La negra heroica que liberó a su pueblo

Mujeres y Revolución: una reivindicación necesaria*

Por Yaocihuatl Atenea 

 Este artículo lo dedico a una proletaria sin igual. Mi deseo es que en estas líneas se vean reflejados la admiración, el respeto y el profundo cariño que hacia ella siento. Va para ella esta historia que, desde hace ya tiempo, me invitó a conocer.

Desde que África fue brutalmente colonizada por los europeos, sus habitantes negros han sido objeto de humillación, desprecio y explotación inconmensurables. Sin embargo, ante esta política de dominación racista y xenófoba, las luchas de liberación que los nativos africanos desarrollaron en varios países fueron, sin duda, gloriosas. Algunas de ellas revistieron profundos deseos revolucionarios más allá del exclusivo deseo de la liberación colonizadora pues su expectativa fue la eliminación no sólo de este yugo, sino el aniquilamiento de la explotación burguesa que somete a millones de trabajadores en todo el mundo.

Si bien hasta ahora la eliminación de la explotación capitalista es un asunto pendiente, muchas luchas africanas revolucionarias fueron determinantemente influidas por los principios de la ideología comunista que resultó fundamental para conquistar la organización e ímpetu necesarios para desarrollar la guerra por la liberación de sus pueblos. Una de estas luchas revolucionarias fue la guerra de liberación de Angola, cuyo movimiento impulsó durante catorce años grandes batallas en contra del sanguinario opresor colonialista.

Siglos de sometimiento del imperio portugués a sus colonias del África Austral llevó al pueblo angoleño, sujeto a una brutal explotación y una constante discriminación racial, a organizarse para luchar por su liberación.

Estudiantes e intelectuales, a quienes los colonizadores permitieron asistir a colegios en su tierra natal, fueron los primeros organizadores, en 1956, de la única organización revolucionaria angoleña que luchó por la verdadera liberación de su país contra el colonialismo que ejercía el imperialismo portugués: el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA).

Influidos por el pensamiento marxista-leninista, los fundadores del MPLA sentaron las bases para su lucha emancipatoria tomando en cuenta que habría un sector de angoleños que, por ser parte de una élite privilegiada, serían traidores al proceso de sus compatriotas y serviles a los colonialistas europeos.

Y fue justamente bajo esa lógica que, después de 1957, la reaccionaria y pro-imperialista Uniäo das Populaçoes de Angola se convertiría en el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA) quienes, apoyados militar y económicamente por las potencias imperialistas de occidente y por colaboradores de los portugueses, se convirtió rápidamente en el grupo paramilitar que se opondría a la lucha revolucionaria del MPLA, desatando una persecución sangrienta en contra de los militantes comunistas lo que significó, en los hechos, un proceso de abierta traición a la lucha de su propio pueblo.

En este contexto de la lucha de clases en Angola, en los inicios de la conformación del MPLA, una joven mujer dio pasos fundamentales en la lucha por la liberación de su pueblo y en su propia emancipación; su nombre era Deolinda Rodrigues Francisco de Almeida.

Deolinda, una brillante joven angoleña proveniente de una familia metodista y destacada estudiante, nació en Catete en 1939. Tenía cuatro hermanos y vivía con su madre. Desde muy joven sintió la profunda necesidad de acabar con la vida de humillaciones a la que los colonialistas portugueses sometían a su pueblo y pensaba entonces que la mejor posibilidad de hacerlo era a través del estudio, de la formación intelectual.

Desde muy joven se acercó a la literatura, tanto que es considerada una de las poetas más importantes de Angola. Sus maravillosos textos pasan por la poesía, la narrativa, así como la epistolografía que usó frecuentemente en su actividad revolucionaria.

A los 16 años logra ingresar al Liceo Nacional Salvador Correa, un centro educativo en el que muy pocas personas negras tenían derecho a estudiar. De entre tres y cuatro mil alumnos, sólo se permitía el ingreso a ocho o nueve negros. Una mujer, negra, angoleña, en aquella escuela era todo un acontecimiento. No obstante, Deolinda se convirtió en una estudiante brillante, estudió letras germánicas y antes de los 20 años ya dominaba a la perfección varios idiomas: inglés, alemán, franceś y, por su puesto, el impuesto portugés, por lo que era ampliamente solicitada para realizar traducciones para funcionarios de la escuela, tarea que realizaba con extraordinaria fluidez.

Deolinda y sus hermanos vivieron con su madre hasta que, en 1955, acompañó a una misión religiosa a su padre. Los hermanos Rodrigues Francisco de Almeida se mudaron entonces a la casa de su tía María Neto, donde convivirían estrechamente con su primo Agostinho Neto, fundador del MPLA y quien años después se convertiría en el primer presidente de la Angola libre. Neto influyó de manera decisiva en la formación de Deolinda.

Durante su estadía en la casa de su tía, la joven revolucionaria realizó, de la mano de la iglesia metodista, una serie de trabajos comunitarios enfocados fundamentalmente en la alfabetización a niños y personas adultas, pues sabía que en los barrios marginados de Angola la instrucción escolar era nula.

Fue así que inició el camino del reconocimiento y amor de su pueblo hacia ella. A pesar de la convivencia constante con niños y su enorme amor hacia ellos, cuestión que le hacía reflexionar constantemente en torno a la posibilidad de convertirse en madre, el objetivo que se trazó Rodrigues de Almeida fue la revolución, situación que estaba por encima de cualquier otra cosa; nada era más importante para ella que la liberación de su pueblo.

En 1958 inicia su incorporación a la organización clandestina que impulsaba su primo Agostinho y, a pesar de que sabía las posibles consecuencias que aquella actividad podría acarrearle, no dudó ni un instante en formar parte del grupo organizador que sentaría las bases del movimiento revolucionario.

Sin cumplir aún 20 años, Deolinda fue incorporada a una pequeña célula revolucionaria clandestina en la que sólo había hombres mayores que ella quienes, a pesar de tener una formación intelectual de avanzada, carecían de un elemento que resultaba fundamental en aquel momento: no sabían hablar ni escribir otro idioma que no fuese el portugués. De esta manera, Deolinda pasó a ser parte esencial del proceso de organización del MPLA, pues se encargó de contactar con otras organizaciones cuya solidaridad y articulación resultaba vital para el desarrollo organizativo del MPLA.

En 1959 y con la necesidad creciente del MPLA de obtener apoyo de organizaciones extranjeras y también de buscar aliados en los gobiernos de países democráticos, Deolinda Rodrigues de Almeida decide buscar la obtención de una beca que le permitiera realizar estudios en el extranjero, principalmente en Brasil, pues aquél país contaba con una amplia comunidad negra que podría ayudar como base de apoyo para el proceso revolucionario de liberación.

En ese mismo año, con la beca en las manos, abandona su país con mucho dolor, dejando atrás a su familia a la que tanto amaba, pero a la que tenía que renunciar conscientemente para lograr su objetivo: la liberación de Angola. Se embarca primero hacia Lisboa de donde, al cabo de unas semanas, logra partir hacia Brasil como becaria para estudiar Ciencias Sociales. Ya inscrita en el liceo, y a pesar de muchas dificultades, logra contactar con una red de colaboración del MPLA, a la que hace crecer con su audaz trabajo político. Con ellos logra recaudar fondos que resultaron vitales para los miembros del MPLA que luchaban en Angola y que tenían la dura misión de profundizar el proceso organizativo popular y obtener los pertrechos necesarios para iniciar la lucha armada.

Mientras Deolinda estuvo fuera de su país, la policía portuguesa en Angola inició una serie de redadas en contra de los militantes del MPLA que concluyeron con la detención de varios de sus integrantes, quienes, al no soportar la brutal tortura y los interrogatorios, y a sabiendas que Deolinda se encontraba fuera del país, terminaron responsabilizándola de los trabajos conspirativos de la organización revolucionaria. Sumado a las fichas de investigación con las que contaba la policía política sobre Deolinda, las declaraciones de sus compañeros la pusieron en el centro de la persecución colonial.

Cuando las presiones de la policía política portuguesa hacia el gobierno de Brasil fueron más intensas para que se deportara a los exiliados angoleños, Deolinda Rodrigues de Almeida decide partir a Estados Unidos, donde sabía se gestaba un importante movimiento por los derechos civiles de la comunidad negra.

Se instala en New Jersey desde donde sostiene correspondencia con el legendario luchador por los derechos civiles Martin Luther King. Ingresa a la Universidad Drew, en Madison New Jersey para continuar sus estudios.

Durante su estadía en los Estados Unidos continúa haciendo crecer el grupo de colaboración para la guerra de liberación de su pueblo; sin embargo, se siente profundamente decepcionada por la indiferencia de la sociedad norteamericana con respecto a la lucha que los pueblos africanos desarrollaban por su liberación.

En 1961 los portugueses desatan una brutal represión contra el pueblo angoleño que, cansado de las constantes humillaciones a las que eran sometidos, inician de la mano del MPLA una serie de protestas callejeras casi insurreccionales. Los muertos angoleños se cuentan por cientos. Estos hechos marcan de manera definitiva a Deolinda pues comprende que no es con la formación académica como logrará el objetivo que se ha trazado. En ese momento toma una decisión trascendental: abandona sus estudios en la Universidad de Michigan –en la que se encontraba entonces matriculada– y regresar a Angola para participar en la lucha armada por la independencia de su pueblo.

En 1962 se encuentra nuevamente en su país y participa en el Primer Congreso del MPLA donde es elegido el primer Comité Directivo. Deolinda, por sus enormes cualidades organizativas y su tremenda claridad política, fue electa parte de esta dirección política. Así, se convirtió en la primera mujer que ocupó un puesto de tal relevancia, mismo que desempeñó con gran combatividad.

Con este cargo Deolinda se convirtió prácticamente en la vocera del MPLA en el extranjero, situación que la llevó a recorrer varios países y lograr la cooperación y apoyo de los países socialistas. En ese mismo año, y debido a la necesidad de incorporar a las mujeres en la lucha de liberación, Deolinda fundó la Organización de Mujeres Angoleñas, con la que se buscó que, a partir de la lucha política, las mujeres de aquel país dejaran atrás su posición de sometimiento tanto por su condición de mujeres como a la propia dominación colonial.

En 1965, en el contexto de su recorrido por África, Ernesto “Che” Guevara entró en contacto con la dirección del MPLA quienes le solicitaron a Cuba ayuda militar y de combatientes para poder profundizar su lucha por la liberación de Angola. Fue de esta manera como miles de combatientes cubanos arribaron a Angola para prestar la ayuda internacionalista que les fue solicitada.

Durante el proceso de conformación de la Segunda Región Guerrillera del MPLA, Deolinda solicita ser integrada de manera inmediata a las tareas militares de ésta región de combate. Al ser inflexible ante alguna negativa en su solicitud es incorporada, junto a cinco mujeres más, a la acción armada. Serán estas seis angoleñas las primeras mujeres combatientes de ese movimiento.

Concluido su entrenamiento se embarcan, en el año de 1968, en una misión que consistía en reforzar las posiciones del MPLA en la Primera Región Guerrillera, en Luanda, donde los paramilitares  del UPA/FNLA tenían fuerte presencia. Allí la columna del MPLA debía crear condiciones apropiadas para atacar y derrotar a las posiciones enemigas. Sin embargo, la columna guerrillera en la que están integradas las seis mujeres sufre una serie de imprevistos que les hacen retrasarse en su misión y mermar su salud y fortaleza moral. Al verse perdidos por meses en una región desconocida, golpeados anímicamente, con pocos recursos para sobrevivir y en medio de un terreno natural totalmente adverso, el comandante de la columna toma una difícil decisión: que el grupo de mujeres regrese el camino andado en dirección al Congo para descansar y pertrecharse. Deolinda se siente frustrada, pero tiene que asumir disciplinadamente la decisión. En el regreso, con una frágil salud, Deolinda Rodrigues de Almeida, Engracia dos Santos, Irene Cohen, Lucrecia Paim y Teresa Afonso son capturadas por tropas del FNLA y trasladas a un campo de concentración en Kinkuzu; lugar en el que son sometidas a múltiples torturas y vejaciones hasta que, finalmente, son asesinadas el 2 de marzo de 1968.

La heroica y abnegada vida de la joven revolucionaria Deolinda Rodrigues Francisco de Almeida, entregada siempre a la causa revolucionaria de su pueblo, la llevó a ser considerada la Madre de la Revolución y su memoria se encuentra presente en su amado pueblo.

Su obra escrita, que recoge varios de sus poemas y cartas, ha sido incorporada en diversas publicaciones; la más reciente e importante es Diário de um exilio sem regresso, su diario personal rescatado en el Congo y publicado en 2003. Empero, su profundo y hermoso legado es prácticamente desconocido por el resto del mundo.

Con este breve texto pretendo rendirle un sencillo y sentido tributo a Deolinda, mujer extraordinaria. Honores que se suman a un homenaje que otra mujer, una proletaria mexicana, le hizo a su manera hace poco más de treinta años y que, quizá, en otro momento les contaré…

 

 Mamá África

Mamá África

me engendraste en tu vientre

nací bajo el tifón colonial

mamé tu leche de color

crecí

atrofiada pero crecí

juventud rápida

como la estrella que corre

cuando muere el nganga

(…)

Soy Angola, tu Angola

no te unas al opresor

al amigo del opresor

ni a tu hijo bastardo

ellos se burlan de ti

(…)

mas África

mamá África

por amor a la coherencia

aún quiero creer en ti.

 

Deolinda Rodrigues Francisco de Almeida

 

“Mujeres y revolución: una reivindicación necesaria”, es una serie de artículos desde los cuales se busca reivindicar la figura de grandes mujeres que han participado de manera preponderante en procesos de lucha revolucionaria y cuya labor ha quedado injustamente relegada en la historia.

Considero necesario destacar el papel que cada una de ellas ha tenido en importantes batallas por la emancipación de la clase obrera y la sociedad en su conjunto, no sólo como acompañantes sino como destacadas protagonistas en la lucha de clases.

Con esta serie también se pretende reafirmar la siguiente tesis: «Cualquiera que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la decidida participación de las mujeres».

 

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).