Chistes políticos: El que se ríe, se lleva…

DE UN MUNDO RARO
Por Miguel Ángel Isidro

El sentido del humor es una de las características más peculiares de la cultura mexicana.

Constituye lugar común que los mexicanos somos capaces de reírnos hasta de la propia muerte; y una dinámica inevitable es que a cada episodio de la vida nacional, le siga una cadena de chistes y parodias de todo calibre. Y por supuesto, en la era de las redes sociales, México se ha significado como una suerte de líder mundial en el arte de los llamados “memes”.

Casi cualquier aspecto de la vida cotidiana es susceptible de ser tomado como fuente para algún chiste por los mexicanos. La sexualidad, la estupidez humana, los tópicos de moda… todo vale. Pero también el chiste tiene una connotación especial: funciona como una válvula de escape social, porque muchas veces se utiliza como una especie de venganza popular.

En ésta última modalidad existen diversas vertientes: el pobre que ridiculiza a los ricos (mucho antes del estúpido debate entre “chairos” y “fifís”, atizado desde el púlpito mañanero en Palacio Nacional), el mexicano que con astucia se impone frente al extranjero (y si es gringo, tanto mejor), y finalmente, el chiste político, donde el pueblo cobra revancha moral sobre los latrocinios cometidos por nuestra clase política, en efecto: nuestros nunca bien queridos Padrotes y Madrotas de la Patria.

No ha habido prácticamente ningún personaje histórico que se haya salvado de un chiste, aunque con el paso del tiempo algunos chascarrillos se van reciclando, cambiando personajes y circunstancias.

Algunos nunca pasan de moda, como aquel que dice : “¿Cómo acomodas a diez diputados en un vochito? Fácil: avientas un fajo de billetes y ellos solitos se arreglan estando adentro”.

Aún así, en estos tiempos de polarización, las sensibilidades están a flor de piel. El discurso sectario del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido el detonante de una nueva guerra retórica entre sus simpatizantes y sus críticos, que tiene su apoteosis en chistes y “memes” de todo calibre. El propio jefe del Ejecutivo, hábil comunicador, ha puesto la puntilla en múltiples ocasiones, particularmente con sus odiados rivales del Partido Acción Nacional (PAN), con los que tiene una obsesión casi enfermiza que ha transmitido como por ósmosis a sus seguidores, a grado tal que pareciera que el desastroso sexenio de Enrique Peña Nieto nunca hubiera ocurrido.

Con picardía, ha endosado motes casi imborrables a algunos personajes, como es el caso del ex candidato presidencial panista Ricardo Anaya, quien ya pasó a los anales del imaginario colectivo como “Ricky Riquín Canallín”, o el ex presidente Felipe Calderón, a quien denominó “Comandante Borolas”… apodo que de manera generalizada utilizan los seguidores de la 4T para referirse al michoacano.

Por supuesto que sobre AMLO, su gabinete, sus dichos, sus proyectos y acciones hay infinidad de chistes y apodos. Algunos sobrenombres han sido incluso adoptados de manera casi cariñosa por sus seguidores o por el propio López Obrador: cómo no recordar el spot donde Cuauhtémoc Blanco (otro Padrote de la Patria), presumía de su alianza electoral con “mi amigo El Peje”; o las derivaciones que ha tenido la chabacana afirmación del tabasqueño al usar la frase popular “me canso, ganso”. Combustible puro para el chiste, el retruécano y el albur.

Hay quienes consideran que los chistes sobre el presidente López Obrador son muchas veces injustos o crueles. En lo personal no lo creo tanto, aunque no deja de ser desagradable la cantidad de chascarrillos que circulan sobre la figura de su hijo menor, quien además de ser un niño, pues definitivamente no es funcionario ni figura pública. Pero así es ésta suerte de venganza popular: el chiste político es una guerra sin cuartel.

Un argumento recurrente cuando se critica alguna de las acciones del presidente o su gobierno por parte de sus seguidores aparece en forma de reproche, incluso cuando se hacen chistes: “Hasta parece que extrañas a las ratas del PRIAN”, recriminan los lopezobradoristas. En mi caso, mi respuesta es muy sencilla: lo que extraño es cuando nos podíamos burlar del presidente y nadie se encrespaba o buscaba quemarnos en leña verde.

Pero como esto no se trata de echarle limón a la herida, quisiera más bien repasar algunos chistes clásicos sobre diversos presidentes, como muestra de que la mofa sobre nuestro máximo líder político no es algo nuevo:

Sobre Porfirio Díaz:

-Dicen que cuando Don Porfirio llegó al cielo, Dios no se quiso levantar a recibirlo, porque en un descuido, le arrebata la silla y nunca se la devuelve.

Sobre Francisco I. Madero:

-A su entrada triunfal a la Ciudad de México, la multitud aclamaba al líder revolucionario con gritos de “¡Viva Madero!, ¡viva la Revolución!, ¡viva la democracia!”
⁃ Dos peladitos dialogan: “¿Qué chingaos es eso de la “democracia”?
⁃ Si serás maje: es la señorita que viene sentada junto al Presidente Madero”.

Sobre Venustiano Carranza, además de chistes había coplas populares. Como un verso modificado del corrido de “La Cucaracha”:

“Con las barbas de Carranza/ voy a hacer una toquilla/ pa’ ponerla en el sombrero/ del valiente Pancho Villa”

Sobre Álvaro Obregón, se decía que era el presidente que menos robaba, ya que al ser manco, el botín se reducía a la mitad.
Y precisamente, tras el asesinato de Obregón, entre los cómicos de carpa se puso de moda un chiste que nunca gustó a su sucesor, Plutarco Elías Calles:
-“¿Quien mató a Obregón?
-¡Cálle…se la boca!”

De los presidentes posrevolucionarios abundan chistes y apodos, como el caso de Adolfo Ruiz Cortínez, a quien apodaban “Ruín Codínez, por su fama de avaro, o el caso de Adolfo López Mateos, que tenía el mote de “López Paseos” por su afición a los viajes, o aquel chiste sobre lo que preguntaba todas las mañanas a su jefe de ayudantes, y que según los chismes del pópulo, resumía sus dos grandes aficiones: “¿Qué toca hoy? ¿Viaje o vieja?”.

Al ex presidente Díaz Ordaz siempre se le hicieron chistes y caricaturas acerca de la fealdad de su rostro; y de su sucesor, Luis Echeverría, se hacía mofa constante de su torpeza:

-Echeverría llama a acuerdo urgente a su secretario de Marina. En reunión privada, le pide que le mande a hacer un traje de buzo a la medida.
Desconcertado, el Almirante pregunta:
-“¿Para qué el traje, señor Presidente?
-Es que mi esposa dice que en el fondo no soy tan pendejo”…

Acerca de López Portillo circularon muchos chistes sobre su corrupción, su nepotismo, su desfachatez al imponer como secretaria de Turismo a su amasia (Rosa Luz Alegría), y el dramatismo con el que dijo que defendería al peso “como un perro”. Incluso hay uno que cuenta que tras tomar el poder, Miguel de la Madrid le llamó a su antecesor para hacerle un reclamo:

-“No la chingues, Pepe. En la caja fuerte de Los Pinos, ¡nomás dejaste mil pesos!
-Discúlpame, Miguel… ¡te juro que no los ví!”

De la Madrid fue tan gris que no dejó algún chiste memorable, acaso aquel que decía que sus iniciales (M.M.H.) en realidad resumían su legado: Muerte, Miseria y Hambre.

Carlos Salinas de Gortari ha sido por mucho tiempo el villano favorito de la mitología política nacional. Su calvicie, su baja estatura y su tono de voz han inspirado todo tipo de bromas. Va mi chiste favorito sobre Salinas:

Muere Carlos Salinas y pone al cielo y al infierno en un conflicto: nadie lo quiere con él. Al final, Dios y El Diablo alcanzan un arreglo: cada uno lo tendrá por 30 días alternadamente, para estar a salvo de sus triquiñuelas. Echan un volado y al Diablo le toca el primer mes.

Al día 28, Dios se pregunta que cómo le estará yendo al Diablo con su inquilino. Llama por teléfono y una voz femenina le contesta:

-“Infierno S.A., a sus órdenes…

-¿Qué clase de broma es ésta? ¡Comuníqueme con su patrón!- reclama Dios.

-El Licenciado Salinas no lo puede atender, pero con gusto puedo tomar su mensaje…”

Otro personaje curioso es Ernesto Zedillo, porque a pesar de las múltiples tragedias que ahora sabemos se gestaron durante su mandato, la venganza popular no lo tiene ubicado como blanco recurrente de chistes o apodos. Apenas recuerdo uno, bastante malo, por cierto:

-¿Sabe por qué a la familia Zedillo le llaman “La Familia Volkswagen”?
-Porque la mamá siempre anda de “Jetta”; los hijos son unos “Golfos” y el papá es un Vochito… cualquier tarado lo maneja a su gusto.

Sobre Vicente Fox recuerdo que un columnista lo llamaba “fenómeno de la Física”, por ser un “Alto Vacío”, o las múltiples bromas acerca de sus botas de charol o su actitud de marido mandilón hacia su esposa Martha Sahagún. Hasta hubo un comercial donde se parodió al guanajuatense lavando los trastes… claro, cuando ya había dejado el poder.

Sobre Felipe Calderón abundan también los chistes sobre su supuesta o real dipsomanía. Pero en sus tiempos se recicló un chiste viejo que decía que Los Pinos se parecía a la casa Pedro Domecq: “Porque cada vez les sale peor el Presidente”…

La torpeza verbal y frivolidad de Enrique Peña Nieto dio espacio a múltiples chistes: su matrimonio con Angélica Rivera (La Gaviota), la tristemente célebre Casa Blanca y su ignorancia al hablar en inglés -entre muchos otros tópicos- lo convirtieron en blanco de chistes cientos de veces. No, menos… millones de veces, quizá.

Dejaré hasta aquí este recuento de chistes políticos, en espera de recibir algunos cuantos de vuelta, porque al final del día, el mejor chiste sobre un político es el que más se comparte.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PÁRA LA LECTURA:

-Instituto Mexicano del Sonido (México)
“Político”

https://youtu.be/pgq4wTXQrz8

-Óscar Chávez (México)
“La Casita”

https://youtu.be/HhRo2WU7ZJU

-El Muertho de Tijuana (México)
“Vampiro Gay”

https://youtu.be/liE-ROpSvek

Sergio Arau & Los Heavy Mex
“Quiero ser Presidente”

https://youtu.be/T5qTl5Bjngk

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).