La marea violeta desbordó la Ciudad de México

Por Ixtlxóchitl López / Imágenes: Adriana Esthela Flores

Miles de mujeres salieron a las calles para exigir un alto a la violencia contra ellas y cimbrar con su reclamo al corazón del país y todas sus arterias.

La cita con la historia y de cara al futuro comenzó en el monumento a la Revolución, donde los ríos violetas de mujeres surgieron a borbotones por más de cuatro horas ininterrumpidas confundiéndose con la primavera mexicana llena de jacarandas.

Con afiches de búsqueda y la fotografía de sus hijas, hermanas, madres o amigas en las manos, las familiares de desaparecidas o asesinadas por la violencia machista fueron las primeras en salir de la mole para exigir justicia y a ellas con vida.

Al paso cansado de su andar interminable se unieron miles de mujeres con pañoletas verdes, moradas y el rostro cubierto de pintura, de rabia y con pasamontañas.

Con carteles y dibujos en manos, donde se leía «ni una más», «somos el grito de las que ya no están» y «quiero regresar a mi casa con vida», las inconformes delineaban la nueva ola feminista, nacida de la emergencia feminicida.

Y gritaban «con falda o pantalón respétame cabrón», «hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal» y «señor, señora no sea indiferente se mata a las mujeres en la cara de la gente», mientras alguna de ellas teñían el cielo de morado y rosa, e impregnaban el aire con el aroma del azúcar.

Al reclamo de seguridad también se sumó el de la indolencia de las autoridades, que mandaron a recubrir con vallas y policías monumentos y cadenas de negocios «tanta policía para defender piedras, pero ninguna para nosotras» y «ya protegiste a los monumentos y a las mujeres ¿cuándo?.

Durante la manifestación, algunas mujeres trataron de remover las vallas y a la altura del Palacio de Bellas Artes lograron hacerse de una de ellas, misma que colocaron en medio del contingente en señal de victoria.

«No somos histéricas, somos históricas» y «No es violencia, es autodefensa», reivindicaban algunas otras al pasar con sus carteles en mano.

Al llegar a la antimonumenta, los familiares de Fátima, Selene, Tania y muchas más exigieron a las autoridades cumplir con su trabajo y darles justicias, mientras que otras denunciaban la alevosía de los médicos forenses que no asientan en las actas los desgarramientos internos y los golpes propinados a sus hijas antes de ser asesinadas para concluir sus casos.

A la tarima improvisada también subieron decenas de mujeres que armadas de valor relataron cómo fueron acosadas, violadas y maltratadas por sus familiares, amigos y ex parejas.

Cada uno de los testimonios eran abrazados por la multitud que al unísono afirmaba «no estas sola» y todos ellos rebotaban en las paredes donde minutos antes se habían escrito los nombres completos de más de mil mujeres asesinadas.

Mientras tanto, en Paseo de la Reforma y el Monumento a la Revolución los contingentes no dejaban de salir.

Cada uno de ellos, era recibido por una bandera mexicana modificada con una franja violeta, que sustituía  la roja de la sangre y daba la bienvenida al encuentro de mujeres más grande que la ciudad haya podido ver, con un estimado de 80 mil asistentes.

La rabia femenina también dio cuenta de si en las paredes y monumentos, tapizados de aerosol en forma de consignas de justicia y adornados todos con paliacates verdes y morados al cuello y manos.

No hubo un cachito de calle que las feministas y madres de desaparecidas, asesinadas o violentadas no tomarán en su día internacional para alzar la voz y denunciar la emergencia nacional que todos los días arrebata, en promedio, la vida de 11 de sus compañeras en el país. La marea verde se tiñó de violeta este 8M.