Tres vicios de la Historia: el presentismo

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Por José Luis Enríquez Guzmán

Hace unos días una página de Facebook que se dedica a la divulgación de la ciencia retomó un tweet que decía: “En 1665 la Universidad de Cambridge cerró temporalmente debido a la peste bubónica. Isaac Newton tuvo que trabajar desde casa y utilizó ese tiempo para desarrollar el cálculo y la teoría de la gravedad. Be like Isaac. Haz algo productivo”.

La mitad del texto es correcto: sí hubo una epidemia de peste bubónica en Londres en 1665. Sin embargo, no existía el aislamiento como tal, ni cerraban lugares que consideraban focos de infección. Si tenían suerte, aislaban a los contagiados en los propios hospitales, mientras que en las casas y en los lugares donde había ciertas aglomeraciones el único medio para tratar de contener a la peste era tener fogones prendidos las 24 horas del día, lo que resultaba ser aún más perjudicial para las personas. El cierre de lugares públicos o concurridos es una medida sanitaria que se adoptó a partir del siglo XIX, cuando el desarrollo científico de la segunda Revolución Industrial permitió conocer más formas de contener enfermedades virales. Sin embargo, en el tweet hay una tendencia a creer que las condiciones del sistema de salud y la sociedad inglesa del siglo XVII eran similares a las del siglo XXI.

La persona que redactó el tweet, y los que lo retomaron, cayeron en uno de los vicios más comunes de la interpretación histórica: el presentismo. Esta tendencia hace creer a los lectores, y a veces los historiadores, que los procesos o personajes del pasado actuaban o pensaban como se hace en el presente. De esta forma, los que lo hicieron creyeron que en el siglo XVII había medidas preventivas similares a las del siglo XXI, sin saber lo que eso implicaba.

Sin embargo, el presentismo, por lo general, no pasa solamente como un pequeño error de comprensión, sino que cuando se cae conscientemente en él esto responde a un intento de forzar la interpretación de un acontecimiento para conseguir un fin en específico. Por ejemplo, en el caso de este tweet, el fin de caer en el presentismo era decirle a las personas que el tiempo libre que genera la contingencia puede ser utilizado para hacer algo útil, y no lo que han hecho hasta ese momento.

Actualmente, el presentismo ha estado latente en una serie de expresiones ideológicas que buscan explicar el pasado a través de un filtro cuyo color  oscuro impide comprender que todo el pasado no cabe en un adjetivo, y que los procesos anteriores no pueden entenderse con base en lo que pasa en el presente. Aun cuando el historiador  Benedetto Croce decía que hablar sobre el pasado era un diálogo con el presente, hay una gran diferencia entre poner un filtro de interpretación y no comprender que en el pasado ciertas cosas se llevaban a cabo de una forma diferente. De esta manera, varias lecturas del pasado tienen una carga de presentismo que las lleva al extremo de la inocencia o de la manipulación.

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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