Buitres

Cartas desde México
Por Adriana Esthela Flores / Imagen: Sofía Weidner

Le pido recordar este nuevo nombre inscrito en el panorama de la violencia feminicida en México: Ingrid Escamilla Vargas.

Ingrid Escamilla Vargas

Ingrid Escamilla Vargas

Ella se suma a muchas otras víctimas del machismo:  Cristina Vázquez Chavarría, Fátima Varinia Quintana Gutiérrez, Aideé Mendoza, Jennifer Sánchez, Graciela y Sol Sifuentes, Abril Pérez Sagaón, Mariana Lima Buendía, Alicia Díaz González y miles más que han muerto a consecuencia del odio contra nosotras, de la impunidad en el sistema judicial (solo 1 de cada 5 asesinatos de mujeres en los últimos cuatro años y medio fueron investigados como posibles feminicidios, reveló un trabajo de Itxaro Arteta y Arturo Ángel para el portal Animal Político). Pero en este mapa de violencia feminicida forma parte un componente esencial: el apetito amarillista de buena parte de los medios de comunicación que, en su afán de sacar el mayor jugo posible a las historias para vender ejemplares, ganar  puntos de rating o aumentar los clics en sus portales, vuelven a matar a las mujeres publicando el último trozo de identidad que sus depredadores les dejaron: la fotografía de sus cadáveres.

A pesar de los esfuerzos de muchas activistas, organizaciones y el mismo trabajo de las víctimas,  la prensa “tradicional” (donde las agresiones también parecen ser tradición) sigue ignorando el llamado a frenar la violencia machista.

La cadena inicia desde las mismas agendas noticiosas, donde las coberturas sobre mujeres se realizan con base en hechos de coyuntura (feminicidios de alto impacto, marchas feministas, días internacionales –con las odiosas felicitaciones a las compañeras, como si fueran días felices) y no como un asunto cotidiano. Continúa por las jefaturas de información, donde se tolera que el término “feminazis” sea usado para burlarse de las marchas o de cualquier otra acción atribuida a “feministas radicales”.

Avanza en las mismas redacciones, donde las compañeras caminan rotas, soportando en silencio las lesiones físicas y psicológicas de una violación,  el miedo constante ante un acosador que amenaza con revelar imágenes íntimas o el impacto de ver el reportaje de la familiar asesinada por dos vecinos que la robaron y estrangularon.

Y encuentra una de sus peores huellas al momento en que se anuncia la noticia a la que le seguirán insoportables imágenes: “Así encontraron a Ingrid….Vea cómo estaba el cuerpo de Cristina…” y asistimos entonces a un espectáculo que inició cuando un servidor público (bombero, perito, policía o asistente) tomó una fotografía que luego filtró a un reportero, un diario o un portal de nota roja. Entonces, a la víctima de feminicidio se le inicia un nuevo camino de ultrajes, donde su muerte será multiplicada en decenas de redes sociales y –el colmo- habrá reporteros que se la adueñen colocando la marca de su nombre a las fotografías, como si la imagen de una mujer asesinada fuera un triunfo periodístico.

Urge entre medios y periodistas un viraje radical en la cobertura de la violencia machista en este país donde once mujeres son asesinadas cada día. Urge también que el gobierno federal, empezando por el presidente Andrés Manuel López Obrador, se pronuncie y actúe.

Por lo pronto, se puede mostrar a las víctimas de una manera completamente distinta a la brutalidad de verlas desolladas: vivas, como las queremos. (Yo me quedo con la imagen de la ilustradora Sofía Weidner, que reproduzco con su autorización). Y también se puede seguirlas nombrando hasta que encuentren justicia:

Ingrid Escamilla Vargas

Fátima Varinia Quintana Gutiérrez

Aideé Mendoza

Jennifer Sánchez

Graciela y Sol Sifuentes

Abril Pérez Sagaón

Mariana Lima Buendía

Lesvy Berlín Osorio

Alicia Díaz González

Nos vemos la próxima semana, con café y poesía.

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).