El mecanismo del corazón

Laberintos Mentales

Por Arantxa de Haro

El amor no se rige por pretensiones académicas, ni lógicas filosóficas disonantes. El amor es el cariño, el cuidado, la atención, el tiempo. En estos tiempos donde la vida se ve amenazada por un patógeno mutante que pasea por calles y objetos, pensar en envejecer junto a un alma es una vanidad vacía, cuando siquiera desconocemos seguir vivos el mes entrante. Me encuentro en mi morada protegida, donde tomo las decisiones más lógicas posibles. A mi sistemática mente no le importa si como lo mismo durante meses, visto igual todos los días, escucho una canción durante horas, o estoy encerrada indefinidamente. En mí pesa más la practicidad que el ocio. Mi mente y mi corazón conjugados, sólo siento lo que razono.

El tiempo en aislamiento me hace regresar en el pasado y buscar en mis memorias los detalles más pequeños de personas que conozco, de acontecimientos. Y revivo cada detalle, y desmenuzo cada partícula, y uno con una línea lógica los puntos suspendidos, los cuales muestran formas como las constelaciones en la bóveda celeste de mi psique, conclusiones, respuestas a enigmas que no habían sido resueltos. Y en un momento magistral, llega la claridad. Y con eso la calma.

Ella me escucha hablar durante horas acerca de ese asunto que había quedado en el umbral de algo que no terminaba de definirse. Vuelvo a recordar esos días de lluvia de Junio, los olores, las sensaciones y los sucesos cronológicos, en ese diván improvisado que es mi cama y la presencia digital de mi amistad como oído. Una y otra vez como quien revisa y rebobina una cinta de vigilancia de una escena de un crimen, repaso mis memorias desempolvándolas y resignificándolas. A veces regreso al mismo punto varias veces, y hacemos zoom a un detalle ínfimo. Tomamos nota.

En el inter de esa exhaustiva entrevista, sale de mi boca una palabra, un lapsus de aquello que asoma mi sentir. Al pronunciar esa palabra, mi rostro se tiñe carmesí por poner en evidencia lo que mi corazón oculta, lo que mi inconsciente conoce. Y entonces sentí esa claridad magnífica: ni el asombroso currículum podrá borrar la falta de carácter, la tibieza del actuar, ni la indecisión. En cambio, los más mínimos detalles, la compañía, la ternura, la inteligencia pasional y creativa, podrán mostrar la pasión con la que se vive. No puedo jamás perder tiempo valioso que queda en intentar resolver una situación cognitiva que ni es propia ni me compete. Menos ahora que el tiempo es un bien preciado y escaso. Regreso unos pasos más sólo por mi bien, clarifico el propósito de lo que construyo. Sin embargo, muy en el fondo sé que ya tengo algo decidido.

Autor: Arantxa De Haro

Escritor amateur, multidisciplinario por pasatiempo, aficionado a los idiomas

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