Prensa mexicana: ¿vivir o sobrevivir?

DE UN MUNDO RARO

Por Miguel Ángel Isidro / Imagen: El Sol de Cuernavaca

El pasado 13 de enero, en la sección editorial de los periódicos El Sol de Cuernavaca y El Sol de Cuautla, se reprodujo un texto titulado “Nuestro Ya Basta: Adiós, nota roja”, a través del cual, la directiva de ambos medios dio a conocer una decision radical: la cancelación de la sección policiaca en ambos rotativos.

A través del texto de referencia, el editor local de dichos diarios, Daniel Martïnez Castellanos argumenta que la determinación asumida con el aval de los directivos de la Organización Editorial Mexicana (OEM), -corporativo nacional al cual pertenecen ambos diarios- pretende “abonar a la construcción de la Paz desde los medios de comunicación”.

Y continúa señalando: “La decisión, avalada por muchos amigos, compañeros periodistas, colaboradores, no significa cerrar los ojos a una realidad que parece imbatible. Se traduce, eso sí, en reducir el contenido de violencia en nuestras páginas y orientar a nuestros lectores sobre formas más seguras de vida y coexistencia. Seguiremos comunicando la realidad de forma objetiva, pero evitaremos el lenguaje de la violencia, no seremos voceros reales o simbólicos de quienes han sometido al estado a una situación de inseguridad insostenible y que ha llevado a Morelos a una de sus más graves crisis”.

Más allá de la posible autocensura, ésta disposición suena arriesgada en tiempos en que los medios de comunicación, y más enfáticamente, la prensa escrita, enfrentan un complicado momento en cuanto a su sostenibilidad.

No sólo por la agresiva competencia de los medios cibernéticos y las redes sociales, sino por la dramática disminución de la inversión gubernamental en publicidad oficial.

Y es que los números son dramáticos: durante el sexenio de Peña Nieto se destinaron un promedio de 10 mil millones de pesos anuales a la compra de espacios de publicidad oficial en medios de comunicación. En el primer año de Andrés Manuel López Obrador dicha inversión se redujo a 4 mil 800 millones de pesos, lo cual provocó una oleada de despidos, cierres y recortes en distintos medios. Pero aún viene otro golpe: en el paquete presupuestal 2020, el gasto en publicidad oficial se estableció en 2 mil 658 millones de pesos, es decir, se pretende ejercer apenas poco más de la cuarta parte de la inversión que el gobierno anterior dedicaba a dicho rubro.

Vivimos un momento histórico complicado para la prensa mexicana. La sostenibilidad de los proyectos editoriales implica un elevado costo económico. Ante la disminución de una de sus principales fuentes de ingresos -la publicidad oficial de gobierno federal-, los medios impresos, y muy especialmente los diarios, tienen que entrar en una lógica de optimización de recursos, lo cual lleva sin duda a determinaciones como la que mencionamos al inicio de este texto, por parte de los “Soles” de Cuernavaca y Cuautla.

Durante décadas, una afirmación generalizada de manera dogmática en el terreno de la prensa escrita era que “la sangre vende”. Viví en Morelos más de 20 años, y me tocó atestiguar una dinámica particular en la oferta periodística entre los dos principales periódicos de la entidad -El Diario de Morelos y el Sol de Cuernavaca- en su rutina diaria: ambos son diarios en formato standard, y vienen encartados en tres o cuatro secciones. En los puestos de periódicos y en las esquinas, los voceadores modificaban el encarte original, mostrando al público la sección policiaca como plana principal. Encabezados e imágenes sensacionalistas competían por la preferencia de los lectores en kioskos y cruceros de las principales ciudades morelenses, como en muchos otros lugares del país.

La “nota roja” ha tenido un consumo masivo en México. No podemos soslayar el hecho de que una publicación como la desaparecida revista “Alarma!” -que reseñaba en sus páginas hechos de sangre y exhibía además crudas imágenes de víctimas de accidentes y crímenes sangrientos- llegó a alcanzar un tiraje semanal de 2 millones de ejemplares semanales en su mejor momento, a inicios de la década de los ochenta. Eso en un país donde damos por sentado que “la gente no lee”.

En el momento actual se debate sobre si existe alguna posibilidad de sobrevivencia para el periodismo en medios impresos. Periódicos y revistas se han visto desplazados de las preferencias de los lectores por los dispositivos electrónicos móviles, principalmente por los teléfonos “inteligentes”.

Editores y dueños de medios deben de entender que el cambio de régimen no se debe solamente a un cambio de preferencia política: en el transcurso de las últimas tres décadas, la sociedad mexicana ha cambiado radicalmente, y por ello, mucho del desprestigio de la prensa mexicana es bastante bien merecido. Para muchos editores se acabó ésa era de ensueño en la que bastaba con esperar al boletín oficial para determinar la nota principal del día siguiente. El público ha adquirido la capacidad de discernir entre la realidad oficial y los hechos que requieren de un tratamiento editorial trascendente. El tiempo y la realidad social les pasaron la factura a los que amasaron fortunas al amparo de la propaganda oficial.

El criterio de optimización de recursos en la prensa escrita no debe quedarse en un asunto de nóminas, número de páginas o secciones. Se requiere invertir en lo que amerita. El periodismo de investigación cuesta, y cuando es presentado con calidad e inteligencia editorial puede seguir siendo competitivo. La prensa escrita subsistirá por su valor documental, en una era en la que la digitalización ha volatilizado la información de una manera agresiva.  Pero eso implica retos qué hay que asumir de manera creativa.

El tiempo dirá si la determinación tomada por El Sol de Cuernavaca y El Sol de Cuautla fue la correcta. Pero al final del día, dicho asunto apunta a un hecho contundente: el periodismo impreso no puede seguir dormido en sus laureles. O le apuesta a una mayor calidad en su contenido o su viabilidad seguirá en riesgo. Cada día cuenta.

Durante la mayor parte del siglo pasado, la prensa escrita era sinónimo de gigantismo: en las principales ciudades del país es posible distinguir, por lo regular, las oficinas de los principales diarios de cada localidad: grandes edificios, muchas veces con vistosas fachadas o enormes marquesinas. Nombres grandilocuentes y como “La Esquina de la Información” o “Donde nace la noticia”.

¿Cuánto de ello subsistirá para la próxima década?

Twitter: @miguelisidro

 

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

  • Botellita de Jerez (México)

“Alármala de tos”

  • Piero (Argentina)

“Y todos los días”

  • M Clan (España)

“Los periódicos de mañana”

  • Don Henley (Estados Unidos)

“Dirty Laundry”

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).