Las raíces de un tal Bob Dylan: los años de la inconformidad (1961-1964) (II)

Por José Luis Enríquez Guzmán

A pesar de que se dice que Dylan fue un fenómeno en sí mismo, llegó tarde a la canción de protesta. Antes de que apareciera en la escena musical, otros intérpretes y compositores ocupaban un lugar importante en los movimientos sociales, como Joan Baez, Pete Seeger y Woody Guthrie. El joven de Minnesota empezó a tocar en el Café Whá? de Greenwich Village, en Nueva York, un sitio que fue refugio no sólo de músicos y poetas que aspiraban a la fama, sino también de comediantes como Richard Pryor y Woody Allen. Sus aspiraciones lo llevaron a conocer a Lou Levy, directivo de Leeds Music Publishing, una de las compañías discográficas más importantes, que anteriormente había firmado a Bill Halley and His Comets.

El primer disco de Dylan se conformó de covers, en su mayoría, y sólo incluyó dos composiciones propias: “Talking New York” y “Song To Woody”. Hasta esta producción nada apuntaba a que el joven cantautor se convertiría en una pieza icónica de la década. Más bien, sólo era un compositor más, con talento, pero uno del montón. No obstante, su segundo disco es el que catapultaría su carrera y lo identificaría como “la voz de su generación”, título que Dylan siempre despreció.

The Freewhelin’ Bob Dylan incluyó las canciones más representativas de ese período de su carrera. A partir de aquí sus composiciones se convertirán en himnos de los diferentes movimientos sociales que marcaron la década. Dylan absorbe las demandas de dichos movimientos, y los adereza con las notas de su guitarra. A continuación se hará una breve mención de las canciones más representativas y qué temas abordaron.

Canta en contra del racismo en “The Ballad of Emth Till”, que cuenta la historia de un joven negro que fue muerto por un par de hombres en Misisipi por haber tratado de interactuar con una mujer blanca. Los hombres fueron exculpados por el tribunal. Está basada en una historia Ante la rudeza de la letra y del tema, en un inicio fue rechazada por la compañía discográfica más importante de la costa oeste, Columbia. La canción fue adoptada como un himno del Movimiento por los Derechos Civiles, principalmente en el sur, donde habitaba casi el 50% de la población negra.

También, otra de sus inconformidades era la manera en que los jóvenes debían comportarse frente a la sociedad, y lo expresó claramente en  “The Times They Are A-Changin’”, donde le pedía a los que representaban el establishment que comprendieran que su tiempo ya había pasado, así como su manera de ver el mundo que le imponían a los jóvenes (“Vengan, madres y padres de todo el país. Y no critiquen lo que no pueden entender. Sus hijos ya no los obedecen. Su viejo camino es una ruina”). Los principales movimientos sociales tomaron esas canciones como himnos de batalla.

Por último, compuso canciones contra la guerra, y la violencia, en general, como “A Hard Rain’s A-Gonna Fall” y “Blowing in the Wind”. De la primera canción, se piensa que fue inspirada por el temor de una guerra nuclear, sobre todo por la Crisis de los Misiles entre Cuba y Estados Unidos en 1962. No obstante, la canción fue compuesta unos meses antes de que estallara la crisis. La segunda evoca tiempos de paz, aunque no se refiere directamente a ningún conflicto en especial. Esta canción pasó a formar parte de los himnos simbólicos de la década, junto a “The Battles Hymn of the Republic” y “We Shall Over Come”.

Las letras de sus canciones, así como su constante presencia en mítines de protesta “en contra de algo, a favor de nada”, le valieron la simpatía de grupos de izquierda, quienes eran los principales cabezas de los movimientos sociales. A estas alturas de su carrera, Dylan no era sólo un músico con el que los jóvenes se identificaban, sino que ahora, sumado a eso, sus simpatizantes lo habían convertido en un activista.

No obstante, con “Blowing In The Wind” alcanzaría una fama entre los jóvenes que sería una condena para Dylan, ya que lo que más le importaba a los jóvenes era verlo o tocarlo, no escuchar el mensaje que quería brindarles, con lo cual, dejó a un lado la música de protesta, aunque nunca denominó su obra así, y reinventó su música en 1964. El cierre definitivo de esta parte de su carrera se dio en el Festival de Folk de Newport en 1965, donde abandonó su guitarra acústica y la cambió por una eléctrica, provocando la furia de sus seguidores, quien creían que Dylan se “había vendido” a la industria enajenadora que producía rock and roll. Afirmación falsa, ya que, como se dijo en un inicio, la canción de protesta era igual, o más, rentable que el rock.

Ya se ha explicado cuál fue el impacto social de la música de Dylan, y por qué su obra fue aceptada por un amplio sector joven de la población estadounidense. No obstante, también hay que señalar de qué forma, lírica y musicalmente hablando, fue trascendental la obre de Bob Dylan.

Años después, la revista Rolling Stone diría que las canciones del segundo disco de Dylan “transformaron la escritura musical norteamericana”. Y es que a partir de este álbum, el resto de los artistas pop descubrieron que una canción debía de tener más contenido que forma Posteriormente, ya sin tener nada que ver con los movimientos sociales, Dylan rompería otros moldes de la industria musical, que le valdrían el título de innovador, como el creador del primer álbum doble o del primer sencillo comercial que duraba más de tres minutos.[1] No obstante, la obra de Dylan fue trascendental porque:

“Las canciones de Dylan funcionaban pues las melodías, si bien monocordes, como era el estilo de la canción folclórica, por lo general eran armoniosas, y las letras abundaban en instinto poético, metáforas sorprendentes, observaciones inteligentísimas, profundidad, ingenio, humor, además de un excelente dominio de la versificación que recurría sin titubeos al habla coloquial y a las expresiones populares, y las mezclaba con referencias culturales”.[2]

La popularidad y aceptación de la obra de Bob Dylan radicó en el lenguaje que utilizaba. Por un lado, su talento literario le permitió generar composiciones estructuradas que podían ser pasadas como poemas, y, por otro lado, gracias a ese mismo talento, pudo incluir elementos de la cultura que le permitieron establecer lazos con cualquier persona que escuchara sus canciones. La obra de Bob Dylan es una obra universal.

Ya se ha hablado de la participación del joven de Minnesota en los movimientos sociales de la década de 1960. No obstante, aún no se ha abordado de qué forma se construyeron las canciones de Dylan, o mejor dicho, las influencias en las que se basó para componer durante ese período de su carrera, y que permiten conocer las bases de la canción de protesta no sólo en el caso de Dylan, sino también en el del resto de los músicos que participaron activamente en esa década.

 

[1] El disco es Blonde On Blonde (1966) y la canción es “Like A Rolling Stone” del álbum Highway 61 Revisited (1965), que, en vez de durar los tres minutos acostumbrados, duró casi siete.

[2] José Agustín, El hotel de los corazones solitarios y otros (muchos) textos sobre rock, p. 54.

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).