El “anti” y el “pro”: estados que conviven en el ser humano

Para el filósofo italiano Giogio Agamben, el ser humano está hecho de polos opuestos, de potencia e impotencia, de posibilidad e imposibilidad, de lo que puede y lo que no puede.

Esta idea me hizo pensar en uno de los temas más controversiales del feminismo contemporáneo, el aborto. En el asunto, hay muchos puntos que deberían ser objeto de nuestra atención y análisis, en este texto intentaré abordar un par, desde una perspectiva que se esforzará por ser imparcial.

Sin duda alguna, la procreación, tal como nos lo ha explicado la biología, requiere de dos elementos básicos: un óvulo y un espermatozoide, si alguno de estos elementos falta la procreación es imposible. Sin embargo, afortunada o desafortunadamente, el ser humano no puede ser reducido a su biología. En este sentido, la procreación es un tema femenino, pues dentro de nuestra sociedad, la procreación siempre es responsabilidad de la mujer puesto que es ella quien lleva dentro de su cuerpo una nueva vida y es aquí donde surge la primera disputa.

No es que las activistas estén a favor del asesinato, detrás de la lucha por legalizar el aborto está el deseo de que todas las mujeres puedan elegir sobre sus cuerpos, tal como lo puede hacer un hombre cuando elige no ser padre. Detrás de cada aborto hay una serie de circunstancias éticas, económicas, culturales, políticas, religiosas, emocionales y biológicas que sólo los directamente afectados pueden juzgar. Es irresponsable pensar el tema en términos absolutistas cuando cada situación responde a características muy particulares. En este escenario decir: ninguna mujer debería abortar, equivaldría a decir todas las mujeres deberían abortar. Podemos ver dos polos que se presumen opuestos, en una misma línea extremista.

El otro punto que me parece de suma importancia es la construcción conceptual qué se crea alrededor del anti-aborto y el pro-aborto. Existe una relación de opuestos entre las personas que están a favor del aborto, entendiendo este como la lucha por poder elegir sobre nuestros cuerpos y los que están en contra del aborto, es decir, los que defienden los derechos del ser humano que se está formando en el vientre materno. Sin embargo, desde mi punto de vista es una contraposición descontextualizada.

Como yo puedo verlo, ambas son pro-vida, lo único que las diferencia es la forma en la que cada postura percibe la vida. Los pro-aborto conciben la vida desde la cotidianidad, la forma en la que viven las personas el día a día. Los antiaborto, por su parte, perciben la vida desde su concepción. Lo que se está pasando por alto es que la vida está conformada de estos dos enfoques: la concepción y la cotidianidad, no podría existir una sin la otra. Ejemplos claros son las circunstancias legales bajo las cuales una mujer puede abortar: violación, enfermedades o deformaciones genéticas en el bebé o cuando la vida de la madre peligre. Son justamente estos ejemplos los que me hacen pensar en Agamben, pues las personas militantes en contra del aborto aceptan que existen circunstancias bajo las cuales un embarazo puede ser interrumpido y, paradójicamente, estos mismos ejemplos dan cuenta de que las personas a favor del aborto no intervendrían si una mujer quiere traer al mundo a un ser humano que va a padecer alguna enfermedad genética o exigirle el abortar a una mujer que decide tener al bebé, producto de su violación. Lo que trato de expresa a través de estos ejemplos es que no existen reglas y excepciones sino seres humanos en circunstancias dadas. En el tema del aborto, cada caso es único.

Creo que uno de los grandes retos y responsabilidades de las personas que somos provida (concepto en el cual caben tanto los que están a favor como los que están en contra del aborto) es encontrar el justo medio entre ambas formas de ver la vida: la concepción y la cotidianidad y comprender qué, desde esa perspectiva, nadie es enemigo de nadie.

Autor: Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades

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