La historia del “falso Chapo”

DE UN MUNDO RARO
Por Miguel Ángel Isidro

Este 22 de febrero se cumplen seis años de la segunda detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, entonces líder del Cártel de Sinaloa.

La noticia, que fue primero revelada por trascendidos de medios extranjeros, fue posteriormente confirmada en tono institucional por el entonces presidente Enrique Peña Nieto con un mensaje en su cuenta de Twitter: “Reconozco la labor de las instituciones de seguridad del Estado mexicano, para lograr la aprehensión de Joaquín Guzmán Loera en Mazatlán”

Como es sabido, al gobierno federal le duró poco el gusto de haber echado el guante encima al capo bautizado en aquel tiempo por la prensa estadounidense como “el Osama Bin Laden mexicano”: poco menos de año y medio después, el 11 de julio de 2015, “El Chapo” se fugó del Penal del Altiplano usando un túnel de 1.5 kilómetros de largo.

Después de cinco meses de búsqueda, Guzmán Loera fue reaprehendido por tercera y última vez el 8 de enero de 2016 en Los Mochis, Sinaloa, en un operativo conjunto de elementos de élite de la Secretaría de Marina y la Policía Federal.

Muchas páginas se han escrito a partir de estos episodios, tanto por la apresurada extradición del capo a los Estados Unidos como por la celebración del llamado “Juicio del Siglo”, realizado en una corte de Nueva York, que sentenció al “Chapo” a cadena perpetua, que actualmente cumple en una prisión de alta seguridad del vecino país.

Las implicaciones de este caso aún no terminan: falta por ver lo que derivará del proceso judicial del ex secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, precisamente implicado en protección a organizaciones crimínales mexicanas en base a testimonios presentados durante el juicio al propio “Chapo” Guzmán.

Adicionalmente, porque acontecimientos relacionados con descendientes de Guzmán Loera han dado evidencia de que el Cártel de Sinaloa continúa manteniendo poderío: primero, con la detención y casi inmediata liberación de su hijo Ovidio, en octubre del año pasado; y hace algunas semanas, con la celebración de la boda de una de sus hijas en plena catedral de Culiacán, bajo un operativo de hombres armados que prácticamente paralizó a la ciudad.

Sin embargo, la efeméride a la que hacemos referencia nos lleva a recordar un episodio suscitado en torno a la segunda aprehensión del capo sinaloense.

De manera independiente a la amplitud de matices que ofrece un personaje tan complejo, el procedimiento mismo de su detención y las implicaciones sociales y mediáticas de la misma dan mucho material de análisis, especialmente en el terreno de la comunicación, que es del que nos seguiremos ocupando.

Hagamos remembranza:

En ese febrero de 2014, apenas unas horas después de trascendida la noticia del aseguramiento del jefe del Cártel de Sinaloa en un condominio de lujo en Mazatlán, comenzaron a tejerse diversas versiones sobre los hechos. Muchas de ellas apuntando a una presunta participación de elementos de corporaciones norteamericanas en el operativo; otras refiriendo a la utilización de aeronaves no tripuladas (“drones”) en los trabajos de inteligencia que permitieron la recaptura del capo, y una más que paulatinamente fue cobrando fuerza, principalmente en las redes sociales: que las autoridades mexicanas habían detenido a un inocente al que habrían querido hacer pasar por el hombre fugado del Penal de Puente Grande en enero de 2001, utilizándolo como chivo expiatorio.

Estas versiones hacían referencia al caso de una persona identificada como Gregorio Chávez, un hombre que habría sido detenido días previos al anuncio oficial de la captura del “Chapo” por agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), y que de acuerdo a declaraciones de su esposa (“Lorena”), habría recibido un ofrecimiento de dinero para prestarse a la simulación, situación a la que se habría negado, y que habría derivado en su secuestro por parte de las autoridades para armar todo un teatro en torno a la presuntamente falsa detención de uno de los delincuentes más buscados del planeta.

El día 25 de ese mismo mes, el periódico El Universal publicó un trabajo de análisis en torno al origen de ese trascendido. El texto refiere que la fuente de esa nota, que fue replicada miles de veces en portales de internet y redes sociales, fue una página web denominada “huzlers.com” (aún vigente), que en su propia presentación advierte que sus contenidos están conformados por una mezcla de noticias reales, rumores o “leyendas urbanas” y noticias de sátira, como una estrategia para mantener escépticos a sus lectores. “Es decir, el sitio no miente, y avisa que lo que se lee en su página puede ser mera ficción”, refirió el análisis de El Universal.

Recuerdo que en esos días, publiqué una columna sobre el tema, reportando lo observado en visita rápida dicho portal, como referencia a la naturaleza de su contenido. Ese día (26 de febrero de 2014), el citado sitio de internet presentaba notas con titulares tales como “Los Broncos de Denver y los Halcones Marinos de Seattle fumaron marihuana durante el Super Bowl”, “Mujer sentenciada a cadena perpetua por nunca devolver un DVD rentado”, “Hombre de Chicago vende su auto para comprar un par de zapatos Nike”, “Joaquín El Chapo Guzmán escapa de la prisión de las Islas Marías” o “Adolescente arrestado por matar a su hermano al pelear por el video juego Flappy Bird” y asuntos por el estilo.

“Lo extraordinario es que, a pesar de la aclaración, la nota brincó de un sitio a otro, y no obstante los desmentidos constantes, aún hay personas en redes sociales que la dan por buena y aseguran que ésta publicación es la evidencia del teatro montado por el gobierno”, sentenció en aquel entonces el análisis de El Universal.

En descargo de los ingenuos cibernautas y twitteros que compraron ese borrego, podríamos decir que el gobierno mexicano tiene una merecida reputación como fabricante de delincuentes de a mentiras y exoneración de verdaderos criminales.

Nos basta con recordar dos casos:

-Primero, el tristemente célebre montaje del ex fiscal Pablo Chapa Bezanilla, quien tuvo a su cargo las investigaciones sobre el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu al inicio del gobierno de Ernesto Zedillo. El ex fiscal presentó toda una historia que involucraba una fosa, una osamenta y hasta la contratación de una supuesta vidente, Francisca Zetina (“La Paca”), para tratar de esclarecer el paradero del diputado tamaulipeco Manuel Muñoz Rocha, presunto autor intelectual del homicidio del frustrado coordinador del PRI en la Cámara de diputados. Los hechos derrumbaron esta cadena de fabricaciones y falsedades, y la justicia mexicana enfrentó una de sus más negras etapas de desprestigio.

Cabe mencionar que curiosamente, salvo algunos materiales periodísticos, la información sobre Pablo Chapa es relativamente poca en internet; de hecho no hay perfiles ni fotos recientes del ex fiscal, incluso en Wikipedia.

Como se recordará, el frustrado investigador pagó su culpa con unos cuantos meses de cárcel, y de ahí pasó al anonimato. Por cierto, de este episodio lamentable, el imaginario colectivo sigue culpando a los hermanos Salinas de Gortari -quienes por supuesto que no son ningunas hermanas de la caridad-, pero en términos reales, durante ese vergonzoso episodio, el presidente de la República era el presunto priista Ernesto Zedillo Ponce de León y el Procurador General de la República era el panista Antonio Lozano Gracia.

– El segundo ejemplo de la vulnerabilidad que padece la justicia mexicana ante la opinión pública, es el de la exoneración y liberación exprés de Rafael Caro Quintero, el 9 de agosto de 2013.

Caro Quintero es un personaje icónico de la historia de la narco cultura moderna en México. Si bien se han enarbolado todo tipo de argumentos jurídicos para tratar de justificar el hecho de que a pesar de sus antecedentes, Caro Quintero tenía derecho, como cualquier mexicano, a una adecuada procuración de justicia, lo cierto es que hubo evidentes torpezas en el manejo legal, político y mediático del asunto.

Prueba de ello es que casi de manera inmediata a su liberación, el hombre que por primera vez le dio rostro e imagen pública a las mafias de la droga en México, desapareció sin dejar rastro.

El gobierno de Estados Unidos recriminó por vías diplomáticas y legales la liberación de Caro, y no son pocos los analistas que consideran que la presión que Washington generó sobre este caso, fue el detonante de que el gobierno de Enrique Peña Nieto redoblara esfuerzos por capturar al Chapo Guzmán.

Independientemente a las implicaciones legales del caso, la liberación de Caro Quintero careció evidentemente de un adecuado manejo mediático por parte del gobierno federal, situación que acrecentó el escepticismo de un importante segmento de los núcleos informados de la sociedad tanto en México como en el exterior.

Cabe recordar que el 16 de enero de 2015, Rafael Caro Quintero fue declarado nuevamente culpable del homicidio del agente norteamericano Enrique Camarena Salazar, siendo nuevamente catalogado en la categoría de prófugo de la justicia. El gobierno norteamericano mantiene una recompensa de 20 millones de dólares por su captura.

Como podemos apreciar, la mula, evidentemente, no era arisca…

Finalmente, el tiempo , la posterior recaptura y la acelerada extradición del “Chapo” Guzmán” disiparon las especulaciones y leyendas urbanas en torno al caso. La evidente presión e interés de Washington en el aseguramiento del Hombre de Badiraguato haría sumamente riesgosa e ilógica la posibilidad de que se tratase de cubrir la asignatura con un montaje. Pero queda para la reflexión la vorágine informativa que se puede generar ante un rumor.

Estamos inmersos en la era de las comunicaciones digitales y la información. Esto implica una modificación sustancial en los procesos sociales que dan lugar a la construcción de la opinión y la imagen públicas. Esto sin duda implica nuevas y más complejas responsabilidades para distintos actores sociales: el gobierno, los aparatos de inteligencia y seguridad y por supuesto los medios de comunicación.

El reto es enorme, pero a la vez común: es imperativo transformar la era de la información en la era de los ciudadanos. Y construir ciudadanía no es una responsabilidad única ni prerrogativa de quienes detentan el poder. De lo contrario, el consumo masivo de información sólo derivará en mayor desconfianza, inestabilidad y anarquía.

Hay mucho qué analizar en esta materia.

Por lo pronto, seguiremos sobreviviendo en la jungla diaria de las teorías conspirativas, la paranoia cibernética y las “fake news”.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

Systema Solar (Colombia)
“¿Quién es el patrón?”

https://youtu.be/UYuEJLr1vzo

Chancho en Piedra
“El Impostor”

https://youtu.be/WypSnrytBEI

-Cartel de Santa (México)
“Si te vienen a contar”

https://youtu.be/85VzeLTd-6c

-Los amigos Invisibles (Venezuela)
“Mentiras”

https://youtu.be/6g-qZIktAtc

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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