The American Mexico: la frontera como escape de la justicia

Por José Luis Enríquez Guzmán

Los medios de comunicación juegan un papel importante en la construcción de imágenes de la otredad. Estas imágenes pueden influir desde la forma de relacionarse con la otredad; por ejemplo, pueden afectar el turismo o las inversiones. No obstante, estas imágenes de la otredad generan una actitud frente a esta, con resultados que fluctúan entre una cooperación bilateral positiva o una relación negativa basada en estereotipos racistas.

Uno de los principales medios de comunicación del siglo XX donde se ha representado una imagen de la otredad es la música. A través de este medio, los compositores e intérpretes de las canciones que se analizarán a continuación pintan la frontera de distintas maneras, pero arraigados a las características que se dieron en el capítulo anterior.

Los temas musicales aquí presentados comparten características en común, aun cuando para este trabajo se dividieron en ejes temáticos. El primer elemento que comparten es la imagen de México como una fiesta permanente, es decir, que la algarabía y el festejo son la esencia de la narración del “viajero” al país vecino. A partir de aquí se hará referencia al “viajero” como el individuo que narra su travesía en México; en este caso, el “viajero” es el cantante y/o compositor. El segundo elemento es la presencia de un romance fugaz con una “mexican señorita”, que llega a ser el eje de la narración del viajero. Por último, la característica que generó la división temática: el viaje a México es un escape, ya sea de la justicia, de la cotidianidad o de las malas rachas. Este elemento está prácticamente presente en todas las canciones, y es el generador que rige los estereotipos sobre México.

Escape de la justicia

En esta categoría se analizarán dos polos del escape de la justicia; por un lado, huir de ella, como se presenta en “Cocaine Blues” de Johnny Cash, y encararla tarde o temprano, en el caso de “El Paso” de Marty Robbins.

La primera canción habla de un hombre que es juzgado por haber asesinado a su mujer; este individuo, después de haber cometido el crimen, escapa a Ciudad Juárez, Chihuahua. En esta canción, la ciudad fronteriza es refugio para el criminal porque, primero, es una jurisdicción diferente y, segundo, porque confía en que las autoridades de Ciudad Juárez no lo atraparán. La frontera es una zona de resguardo alejada de la ley. Finalmente, el personaje es capturado por las autoridades estadounidenses y juzgado.

Es pertinente hacer una pregunta: ¿en verdad Ciudad Juárez era un lugar digno de albergar fugitivos de la justicia? Para la década de 1950, cuando la canción fue escrita, Ciudad Juárez era la ciudad fronteriza más poblada, con 139 000 habitantes, producto de la industrialización de la zona que atrajo a la población de otras partes del país. La idea de Ciudad Juárez como un lugar con impunidad no puede ser comprobada del todo ante la ausencia de datos estadísticos específicos de la región, pero se cuenta con datos a nivel nacional que demuestran que la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes disminuye de 48.09 en 1950 a 33.21 en 1959, lo que no puede hablar de un sistema de justicia ineficaz, ni de un lugar digno de ser el refugio de los bandoleros. Lejos habían quedado ya los tiempos en los que la frontera se había empezado a poblar gracias a colonos, bandoleros, inmigrantes y cowboys; lejos estaba la frontera donde se podía burlar la Ley de Prohibición.

Por otro lado, Marty Robbins cuenta la historia de un joven vaquero que se enamora de una joven mexicana en una cantina de la ciudad fronteriza de El Paso, Texas. Sin embargo, otro vaquero trata de conquistar a la mujer de la que se ha enamorado, y, segado por el amor, lo asesina. Cabe resaltar que este personaje no cruza la frontera para huir, sino que se dirige hacia Nuevo México, al que denomina “badlands”, un territorio desértico, difícil de cultivar y solitario, donde no hay ley. De la misma manera que Robbins ve a Nuevo México, Johnny Cash ve Ciudad Juárez, aun cuando representa todo lo contrario. Finalmente, aunque no cruza la frontera, usa esas “badlands”  como refugio para escapar de la justicia. Hay una afirmación de los valores que representa su sociedad, más bien, una continuidad, ya que decide enfrentar a la justicia regresando a El Paso.

Cruzar el umbral para escapar de la justicia es un sinónimo de considerar ineficaces a las autoridades del otro lado de la frontera. Además, esta huida está basada en imágenes erróneas de las ciudades fronterizas que datan de los años previos a la industrialización de la zona, llegándolas a considerar como territorios vacíos y solitarios alejados de la justicia.

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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