Otros dos vicios de la historia: los charlatanes y el enclaustramiento

Tres de Tres

Por José Luis Enríquez Guzmán

 Hace tiempo discutí con una doctora acerca del falso discurso del revisionismo acerca del Holocausto, el cual niega que este acontecimiento haya ocurrido y que más bien fue una construcción de las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial para desprestigiar los logros del nacismo, si es que los hubo. Con un poco de descaro y algo de burla le respondí que esa información era falsa, y que si ella le creía a los que habían escrito eso, era como si yo prefiriera los productos de Herbalife por encima de una consulta médica.

Como en todas las profesiones, la de historiar está llena de charlatanes y ociosos que no saben de lo que hablan porque carecen de las herramientas prácticas y teóricas que los historiadores de carrera tienen, aunque algunos se asemejan a los de otras disciplinas afines y auxiliares. Sin embargo, cabe hacer una aclaración sobre este tema. La mitad de la carrera nos la pasamos leyendo a autores “clásicos” de la historiografía que no poseían el título de historiador, por el simple hecho de que la profesionalización de la disciplina llegó a Europa hasta finales del siglo XVIII, y en México hasta mediados de la última centuria, lo que no quiere decir que no les considere parte del gremio. Sus obras y métodos fueron relevantes para la construcción de la profesionalización de la historia, aunque no tengan un título. Eso sería pertinente abordarlo en otra ocasión.

El problema no radica en la profesionalización, sino en el enclaustramiento de esos profesionistas, que dejan el terreno libre para pseudohistoriadores que acaparan los reflectores de los medios de comunicación, produciendo un discurso mal logrado, de odio, confuso, con marcados tintes políticos y hasta peligroso. Los hay tanto de “derecha” como de “izquierda” y buscan imponer su interpretación del pasado como la “correcta” o, ¿por qué no?, hegemónica.

Una de las características básicas para identificar a estos charlatanes es que todos se lanzan contra un enemigo en común y abstracto: la historia oficial. Para algunos autores es la versión gubernamental de la historia, un discurso estático, una historia sin crítica, elija la que mejor le acomode. Este enemigo es una creación arbitraria que construyen para poder justificar su interpretación, pero carece de sustento. Aunado a esto, su mayor mérito es transpolar la versión “oficial”: los buenos ahora son los malos y viceversa. Hernán Cortés, Agustín de Iturbide, Santa Anna, Félix Zuloaga y Porfirio Díaz pasan del banquillo de los acusados al de los acusadores, y en su lugar llegan Miguel Hidalgo, Morelos, Benito Juárez, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, etc. La historia tan acrítica de la que se quejan es la misma que reproducen, justificando, consciente o inconscientemente, acciones como el colonialismo, la represión, la criminalidad y la irracionalidad. Pero, ¿por qué estos sujetos tienen poder mediático y el resto de los historiadores no? Por otro de los vicios de la historia: el enclaustramiento.

La mayoría de la producción académica que se realiza en las universidades, en los institutos y en los museos es de autoconsumo para los historiadores, y aun cuando puede ser comprensible para los que no se encuentran en la academia, no está a su alcance. La mayoría de las instituciones educativas se vanaglorian de hacer producciones de divulgación, pero que no son asequibles ni atractivos para la población en general. Como dijo el historiador Mauricio Tenorio Trillo, a la historia le hacen falta académicos con menos solemnidad.

Si los charlatanes están a la orden del día es por la ausencia de los verdaderos historiadores que pueden ofrecer interpretaciones novedosas y útiles, y no discursos de odio que buscan enriquecer  a un grupo político. La continua presencia de estos charlatanes no sólo daña la imagen de la profesión, sino la ampliación del mercado laboral y la valoración de la utilidad de la historia para la sociedad.

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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