El miedo

Por Paola Licea Cejudo

Parece qué ser mujer en México simplemente es incorrecto. No existe forma alguna en la que, siendo mujer, podamos ganar. Si nos violan es porque nos vestimos provocativamente, si nos secuestran es porque salimos a deshoras, si nos golpean es porque hicimos algo para merecerlo, si nuestra hija de siete años es raptada, brutalmente torturada, violada y asesinada, es porque no supimos ser buenas madres. En México, no hay forma alguna en la que, siendo mujer, ganes.

Este patrón se repite cada vez que sucede un atentado contra las mujeres mexicanas, esto aunado a las ineficientes políticas pública, incapaces de garantizar la seguridad de sus ciudadanas, da como resultado pánico entre la población femenina. El miedo se ha convertido en el mejor aliado, no sólo del feminicida, también del Estado, que espera quitarse de encima cualquier responsabilidad y más allá de eso, le da la ocasión perfecta de disciplinarnos a través de él.

Frases como: “la culpa es del neoliberalismo” o “no me pinten las paredes, trabajamos para evitar los feminicidios” dan pauta a pensar que el miedo es el mecanismo de represión y control que el Estado perpetúa, a través de la impunidad y la ineficiencia de sus políticas públicas, para mantener a las mexicanas, como dicen por ahí, a raya.

Parecieran tener un acuerdo silencioso, por una parte, el Estado, al dejar impunemente libres a los feminicidas y por otro lado los feminicidas que hacen lo que hacen, simplemente porque “pueden”. Entre tanto, nosotras hundidas en el más profundo miedo, evitando salir a la calle, de ser posible, vistiendo con recato, acatando las órdenes disciplinarias que nuestros victimarios nos imponen.

El miedo crea mujeres inseguras, mujeres que no quieren levantar la voz ni las manos, mujeres que esperan ser invisibles, pasar desapercibidas para poder regresar vivas a sus hogares. Sin embargo, es un círculo vicioso que debe romperse en el más vulnerable de sus límites. Este no es momento de tener miedo, es momento de quedarse en la lucha, por todas las Fátimas de México no cedamos bajo el yugo opresor del miedo, recordemos qué, el miedo, siempre tiene dos caras.

En este sentido tendríamos que estarnos cuestionando ¿para quién es conveniente el pánico?

 

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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