Trump: El odio como herramienta

DE UN MUNDO RARO
Por Miguel Ángel Isidro

El pasado 14 de febrero, a través de su red social favorita, Twitter, el presidente de los Estados Unidos hizo una sorpresiva defensa del precandidato demócrata Bernie Sanders.

En su habitual tono sarcástico, el mandatario norteamericano acusó-sin dar mayores elementos- al ala dura del Partido Demócrata de intentar “robarle” a Sanders la nominación presidencial.

“Le está sucediendo nuevamente a Loco Bernie, al igual que la última vez, solo que mucho más obvio”, twitteó Trump el Día de San Valentín. “Le están quitando la nominación demócrata, y hay muy poco que pueda hacer. ¡Un sistema rígido!”, agregó el multimillonario.

En sus primeros escarceos, el proceso interno del Partido Demócrata en los Estados Unidos ha tomado derroteros inesperados. El incansable luchador social demócrata Bernie Sanders, auto calificado como un “socialista democrático” está por primera vez encabezando con notoriedad las preferencias rumbo a la nominación de candidato presidencial para las elecciones programadas para noviembre del presente año.

En 2016, Sanders fue superado por la ex Primera Dama norteamericana Hillary Clinton, quien a su vez fue derrotada de manera sorprendente por el estrambótico multimillonario Donald Trump.

Existe verdadera expectativa en torno a la posibilidad de que otro de los contendientes del proceso interno demócrata, el también multimillonario Mike Bloomberg, pueda dar el campanazo y repuntar en las preferencias, cosa que hasta el momento no ha ocurrido.

Hay quienes consideran que un contrincante como Bloomberg, con su poderío financiero -su fortuna es 10 veces más grande que la de Trump- tendría mayores posibilidades de éxito frente a la iniciativa reeleccionista del magnate de los bienes raíces.

En 2016, tuve la oportunidad de tomar un curso de inglés como segunda lengua (ESL) en la Escuela para Adultos de Berkeley. El alumnado es de ciudadanos provenientes de muchos países del mundo: africanos, chinos, algunos europeos y latinos de diverso origen: brasileños, mexicanos, argentinos, etcétera.

La profesora titular del curso, Cheryl Woolery, es una mujer representativa de la clase media norteamericana del norte de California; profesionista con un empleo promedio, afrontando los retos cotidianos de vivir en una de las zonas con el costo de vida más caro del mundo.

El día de la elección presidencial de 2016, monitoreábamos a través de internet el desarrollo del proceso y estábamos en espera de las famosas “exit polls”. La profesora Woolery, simpatizante del denominado Partido Verde -una organización con ideología ecologista y de izquierda, que eventualmente ha apoyado candidatos presidenciales independientes-, confesó que veía el proceso con cierto escepticismo:

“Los simpatizantes del Partido Verde decidimos apoyar a Bernie Sanders, porque la actuación de Hillary Clinton como secretaria de Estado chocó completamente con nuestra agenda”, recordaba. Sin embargo, la postulación de Clinton le pareció muy lógica con el estado de ánimo de los sectores progresistas estadounidenses.

“Honestamente no creo que que un hombre como Bernie Sanders pueda ser candidato, y menos llegar a la Presidencia. Es demasiado liberal. Pero las demás opciones no eran dignas de elogio”, confesó la docente.

No puedo describir con palabras sencillas la expresión de nuestra profesora de inglés cuando se enteró de la victoria de Donald Trump. Veía la imagen proyectada en uno de los muros del salón de clases con los ojos desmesuradamente abiertos; monitoreaba desde su celular las redes sociales y algunos portales de noticias. “¡Ésto no puede estar pasando!”, exclamó notoriamente desconcertada.

Claro que el sistema electoral norteamericano y su sistema de conteo de votos merece un análisis por separado; pero ahora, cuatro años más tarde, nos enfrentamos a la abierta posibilidad de que Donald Trump se reelija sin problemas para un segundo periodo en la Casa Blanca.

A pesar de su polémico estilo y de algunos tropiezos, las aspiraciones reeleccionistas de Trump han avanzado en forma sorprendente.

Y no sólo por que haya sido exonerado de un juicio político en su contra. Su discurso incendiario, xenófobo y ultranacionalista ha despertado un auténtico furor en los sectores más reaccionarios del país más poderoso del mundo.

Y es que el odio, sumado a la ignorancia y al miedo, conforman una herramienta propagandística eficaz.
Lo cierto es que la respuesta del ala más conservadora del Partido Republicano al provocativo parloteo del magnate de los bienes raíces, pone en evidencia la crisis de liderazgos que enfrenta el vecino país en pleno año electoral. Los republicanos lucen empoderados, a pesar de no ser mayoría absoluta.

Pero este ambiente no es algo fortuito.

Hay que recordar que su ascenso a la Casa Blanca, el ahora ex presidente Barack Obama sedujo a las masas con un discurso sensible, incluyente y enfocado en la esperanza como elemento de motivación.

Sin embargo, a lo largo de su mandato, el primer presidente de origen afroamericano enfrentó una atroz resistencia a su proyecto de gobierno en los frentes legislativos. Su imagen pasó del esperanzador “Yes, we can” de los tiempos de campañas, a un deslucido “Yes, we try” con el que cerró su paso por la presidencia.

Y efectivamente, el entorno social de la contienda presidencial 2020 es radicalmente distinto al que arropó la campaña de Obama en el 2008.

En su momento, el equipo demócrata demostró una gran efectividad en el aprovechamiento de la internet como un nuevo elemento de comunicación política; supo construir los mensajes adecuados para movilizar a los electores desde las nacientes redes sociales.

En la actualidad, la evolución de las comunicaciones cibernéticas han dejado de lado el espacio de lo políticamente correcto. Internet y redes sociales se han convertido en un campo de batalla donde prevalece lo anticonvencional, lo políticamente incorrecto y los mensajes alejados de los formalismos. Si bien las corrientes progresistas han sabido desarrollar importantes campañas desde el ciberespacio, la derecha también ha tenido tiempo suficiente para entender el juego y meterse a la competencia.

El reto ya no es a cuántas personas puede llegar el mensaje, sino a cuántas personas se puede manipular con el mismo discurso colocado en distintos contextos. Los críticos de Trump lo han llevado a una posición privilegiada al multiplicar gratuitamente sus frenéticos mensajes.

Y es en este marco que hace sentido la supuesta “defensa” de Donald Trump al veterano luchador Bernie Sanders: el actual Presidente busca un oponente a la medida de las múltiples fobias de sus seguidores.

Al parecer, los demócratas llegarán a las elecciones presidenciales de noviembre el natural desgaste que implica una contienda interna como partido “fuera del poder”. Y lamentablemente han exhibido una monumental torpeza en el manejo de su proceso interno. Los aspirantes demócratas parecieran estar más enemistados entre sí que urgidos de sacar a Trump de la Casa Blanca.

La esperpéntica campaña que Donald Trump ha emprendido desde la Presidencia pone en evidencia que los añejos miedos, odios y frustraciones de la derecha norteamericana dormitaban como una bestia recluída en el fondo de una cueva, a la que un certero chispazo despertó de manera repentina para desgracia del orbe entero.

El enemigo es real, tiene poder, y está al acecho para evitar que le arrebaten el trono.

Veremos y comentaremos.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

-Prophets of Rage (Estados Unidos)
“Hail to the chief”

https://youtu.be/asP2BHnyUTo

Childish Gambino (Estados Unidos)
“This is America”

https://youtu.be/VYOjWnS4cMY

DJ Shadow (Estados Unidos)
“Nobody Speak”

https://youtu.be/NUC2EQvdzmY

-Franz Ferdinand (Escocia)
“Demagogue”

https://youtu.be/niJtpcgtUQs

-Prophets of Rage – Hail to the chief

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).