Happy hour

Por Irma Angélica Velázquez

Trabajo en una de esas empresas que pese a lo complicado que parecía, en apenas 3 semanas pudo moverse por completo a operar desde casa. Si, soy de esos afortunados Godínez que están haciendo home office durante la cuarentena, ahora somos más de 300 empleados expertos en todos esos softwares que permiten conectarse vía remota a un servidor, tener reuniones virtuales, hacer chat rooms con equipos diversos y más. Ayer, el director de México y el de la región de Latinoamérica, promovieron que nos conectáramos al finalizar el horario de trabajo a una sesión llamada Happy hour donde, en un ambiente más relajado, incentivaron a que los empleados voluntariamente y con un trago en la mano, como normalmente haríamos los Godínez antes de un puente, contáramos nuestras experiencias trabajando desde casa.

Para romper el hielo, el director de la región –haciendo cuarentena en Denver— nos mostró el área donde ha estado trabajando estos días, la vista que tiene desde su ventana, platicó un poco de su nueva y forzada rutina y de los beneficios que ha encontrado al ahorrarse tantos viajes por el continente; poco a poco, otros fueron contando sus experiencias, haciendo preguntas en el foro, compartiendo fotografías, etcétera. La mayoría coincidió en los beneficios de trabajar en casa, el ahorro de las horas perdidas en el tráfico, más tiempo con la familia, más horas para dormir, presentaron ante la cámara a sus perrhijos, agradecieron los esfuerzos de diversas áreas que han permitido lograr que sigamos operando, etc. Pero todos coincidieron en un punto: ahora trabajamos más, y somos más productivos.

Yo me limité a observar, no participé, no pregunté, no felicité, me estaba sobrepasando la realidad. En un mes, la vida como la conocía cambió; el virus nos acecha encubierto en el abrazo del amigo, el botón de un elevador, en los jitomates del súper y en los paquetes que nos entrega un repartidor en nuestra puerta. El único lugar donde estamos seguros está del otro lado de las pantallas, en ese mundo virtual por donde ahora interactuamos. El peligro es real y la sospecha está en todos lados. Mientras alguien platicaba de sus avances para cocinar y le hacían bromas al respecto; yo no podía dejar de pensar en el disciplinamiento del que habló Foucault.

Yo pertenezco a ese segmento poblacional que viajaba por turismo y por trabajo, y que ahora puede seguir haciendo su trabajo desde el refugio de una plataforma virtual. En las últimas semanas he tomado un par de cursos y me he conectado a conciertos virtuales. Sigo siendo productiva desde el autoencierro.

Hace justo un mes las mujeres nos quedábamos en casa como protesta por todos los feminicidios y la falta de respuesta de las autoridades para frenar la violencia contra las mujeres. Hoy siento que lo que pudimos ganar con ese paro, se diluye en la cuarentena, limitándonos al activismo cibernético que se pierde entre las miles de noticias sobre el coronavirus.

Regresando a Michael Foucault, en su obra Vigilar y Castigar, habla de los métodos que, mediante el control de las operaciones del Cuerpo imponen una relación de docilidad – utilidad. El Cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone. En esta forma de poder, a diferencia de la soberanía, la disciplina no gira en torno a la regla jurídica, sino a la regla natural (la norma). Se infiere que el Cuerpo, en la medida que es disciplinado aumenta la producción exigida, aumenta su capacidad útil y disminuye la auto-determinación, pues delega la fuerza de su cuerpo a la voluntad de un “otro”. Cuando se disciplina un Cuerpo, se aniquila la voluntad individual, y el Cuerpo recibe indicaciones para convertirse en un hombre máquina.

Todos coincidimos que para cuando termine la cuarentena, nuestro modo de trabajar necesariamente será diferente. Nos hemos inmovilizado lo suficiente para no detener la producción y el consumo, pero si reducir la propagación del virus, y si, entiendo que sólo un sector de la población formamos parte de esta microeconomía del autoencierro.

Estamos ante un cambio de época y quizá ante una restructuración económica y una nueva forma de poder. Es muy prematuro predecir hacia donde vamos, o tal vez sólo el encierro me hace entrar en especulaciones conspiranoicas donde solo había una intención de charla social.

Autor: Arturo Rodriguez García

Creador del proyecto Notas Sin Pauta. Es además, reportero en el Semanario Proceso; realiza cápsulas de opinión en Grupo Fórmula y es podcaster en Convoy Network. Autor de los libros NL. Los traficantes del poder (Oficio EdicionEs. 2009), El regreso autoritario del PRI (Grigalbo. 2015) y Ecos del 68 (Proceso Ediciones. 2018).

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