Mujeres y revolución: una reivindicación necesaria

Por Yaocihuatl Atenea / Fotografía: Diario Judío

 “(…)la revuelta seguía aposentada en la vacía plaza del mercado,

blanca, estivalmente desierta, y pensaba tranquila en

los suyos, a los que había parido, criado,

cuidado y protegido para lo mejor.”

Anna Seghers. La revuelta de los pescadores de Santa Bárbara

Hace algunos meses, a propósito del golpe de Estado en Bolivia, nuestro país se vio envuelto en una controversia en torno a la figura del asilo político, tradición progresista en favor de los extranjeros perseguidos por algún régimen político. Una discusión basada en la ignorancia y la cerrazón de la derecha mexicana más rancia. Por ello, conviene recordar –entre muchos otros de relevancia extraordinaria– al exilio germano-parlante que arribó a México en la década de los años 30 del siglo XX. Cargado de una pléyade de personalidades inolvidables, escritores y artistas, hicieron sobresalientes aportes a la cultura universal y dejaron en nuestro país una huella imborrable en el entendimiento intercultural entre Alemania y México.

Durante los años de ascenso del fascismo en Europa –principalmente en Alemania–, a nuestro país llegaron en exilio gran cantidad de alemanes, austriacos, checoslovacos, húngaros, franceses, suizos y, posteriormente, españoles destacados en los ámbitos intelectual, artístico, político, etc. que huían de la guerra y una muerte segura, sobre todo porque una buena parte de ellos eran comunistas o antifascistas. Al encontrarse en México con una prolífica vida intelectual y política y sobre todo con la posibilidad de organizarse políticamente con libertad, pronto nuestro país se convirtió en el principal lugar de llegada para los perseguidos germanos, principalmente para los extranjeros afiliados al Partido Comunista Alemán.

Figura fundamental de aquellos años, que permitió la posibilidad de este exilio, fue el cónsul mexicano Gilberto Bosques quien, pese a enormes desafíos, pudo enfrentarse al régimen nazi y conseguir el visado y la salida de miles de extranjeros que tuvieron como destino nuestro país. Como represalia del fascismo, Gilberto Bosques y su delegación fueron mantenidos prisioneros en un hotel de Bad Godesberg, Alemania, durante poco más de un año, desde donde Bosques continuó, con la poca posibilidad que tenía, ayudando a sus compatriotas y a otros extranjeros para llegar a nuestro país.

Durante su estancia en México, los extranjeros germanos exiliados construyeron importantes espacios para la discusión y la promoción de la cultura alemana. Fundaron editoriales y muchos de ellos, además, se integraron como académicos en las universidades públicas nacionales.

Entre muchos destacados intelectuales, en 1940 y después de un tormentoso viaje, llegó en barco una reconocida escritora comunista: Netty Reiling, mejor conocida por el seudónimo de Anna Seghers.

Anna Seghers nació en Maguncia en 1900, en el seno de una familia judía acomodada. Para su fecha de llegada a México, Seghers ya se había consolidado como una prestigiada escritora en Alemania y también como una renombrada comunista; por ello, el régimen fascista ordenó prohibir y destruir su obra literaria.

Anna Seghers debutó en la escritura con la extraordinaria novela La revuelta de los pescadores de Santa Bárbara, narración que le hizo merecedora del prestigiado premio Kleist en el año de su publicación, 1928. En ese mismo año, Seghers ingresó a las filas del Partido Comunista Alemán y a la Asociación de Escritores Proletario-Revolucionarios.

Desde los inicios de su obra, la revolución se convirtió en un tema recurrente en la narrativa de  Seghers. Sin embargo, sus obras enmarcan siempre derrotas. Cada narración de Seghers es una historia de abatimiento, no porque creyera que la clase obrera tiene como destino ser vencida, sino porque comprendía que con cada tropiezo la clase obrera se acerca más a su triunfo; creía en la máxima de que en política, ninguna derrota es definitiva y así lo plasmaba en sus narraciones. Si bien es cierto que sus personajes en cada historia culminan fracasados, también es cierto que obtienen siempre algo importante: empoderamiento, aprendizaje, experiencia, unidad, solidaridad, etcétera.

En su obra, Seghers exploró las más grandes cualidades de la humanidad y también sus mayores ruindades. Sus grandes obras novelísticas son producto del metódico estudio y comprensión de los procesos sociales que en su entorno se sucedían turbulentamente y, particularmente, de la comprensión de la lucha de clases.

En 1933, Anna Seghers, casada y con dos hijos, fue detenida en Alemania por el régimen nazi, poco después se vio forzada a huir a París, Francia. En 1934 realizó un viaje ilegal a Austria para documentar el levantamiento obrero que en esas fechas tenía lugar. A partir de estos hechos publicó en 1935 su novela Der Weg durch den Februar (El camino por febrero).

Con la invasión nazi a Francia, Anna Seghers y su familia se vieron obligados a huir nuevamente, ahora a México, pero antes de poder hacerlo Seghers tuvo que liberar a su esposo -el también comunista Lászlo Radványi- detenido en un campo de concentración en Francia, viajar a Marsella, conseguir una cita con el Cónsul mexicano Gilberto Bosques para obtener los visados de tránsito para ella y su familia que le permitieran dejar Francia, resolver una controversia con su nombre y, finalmente, embarcarse con rumbo al Puerto de Veracruz, en 1940. Con esta experiencia, Seghers publicó en 1944, ya en México, Transit (Visado de tránsito), una de sus novelas más importantes.

En 1942, en México, publicó su obra considerada cumbre Das siebte Kreuz (La séptima cruz) que el director Fred Zinnemann llevaría al cine en 1944, otorgándole a Seghers fama mundial. La historia resalta la fuerza del ser humando al resistirse a perder sus cualidades humanas fundamentales, tales como la solidaridad, la empatía y, sobre todo, la esperanza. De esta forma, al evadirse siete presos de un campo de concentración, sólo uno logrará sobrevivir, echando mano de las mejores cualidades humanas de sus conocidos y cuidándose de las peores bajezas que un individuo puede cometer.

En México, Anna Seghers formó parte de Freies Deutschland (Alemania Libre), un grupo de refugiados alemanes que se congregaron para continuar su lucha contra el fascismo. También fue fundadora y presidenta del Club Heinrich Heine, un espacio cultural amplio creado por los exiliados alemanes que buscaba acercar a más alemanes desterrados al Partido Comunista Alemán a partir de las artes. El Club Heinrich Heine fue muy importante para la cultura mexicana, pues entre los desterrados había enormes talentos de la música, literatura, artes plásticas, actuación, teatro y ciencia; desde el Club Heinrich Heine se promovieron conferencias, lectura de poemas, debates políticos, conferencias científicas, conciertos, obras de teatro, y lo mismo se presentaban en sindicatos obreros que en los teatros de Bellas Artes.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Anna Seghers decidió volver a Alemania. Así, la nostalgia por su patria, su cultura, y, fundamentalmente, su lengua, la llevó a partir de nuestro país en 1947. Al llegar a Alemania pretendió instalarse en la parte Occidental, sin embargo, en medio de la Guerra Fría, su posición de comunista la mantuvo en constante tensión, situación por la que decidió trasladarse a la zona Oriental.

Con la creación de la República Democrática de Alemania (RDA), Anna Seghers desempeñó diversos cargos en la administración pública, además de recibir los más importantes premios literarios; mientras tanto, en la República Federal Alemana, Seghers fue condenada al olvido debido a su condición de comunista.

Seghers se mantuvo congruente con su posición política hasta la muerte. Nunca se posicionó en contra de la Unión Soviética o de Iósif Stalin, situación que llevó a que su obra fuese menospreciada en occidente, pretendiendo incluso negar sus enormes aportes literarios.

En sus escritos aparecieron siempre las disertaciones entre la imposibilidad de llevar una vida privada fuera de una vida política; es decir, siempre se manifestó por un ser humano político, que no puede ser “neutral” frente a un entorno social y político que le rodea y, muchas veces, le aplasta.

Ana Seghers dejó un profundo y enorme legado literario y humanístico que debe ser rescatado. La profundidad de sus textos deben ser recuperados en un momento histórico en que la humanidad se hunde en el horror, la banalidad y el individualismo.

En la novela de La Séptima Cruz, siete presos de un campo de concentración Nazi logran escapar. El comandante encargado de la infame prisión ordenó colocar siete cruces por cada uno de los presos y desatar una persecución inmisericorde. Cada preso capturado y asesinado era colocado en cada una de las cruces. El último de los fugitivos, un sindicalista comunista, logró eludir la cacería con la solidaridad de amigos y desconocidos. La séptima cruz quedó vacía, pero se erigió como monumento de las mejores virtudes del ser humano… Así fue Anna, una séptima cruz que siempre resumió las virtudes más encomiables del género humano: la mujer de la cruz antifascista.

 

Y.A.- Mujeres y Revolución, es una serie de artículos desde los cuales se busca reivindicar la figura de grandes mujeres que han participado de manera preponderante en procesos de lucha revolucionaria y cuya labor ha quedado injustamente relegada en la historia.

Considero necesario destacar el papel que cada una de ellas ha tenido en importantes batallas por la emancipación de la clase obrera y la sociedad en su conjunto, no sólo como acompañantes sino como destacadas protagonistas en la lucha de clases.

 Con esta serie también se pretende reafirmar la siguiente tesis: «Cualquiera que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la decidida participación de las mujeres».

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