Ciencia ficción y política contemporánea

Por Raudel Ávila

Esta temporada de confinamiento aproveché para ponerme al día con dos series de televisión que me cautivaron recientemente. No tengo la formación ni los conocimientos para escribir de sus innumerables merecimientos técnicos, estéticos y de guión. Quiero insinuar su pertinencia en la coyuntura política contemporánea. Ambas series están inspiradas en novelas que vale la pena leer para establecer el debido contraste: The Handmaid´s Tale de la escritora canadiense Margaret Atwood y The Man in the High Castle de Philip K. Dick. Tradicionalmente, las adaptaciones hollywoodenses de libros quedan a deber, pero en estos dos casos, es preciso reconocer que las series de televisión superaron las novelas. Hablando con el experto mexicano en ciencia ficción, Remy Bastien, confirmo que The Man in the High Castle no es, ni remotamente, uno de los mejores libros del gran Philip K. Dick. Si usted quiere leer un análisis completo de la riquísima obra de Phiip K. Dick por parte de Remy, haga click aquí

No obstante, el planteamiento de The Man in the High Castle fue, en su momento, muy atractivo y original. La novela, publicada originalmente en 1962, presentaba una realidad alterna donde Estados Unidos y los aliados habían sido derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Consecuentemente, se consolida un orden internacional sustentado en la alianza de la Alemania nazi, con hegemonía planetaria, y su socio, el Japón imperial. Extrañamente, hasta donde recuerdo, la Italia fascista de Mussolini (otro país aliado de los nazis en la vida real) no figura ni por asomo en la novela. En este mundo controlado por los nazis y donde el territorio estadounidense se reparte como una especie de colonia entre Alemania y Japón, una novela titulada The grasshoper liesheavy de un tal Hawthorne Abendsen circula clandestinamente. En el libro de Abendsen se cuenta una historia distinta, ¿qué hubiera pasado si Estados Unidos y los aliados ganaban la Segunda Guerra Mundial? Ese libro clandestino alimenta las inquietudes y esperanzas de los protagonistas por un mundo mejor. Insisto, el planteamiento resultaba atractivo y original en su momento, pero la novela es tan breve que los personajes y la trama no alcanzan un desarrollo tan profundo como exigía el argumento general. El final de la novela resulta tan anticlimático que uno no sabe si se queda con ganas de más o deseando que Philip K. Dick dejara la idea en uno de sus fascinantes cuentos de ciencia ficción.

The Handmaid´s Tale es una magnífica y sobrecogedora novela publicada en 1985 por Margaret Atwood sobre un mundo distópico en el cual, bajo circunstancias no del todo esclarecidas, Estados Unidos se vuelve una teocracia misógina y brutalmente represora. Con el pretexto de una guerra o algo similar que no recuerdo con exactitud, el gobierno determina suprimir todas las libertades y derechos de la población femenina. Como suele ocurrir en las distopías, simultáneamente se produce una crisis de fertilidad que pone en riesgo la sobrevivencia de la especie humana. Las mujeres son clasificadas en distintas categorías para cumplir funciones sociales en condiciones de opresión escandalosa. El nuevo estado llamado Gilead crea la figura de la criada (handmaid) cuyo trabajo consiste en acostarse con el jefe de familia miembro de la clase política dominante para ayudarle a procrear descendencia. Posteriormente, los bebés serán separados de sus madres biológicas y entregados a la familia del dirigente político y las criadas destinadas a otro hogar para seguir procreando. La humillación no termina en eso. Las criadas son sostenidas por la esposa del jefe de familia mientras son violadas por éste último. La protagonista del libro describe las innumerables degradaciones a las que la somete el sistema, empezando por la separación de su familia original. No quiero venderle trama con el fin de no arruinarle un libro excepcional, para el cual Atwood ya produjo una secuela (Los testamentos) como resultado del éxito de la adaptación televisiva.

Faithful

Las series de televisión

En su libro Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo, el politólogo y discípulo de Raymond Aron, Dominique Moïsi explica detalladamente la relación entre las emisiones de Hollywood y el entorno político internacional en que se producen. Las novelas de Atwood y Philip K. Dick se publicaron hace 35 y 58 años respectivamente. ¿Porqué llevarlas a la pantalla en la actualidad? No parece coincidencia que la emisión de estos programas coincida con el ascenso del populismo de derecha en el mundo. Si bien The Man in the High Castle apareció en la plataforma Amazon Prime un año antes de la llegada al poder de Donald Trump, ya se veían síntomas preocupantes de crecimiento de expresiones derechistas en Hungría, Polonia y no se diga en la autocracia rusa de Putin.

El caso de The Handmaid´s Tale cuyo primer capítulo se transmitió en 2017 pareciera francamente ligado a las ansiedades que despertó en un segmento importante del público estadounidense la misoginia de Trump. Margaret Atwood ha revelado en numerosas entrevistas que, si bien Gilead no existe, ella no inventó ninguna de las prácticas opresoras descritas en la novela. Simplemente se documentó sobre las distintas violaciones a derechos de las mujeres en distintos países del mundo y las aglutinó en un solo relato.

Repito que ambas series me resultan excepcionales por su capacidad para superar a los libros originales. No solamente por extender cronológicamente la trama original y añadir situaciones inesperadas, sino por la profundidad concedida al tratamiento psicológico de las heroínas, en ambos casos protagonizadas magistralmente por Alexa Davalos (Juliana Crain en The Man in the High Castle) y Elisabeth Moss (June Osborne en The Handmaid´s Tale). Los personajes de reparto acusan también mejoras sensibles respecto a sus retratos originales en los libros. En el caso The Man in the High Castle, la hija de Philip K. Dick estuvo estrechamente ligada a la producción. En The Handmaid´s Tale, la mismísima Margaret Atwood ha participado muy cerca de la serie para garantizar fidelidad a su trabajo.

Hay desde luego algunas adecuaciones y modificaciones para las adaptaciones televisivas. En The Man in the High Castle, lo que da esperanza a la resistencia antinazi no es un libro, sino unas películas de un mundo alternativo donde los aliados ganan la guerra. Dice mucho del perfil del espectador millenial, a quien va dirigida la serie y para quien no tendría sentido que la gente luche por lo que dice un libro o siquiera se tome la molestia de leerlo. En cuanto a The Handmaid´s Tale, la trama ha dejado tan atrás el punto en el que concluye el libro, que algunos personajes ya evolucionaron notablemente.

El drama en ambas series alcanza niveles que aterrorizan al más insensible de los espectadores. Las escenas de represión, tortura, maltrato, discriminación, ejecuciones, exterminio y hasta genocidio no dejan lugar a la indiferencia de la audiencia. La monstruosidad que puede registrar el totalitarismo en nuestro tiempo, así sea en adaptaciones cinematográficas, permite entrever lo que las nuevas tecnologías pueden hacer contra la libertad humana. En el caso de The Handmaid´s Tale pareciera una advertencia aún más poderosa si uno considera que la teocracia se instauró con el pretexto de una crisis… como el coronavirus.

Está más que documentada la superior capacidad previsora de los buenos escritores sobre los politólogos y practicantes de las ciencias sociales. En múltiples ocasiones y en numerosos países, grandes narradores se han adelantado a pronosticar movimientos sociales, cambios políticos, innovadores equilibrios de poder o el ascenso de nuevos actores. Así fue con la gran novela Eso no puede pasar aquí de Sinclair Lewis o bien La conjura contra América de Philip Roth (hoy otra exitosísima serie televisiva en HBO), que anticiparon con gran precisión la llegada al poder de una figura como la de Donald Trump.

¿Sería posible entonces que estos libros y estas series de televisión nos estén diciendo algo sobre lo que viene? Más aún ¿sobre lo que ya ocurre? Ayer el diario El País publicó una extensa nota Democracia en cuarentena por coronavirus donde se lee lo siguiente “En Rusia se ha incrementado el uso de la tecnología para el escrutinio masivo y se han aprobado nuevas normas contra las noticias falsas sobre el virus, que podrían derivar en un incremento de la persecución a los medios independientes. Una fórmula que también están aplicando ya Serbia o Turquía. En Hungría, el Gobierno de Viktor Orbán ha ampliado el estado de alarma para gobernar por decreto de forma indefinida, parapetándose en la pandemia. Y con el argumento de proteger la salud pública, Moldavia o Montenegro han traspasado barreras graves al difundir datos sanitarios de personas infectadas o sospechosas de estarlo. En Israel, el partido del primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha empleado la emergencia sanitaria para evitar que la oposición –que ganó la mayoría de escaños en los comicios del 2 de marzo— tome el control de los procedimientos parlamentarios.”

Varios gobiernos están aprovechando la crisis sanitaria para establecer medidas francamente antiliberales y antidemocráticas. Es inevitable la sensación de déjà vu. Lo invito a ver las series The Man in the High Castle y The Handmaid´s Tale. Al margen de la elevada calidad de su producción y el gran entretenimiento que le proporcionarán, lo conducirán a reflexiones muy perturbadoras sobre nuestro tiempo.

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