La privilegiada

Mucho se ha comentado acerca de la discrepancia cultural e ideológica entre las mujeres de diferentes estratos sociales, entre aquellas que han tenido la posibilidad de acceder a educación universitaria y aquellas que no han tenido esta oportunidad. Entre aquellas que han nacido en “cuna de oro” y aquellas que nacieron en casas humildes. Esto podría ser un indicio de que, en un sistema patriarcal tan arraigado, existen mujeres privilegiadas y sin duda alguna, en otras partes del mundo así es, pero en México, en México no existen.

Hace un tiempo, leí un texto que presentó Antonio Reyes Pompeyo acerca de quiénes son los privilegiados en México, en dicho texto Pompeyo plasma “(…) los otros, indistintamente hembras, niños, morenos, pobres, analfabetas, son afirmaciones simples, en su esclavitud, de mi complejo de amo.”[1], me hace pensar qué, la figura del privilegiado es exclusiva de los hombres pertenecientes a un estrato social muy selecto y para muestra tenemos ejemplos palpables. Para quienes piensan qué las universitarias representan la posición privilegiada dentro de la sociedad mexicana, no pueden estar más errados. Sin duda alguna, la educación, abre puertas y ventanas inimaginables, pero en México, esto tiene su costo. A unas cuantas semanas de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, planteles universitarios y de educación media superior han tomado las instalaciones educativas para exigir seguridad para las estudiantes debido a la gran cantidad de denuncias por acoso sexual. Personalmente presencié la colocación de uno de los llamados “tendederos” del acoso, cuya figura simbólica es muy interesante, pero es tema que tocaré en otro texto, entre las notas que se colgaron se evidenciaba desde miradas morbosas e insinuaciones sexuales, hasta situaciones en las que los profesores y administrativos pedían favores sexuales a cambio de calificaciones o apoyo para publicaciones. Estas situaciones nos llevan a pensar si, realmente, las estudiantes universitarias gozan de privilegios.

Podríamos redirigir nuestra mirada hacia aquellas mujeres que ya tienen grados académicos, que son, laboral y económicamente independientes y que no fácilmente se dejarían intimidar. Entonces basta analizar el caso de Sonia Pérez, profesora de danza de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), quien murió a manos de su exesposo, quien, por cierto, tenía una denuncia en su contra por violencia doméstica. El victimario, abandonó el cuerpo de la profesora en las instalaciones del teatro de la universidad. Definitivamente, ni alumnas ni docentes gozan de ningún privilegio cuando se trata de preservar el privilegio patriarcal.

Incluso las mujeres que han sobresalido en el mundo del espectáculo y que hoy se denominan con influencers han pagado un alto costo para llegar a donde están. Hace dos años Karla Souza, Paola Núñez y Stephanie Sigman, declararon que fueron víctimas de acoso e incluso violaciones por parte de algunos productores con los que trabajaron. En algunos comentarios expresados a través de redes sociales, abundaban opiniones tales como: “en ese medio, ya saben a lo que van”. Aunque estas mujeres pertenecen a un segmento de la población que permite su empoderamiento, no están exentas de sufrir violencia de género.

Tirando un poco más lejos la piedra, llegamos hasta la familia presidencial. Si hablamos del actual gobierno, basta ver la situación de la primera dama Beatriz Gutiérrez Müller, quien es escritora, periodista e investigadora y vive bajo el peso del puesto de su esposo. Se le impone el acuerdo con las políticas públicas que el actual presidente implementa. Esta situación se transparentó el mes pasado, luego de que la investigadora afirmara apoyar el movimiento denominado #undiasinnosotras para luego retractarse y pedir el uso de un pañuelo blanco como señal de apoyo al gobierno federal.

Como podemos apreciarlo ni en los más altos estratos sociales de nuestra amada nación, podemos encontrar la figura de la privilegiada. Es de suma importancia que dejemos de descalificarnos entre nosotras, las mujeres privilegiadas no existen en México, no existen en tanto seamos oprimidas, abusadas, violentadas, acosadas e incluso asesinadas.

Basta de llamarnos privilegiadas, burguesas o ignorantes, entre nosotras, sin importar la situación en la que nacemos, todas somos mujeres y nos aquejan el mismo problema social. Y como dice ese, tan trillado dicho, “la unión, hace la fuerza” que ningún tabú socioeconómico logre desarticularnos.

[1] Puede leer el texto completo en https://resdramatica.wordpress.com/2019/10/18/el-privilegiado/

Autor: Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades