Yo no fui a la escuela

#EnElÚltimoTrago …

Por Fernando Rubí León / Casa León Rojo

A Rita

Cuando se habla de la gente del campo, suele haber una actitud de discriminación por condición educativa.

Andar por el campo me permite conocer a mujeres y hombres que saben más que muchos biólogos con doctorado; he visto cómo resuelven problemas sin energía eléctrica ni internet, no pierden el tiempo en buscar la señal del celular y se ponen a trabajar. Me pregunto¿ir a la escuela sirve? Sin duda, pero el egocentrismo, la pretendida superioridad en la que muchos se autoafirman, no corresponde con sus resultados.

“Yo no fui a la escuela” me dijo un campesino cafetalero. Me contaba cómo los ingenieros querian obligarlo a cambiar su método de mantenimiento sin antes enterder las razones del por qué hacia de un modo u otro su trabajo. Los especialistas gubernamentales o bien, oenegeros, solo iban una vez al año y querían imponer su visión a los habitantes del campo, sin enterder su entorno.

Quizás la escuela nos impone dogmas y visiones que pocos cuestionan y contrastan con la realidad. En una de esas pláticas donde les comentaba la importancia de los polinizadores muchos me contaron que antes los árboles floreaban y ahora ya no, este cambio que impacta la población de polinizadores y árboles ha sido poco documentado.

En la biología desde hace mucho tiempo se dice que hay dos tipos de biólogos: de bata o de bota, obvia la referencia a quienes prefieren estar en el laboratorio inmersoso en la moda de trabajar con marcadores moleculares, que brinda mayor reconocimiento, en lugar de ir al campo a entender el entorno complejo de las interacciones entre los agentes de un ecosistema, y por su puesto, el componente social y económico.

Como una moda, trabajar en laboratorio –además de usar juguetes caros– se entiende porque hay un interés monetario centrado en los fondos de las farmecéuticas y, de esta manera, colocarse laboralmente (no en todos los casos es así pero es muy común). Hoy en día este tipo de estrategias parecen ir encaminadas a prácticas de biopiratería en beneficio del sector agroalimentario y farmacéutico. Ir a campo cada día se menosprecia más por los profesores,  porque es tedioso y les priva de las comodidades de este tiempo, cuando en realidad, la tierra es el gran laboratorio.

El balance entre el laboratorio y el campo debería no solo ser parte de la curricula de muchas disciplinas sino una buena práctica entre sus profesionales. Recrear un ecosistema en un laboratorio es sumamente caro, no todo puede ser reproducido en un laboratorio (ambiente controlado) e intertar extrapolar los resultados a la realidad con las interacciones de sus agentes.

Convivir con la gente del campo permite conocer su ingenio, imaginar y comprobar cómo desde las mñas antiguas civilizaciones y hasta ahora: es capaz de entender su entorno, construye sus conocimientos con base en la observación y el cuestionamiento de todo lo que les rodea, un privilegio fundado en las pocas distracciones que tienen.

Con el pretexto del aislamiento muchos recurren al ejemplo de Newton, quien fue un genio malvado. Newton quien estudió y entendió el moviento de los grandes cuerpos, gracias al trabajo de Kepler, Copernico, Huygens y Galileo (de 1512 a 1656) pudo formular sus leyes de movimiento, es el Cálculo (a partir de ese momento Diferencial e Infinitesimal) que le suele dar un más reconocimiento. En 1665 los ingleses dijeron que Newton inventó el Cálculo, en el mismo instante en que, aquel al que llaman último genio universal, Gottfried Wilhelm Leibniz, estudiaba y viajaba por toda Europa para aprender de los grandes filósofos y matemáticos de esa época.

Newton publicó su Principia Mathematica en 1687 y acusó a Leibniz de plagio a pesar de que (Leibniz) en 1675 introdujo el uso de la notación que hasta nuestros días se usa en el Cálculo. Newton, con ayuda de sus lisonjeros de la Real Sociedad e incluso con la colaboración de Voltaire atacan y vituperían a Leibniz y la narrativa dominante, usó toda su capacidad vengativa para denostarlo (Newton fue presidente de la Real Sociedad durante este altercado). Este culto al ego de Newton ocasionó a la ciencia un retraso de al menos 100 años porque nadie se atrevía si quiera a cuestionar su visión. En la escuela solo nos proporcionan un lado de la historia que además ilustra cómo los dogmas, aprecios e intereses nos sesgan.

Newton influyó sobre Hobbes quien trató de usar los conceptos de mecánica clásica en su obra maestra: Leviatán, y Leibniz formó a los hermanos Bernoulli (descubridores del número (exponencial) ,  ley de los grandes números (Probabilidad y Estadística), …).

El lugar donde yacen los restos de Newton es en la Abadia de Westminster. Es imposible que pase desapercibido que los restos de Leibniz están en una pequeña iglesia de Hannover, aunque ambos transcendieron su tiempo gracias a su genialidad.

No es ni el primero ni el último de los altercados que se presentan entre científicos, sí es de los más famosos junto con el Bohr – Einstein , Darwin – Wallace, Feynman – Gell-mann. La amplitud de visiones y opiniones, que enriquece y construye el conocimiento, es una diversidad venga de donde venga debería ser enseñada en las escuelas.

Alguien cuesitonará ¿y qué diablos tienen que ver esto con el Mezcal?

La ciencia en su expresión avanzada deberia recuperar la base de observación e impacto dentro de su entorno e interacción con sus agentes tanto en sus ambientes nano como en los macro. Los biólogos tendían a rehuir de las Matemáticas pero estas son parte de la naturaleza.  Galileo Galilei dijo:

”Las matemáticas son el lenguaje con el que el Dios ha escrito el universo”, por ende la naturaleza. En el mezcal hay mucha ciencia (empírica y avanzada) y en los ecosistemas del agave existen muchos sistemas complejos, es deseable que los científicos escuchen y entiendan a los pobladores del campo, que construyan vínculos y sinergias.

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La última y nos vamos …

 

A partir de esta coloboración y hasta que termine la fase crítica del COVID dedicaré este espacio al personal de la salud. Provengo de familia de médicos (ella: epidemiológa y salubrista, él: médico cirujano) y tuve el privilegio de andar entre batas y uniformes clínicos, conozco a muchos trabajadores de la salud y su entorno, haré un homenaje (y agradecimiento) para mujeres y hombres que están en la línea de acción contra el SARS CoV 2.

 

Un mensaje:

De carácter tímido e introvertido, que hacia pensar a muchos en debilidad, con arrojo, después de terminar tu formación en enfermería llegaste a la Ciudad de México para realizar tu maestría en Salud Pública. Regresaste a tu lugar de origen y, a base de trabajo y esfuerzo de años obtuviste una jefatura en un hospital del IMSS. Dada tu facilidad de trato y conocimientos, los directivos además te dieron la responsabilidad de estar en el departamento de enseñanza. Fuiste, mujer que pudo romper el yugo de una pareja poco afortuda y mostró su fortaleza al salir adelante con sus tres hijos.

Tú hablar, candidez y bondad con tus compañeras con los pacientes hacian parecer que la cotidianidad a la que te enfrestaste era no más que terza, nada más alejado de la realidad, pues tratar a diario con gente con distintos padecimientos, temores y el ego de los médicos son de las actividades que más desgastan emocionalmente, y todo eso sin descuidar tu papel de madre, orgullosa de tu vida y el trabajo realizado por décadas. Tu compromiso era ejemplar pero más tu humanidad.

La mayoría cree que los médicos son el alma de un hospital y por eso les dan un reconocimiento que a veces no se han ganado. Los médicos son parte importante pero son las enfermeras junto con afanadores, camilleros, ambulancias, intendencia y administrativos la fueza vital de un nosocomio, eso fue lo que aprendí de ti.

Entraste al quirófano por un tumor en el corazón, algo poco probable. No volvimos a platicar ni nos pudimos abrazar de nuevo, no tuve la oportunidad de despedirme, saliste de ese quirófano para hacer un viaje a las estrellas.

 

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