Pesadillas en el encierro

Por Rodrigo Díaz Montes

Después de unos pocos días en una cuarentena autoimpuesta, ahogado en series de Netflix y de seguir la cosa pública desde la privacidad del hogar a través de noticieros en televisión. He notado mucha propaganda conveniente por parte de los opositores a López Obrador y, en general, a la 4T. Esto no solo se dá en spots de comerciales o en una que otra nota incomoda al poder. También lo veo en el incesante cotilleo de las redes sociales.

Esta vez, mi artículo analiza la política, fuera de la política, fuera de lo jurídico. Desde una perspectiva un tanto alienada. “¡Que le de coronavirus al presidente!”, dicen algunos verdaderos orates temerarios. “No hay que hacerle caso al gobierno, nos oculta información”, otros incendiarios con ideas anárquicas. “Ya valió madre México”, algunas opiniones de mis conocidos más pesimistas.

Dos crisis graves

En materia económica este año, dicen los expertos, ha sido bastante volátil. Y podríamos decir que hasta hace unos cuantos días el país había librado los perdigones que volaron de la metralla disparada por la guerra comercial entre las grandes potencias económicas del mundo. Así fue, hasta que nos alcanzó un proyectil, el petróleo. No soy un experto en economía, pero el desacuerdo en la OPEP hizo que los precios del petróleo (pieza clave en la economía nacional) se desplomaran y con eso el tipo de cambio y otros indicadores económicos. Pero en realidad, al ser la mexicana una economía emergente, estamos obligados a navegar conforme los vientos soplen las velas de nuestro barco.

Aunada a esta crisis económica, en materia de salud la propagación del COVID-19. Es un factor real, que no obedece al mundo del dinero, que desafortunadamente ha cobrado bastantes vidas. Ha puesto en jaque a países enteros en todo el mundo. Naturalmente el nuevo virus afecta la economía de los países que se encuentran en situaciones complicadas y que en respuesta han implementado cuarentenas.

¿Lloviendo sobre mojado?

Gravísimo sería que nuestro presidente llegue a faltar. La constitución establece que queda como encargada la Secretaria de Gobernación, y en no más de 60 días se debe nombrar un presidente interino (por el congreso), el cual asumirá el cargo únicamente hasta que se elija un nuevo presidente que cerraría el sexenio, en total este presidente interino no duraría mas de 10 meses en la grande.  Ahora, eso dice la ley, lo que pudiera pasar es muy diferente.

MORENA es un partido sectario, en donde confluyen muchas corrientes. Se ha hecho evidente que no hay un rigor ni disciplina partidista. No se respetan acuerdos ni jerarquías al interior del partido, como fue el caso de la obstinada tirana Yeidckol Polevnsky (Antes Citlali Ibáñez, miren nomás) contra el maquiavélico Monreal y sus secuaces por la dirigencia nacional. Y tampoco hay un respeto hacia la oposición, como el mismo Ricardo Monreal demostró en su poca palabra con sus coordinados “independientes” cuando el nombramiento de la comisionada nacional de los Derechos Humanos.

La lucha por el trono del Águila sería descarnada, brutal y obstinada. No me atrevo a vaticinar el destino de la oposición en un escenario como el anterior planteado.Pero sin duda la estabilidad de nuestras pocas instituciones se vería comprometida de una forma realmente temible. Y ahí si, el país atravesaría una crisis de la cual no se va a levantar fácilmente.

Las instituciones nacionales son un concepto abstracto que se puede aterrizar como “Aquellas construcciones sociales que suceden a los hombres”. Dicho de otra manera, “La presidencia de la Republica” es mas grande que cualquier presidente. Así mismo el Congreso de la Unión, la SCJN, el IMSS, etc… Y da la sensación que esta nueva camada de políticos no piensa en términos de maratón, sino en términos de 100 metros planos, no importa cómo, hay que llegar y rápido.

No me sorprendería que muchos personajes peleen por el poder, quemando todas sus cartas ya que sin López Obrador, no hay MORENA y sin morena estas facciones regresarán a un esquema de caudillos en donde hay todo menos orden. En este punto es en donde MORENA se parece, casi como un gemelo al PRI. La habilidad que Calles tuvo en la década de los 20’s para institucionalizar el caudillismo post-revolucionario, la tuvo López Obrador para aglutinar a las izquierdas y a las no tan izquierdas dentro de su movimiento, que arrasó las urnas en el 2018.

Considerando el panorama actual, político, económico y sanitario es deseable que el presidente se mantenga sano y fuerte. La crisis nos lleva más allá de la política, nos obliga a buscar estabilidad, resiliencia y compromiso.

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Autor: Rodrigo Díaz M.

Estudiante de Derecho, filósofo de banqueta, beisbolista amateur y ciudadano crítico.