástico empezaron a preocuparse, por lo que investigaron y encontraron ese cáncer. Aún así escapaba y salía como aquella noche. Esa sólo fue una de tantas quijotescas aventuras.

El doctor, a pesar de estar separado de su esposa, aún conservaba el encanto de antaño, se sospechaba que no dejaba a “ninguna de comadre”. El hombre era leyenda, tanto como la mujer que deambulaba por la avenida principal con un par de tijeras de sastre en la mano, y se abalanzaba contra uno cuando se acercaban mucho a ella. O como la de la prostituta sin una pierna que terminó emparejada de un policía. Las leyendas del doctor que hacía exorcismos se corrían como lumbre.

El esoterismo aparente pasó a ser una farsa y luego una sospecha de locura un día hace menos de diez años atrás, que durante el servicio de misa del medio día se descubrieron las amantes del doctor. Todas iban al mismo servicio, se sentaban juntas, justo detrás del fulano y la aún esposa legal. Una de ellas no pudo callar, y regó el secreto que con tanto celo se preservaba ante todos los feligreses. Dijo una de las cuatro despechadas amantes que el galeno les había prometido a aquellas mujeres ante el altar (sin presencia de ningún párroco) desposarlas ante Dios. Y así, sin más, el polígamo hombre, vivía desvergonzado. Con ese último clavo al ataúd, se fue a la deriva la armonía de la vida familiar del desdichado. Por fin se divorció y el teatro quedó al descubierto. Todas las historias que había dicho, al parecer las creía el mitómano. Justificaba su actuar diciendo que en realidad era un profeta enviado de otros tiempos, que por eso su derecho divino a todas las mujeres que quisiera, que por eso podía curar enfermedades.

Lo último que supe es que sigue dando consulta, que su hijo el más joven sigue superando el impacto de dejar de creerle todo a quien más admiraba. Que los años pasan, y que no queda más que intentar abrir las ventanas, dejar que ese aire intoxicante que tergiversa la realidad se salga. Pues entre las mentiras, el delirio, y la trama, todos los involucrados terminaron de alguna u otra manera afectados. Y entonces el galeno de humo sigue rondando.

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s