♯ YO SI TE CREO

PIDO LA PALABRA

Involucramientos y diversidades

Por Vica Rule / Imágenes Fernanda López

Para hablar de la actual ola de feminismo lo hacemos desde una mirada de la coyuntura actual marcada por la celebración de este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, en la Ciudad de México y en la celebración del primer paro feminista en nuestro país, al cual se ha sumado un amplio espectro de los feminismos movilizados: desde la mujeres zapatistas convocadas en el Monumento a la Revolución esta mañana, las feministas de los movimientos sociales y los feminismos separatistas y de Estado.

El enfoque de la coyuntura requiere, necesariamente, un marco histórico mínimo porque desde el caso Mara Castillo, del estado de Puebla, en la marcha llevada en la Ciudad de México el 17 de septiembre del 2017, se había convocado a una primera acción feminista nacional pero dos días después se atravesó la desgracia  del 19 S. Nadie deparó en el hecho de que ese evento suspendía la convocatoria. En esa marcha se dio el incidente separatista contra un conocido periodista, más allá de la polémica del suceso, hay que entender que en la historia nacional de los feminismos en México la tendencia separatista, con todo lo que implica de clasismo, racismo y esencialismo ha estado presente desde el inicio.

Pioneras del feminismo: “Almas rojas”

Basta recordar que dentro de las bases de la Convocatoria del Primer Congreso Feminista en México en 1916 en su criterio de participación establecía un filtro social: “l. Al Congreso Feminista podrán asistir todas las mujeres honradas de Yucatán, que posean cuando menos los conocimientos primarios.” Se decía en la convocatoria firmada por el entonces gobernador de Yucatán, Samuel Alvarado. Para la época la instrucción mínima se refería a saber leer y escribir lo que dejaba fuera de la participación a la mayoría de las mujeres de las clases populares y trabajadoras. En esa línea histórica la aparición de un bloque feminista separatista e institucional, principalmente sufragista, nunca inhibió el desarrollo de otro bloque histórico de un feminismo social que abarcó a luchadoras comunitarias, trabajadoras de las distintas industrias mexicanas y de la participación de mujeres criticas feministas  provenientes de las  clases medias emergentes.

82410663_2733259710099123_329901402987954176_o

Ese bloque feminista histórico tuvo una multiplicidad de rostros y expresiones organizativas casi todas, dentro del marco del desarrollo capitalista en México y del agotamiento de ese capitalismo de bayoneta calada. El Estado Mexicano otorgó la posibilidad de votar a la mujer en 1955 no obstante, las trabajadoras mexicanas llevaron a lo largo del siglo pasado un despliegue organizativo en defensa de conquistas y derechos laborales. Una de esas primeras huelgas fue en septiembre del 1913 con las trabajadoras del Palacio de Hierro que irradió esa protesta laboral a los obreros de la misma empresa.

En la primera mitad del siglo veinte la organización feminista de las trabajadoras llevó a cabo acciones reivindicativas, sobre todo, en la defensa de sus derechos sociales. Para el resto del siglo  la participación de las mujeres incorporó a las nuevas clases medias urbanas; el movimiento de las batas blancas o médicos de 1965 incluyó la movilización masiva de miles de enfermeras, las imágenes de archivo así lo muestran mientras las historiografías las desconocen. En el movimiento estudiantil y popular de 1968 la participación de las mujeres fue masiva, sin embargo, en ambos movimientos faltó una mayor participación de la mujer en espacios de decisión y representación. Una excepción a ello lo fue Roberta Avendaño, la famosa Tita, presa política del 68.

En la década de los setentas muchas mujeres se integran a las acciones de la insurgencia urbanas. El libro Guerrilleras (2015) de María de la Luz Aguilar Terrés, es una hermosa antología que reúne testimonios de primera mano de mujeres sobrevivientes a la llamada guerra sucia de la década de los setentas. Ese libro es un valioso documento para entender la lucha de estas mujeres, en muchos casos desaparecidas o ejecutadas extra judicialmente. Ya en los ochentas las mujeres irrumpieron en las brigadas de rescate, en la acciones colectivas a raíz del temblor del 19 Septiembre de 1985, esas mismas mujeres solidarias, muchas de ellas organizadas en las brigadas universitarias, se incorporarían más tarde de manera destacada en el movimiento estudiantil que impidió la privatización neo liberal de la educación en México desde un espacio emblemático e histórico como la Universidad Nacional.

 

Volar con los pies pegados al corazón de la tierra

En la década de los noventas irrumpió en la vida pública nacional un feminismo de abajo y a la izquierda con la lucha social de las mujeres rebeldes zapatistas a través de la comandanta Esther, Ramona y la misma María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy. Hoy ese feminismo comunitario se articula dentro de un bloque  alrededor de las resistencias anti capitalistas, no sólo dentro de las filas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), sino también dentro del bloque organizado en el Congreso Indígena de Gobierno (CNI).

Todas las integrantes del feminismo comunitario en resistencia tienen una lectura crítica en torno al machismo, los valores patriarcales y de la subordinación histórica de la mujer hacia el hombre pero lo hacen dentro de un horizonte de lucha contra el despojo territorial donde incluyen a los compañeros solidarios y descartan los valores separatistas. Es un feminismo comunitario rico en la participación de las mujeres Concejalas en los espacios de representación; Osbelia Quiroz, Guadalupe Vázquez, Bettina Cruz, y la misma Marichuy son algunas de las voces más visibles de este bloque.

Todas articulan un discurso crítico a partir de un sentido común compartido en torno al agotamiento del modelo neo liberal ex tractivista. Junto con las nuevas generaciones de mujeres del EZLN han irradiado un  nuevo espíritu organizativo, una voluntad asociativa diferente en las miles de mujeres que han asistido al primer y segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, ambos en el Caracol Morelia dentro del territorio autónomo zapatista.

El feminismo actual: ¿separatismo o inclusión?

84330620_2756232361135191_3943670839844536320_n

En la actualidad hay una disyuntiva, desde nuestra perspectiva y experiencia en diversos proyectos organizativos feministas, entre una pluralidad del movimiento feminista en México. Por un lado, hay un sector, aunque menor, con una subjetividad más desbordante que recoge las inconformidades acumuladas dentro de los temas de género y en la cadena de vinculaciones con otras indignaciones: feminicidio, desapariciones forzadas, trata de blanca, discriminación laboral.

Ese segmento del feminismo en México defiende un separatismo radical, en ocasiones trans fóbico y, como todas las interpretaciones esencialistas, es una postura altamente conservadora y desinhibida pero con una participación creciente de nuevas feministas. Empero, ese bloque no es totalmente homogéneo es adyacente de otros sectores progresistas e institucionales que no necesariamente comparten el argumentario separatista.

Por otro lado, el bloque de las colectivas organizadas, mujeres trabajadoras y sindicalizadas madres de víctimas de feminicidio, mujeres anarquistas o adherentes al EZLN o Redes de apoyo al CNI, estudiantes universitarias, y organizaciones de la sociedad civil es el bloque feminista mayoritario. El sentido común de este bloque es luchar junto con compañeros solidarios a través de espacios separatistas y mixtos contra la violencia estructural de la mujer y en la construcción de un horizonte social más allá del actual modelo.

Es o debería ser, esto bloque feminista de los movimientos sociales, la columna vertebral de las marchas del 8M y del 25N en México y, seguramente, así será esta tarde. Desde una interpretación crítica es un bloque limitado a una subjetividad más contenida y obturada. Las separatistas radicales tienden a pintar monumentos y llamar más la atención con sus actos separatistas mientras las colectivas más incluyentes de su propia pluralidad y de las identidades sexo diversas prefieren construir, cuidar y proteger los anti monumentos contra el feminicidio en la ciudad de México y en Municipios como los de Chimalhuacán en el Estado de México en términos generales.

En términos históricos, este bloque de activistas carga con una especie de loza de pesimismo; son las derrotas sumadas en una larga lucha de clases por defender derechos laborales y la discriminación de género (el techo de cristal). La marcha de este 8M en México la podemos analizar en el enfoque del enfrentamiento de estos bloques por encabezar y hegemonizar el desarrollo de la marcha y por consiguiente subsumir e institucionalizar la actual ola creciente de feminismo en México o mantener y ampliar esa ola como un movimiento de carácter de cambio radical para disminuir la actual violencia estructural en México.

Falta a este segmento del feminismo incluyente romper el silencio y la auto censura para denunciar el acoso y la violencia de género en sus propios espacios y organizaciones de lucha. Sea donde sea y lo ameriten las circunstancias. No hay machos acosadores intocables en nuestros movimientos sociales. Callar no es una opción porque de hacerlo ese vacío lo cubrirán los feminismos separatistas y neo liberales. Emancipación feminista o institucionalización y subsunción de nuestras demandas es la disyuntiva histórica actual. Por ello la importancia de escucharnos, abrazarnos y luchar juntas.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s