Hiroshima, y el periodismo de “el día después”

Fotografía de John Hersey. Me gusta leer.

DE UN MUNDO RARO

En agosto de 1946, la afamada revista norteamericana The New Yorker publicó una edición especial monotemática con motivo del primer año del lanzamiento del ataque con bomba atómica a la ciudad japonesa de Hiroshima, acontecimiento que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El contenido íntegro de la edición correspondió a un extenso reportaje elaborado por el periodista John Hersey, quien fue enviado especial de la revista por encargo del director ejecutivo, William Shawn, con la encomienda de realizar un relato periodístico que reflejara a detalle el lado humano del violento nacimiento de la era atómica y del surgimiento de una nueva modalidad en los conflictos bélicos: el de las armas de destrucción masiva.

El reportero viajó desde Singapur, su lugar de residencia, para realizar una estancia de varios meses en Hiroshima, donde logró recopilar una gran de cantidad de testimonios sobre los horrores del holocausto nuclear:

Una ciudad devastada, hospitales saturados por la gran cantidad de heridos y enfermos por las secuelas de la radiación atómica y la crisis desatada por la problemática de disponer no sólo de los muertos generados por la detonación de la bomba, sino también por los cientos de decesos que se vendrían registrando después cómo resultado de los efectos colaterales de esa masacre.

Para la realización de su reportaje especial para The New Yorker, Hersey eligió los testimonios de seis personajes: el médico cirujano Terufumi Sasaki; Hatsuyo Nakamuro, una mujer viuda con tres hijos pequeños; el presbítero alemán Willhen Kleinsorge, misionero religioso en Japón; el doctor Masakazu Fuji; el pastor metodista Kiyoshi Taninoto y la joven oficinista Toshiko Sasaki.

La edición especial de New Yorker tuvo un éxito sin precedentes, lo cual derivó en su posterior publicación en formato de libro. Con el paso de tiempo, “Hiroshima” -título del reportaje y del libro en cuestión- se convirtió en un referente obligado del periodismo del siglo XX y en un clásico de la llamada “literatura de guerra”.

Sin embargo, a diferencia de otros trabajos de dicho género, el mega reportaje de John Hersey no es un mero documento de propaganda macarthista como muchos que vieron la luz en el nacimiento de la Guerra Fría, sino que constituye una muestra clara de cómo el periodismo puede acercarnos al lado sensible de la tragedia nuclear, mostrando qué más allá de la frialdad de la cifra de 100 mil muertes que dejó el bombardeo, existen historias de seres humanos de carne y hueso que enfrentaron el reto de rehacer su vida después de la hecatombe, a pesar de las heridas físicas, psicológicas y las consecuencias sociales que tuvieron que enfrentar.

Un elemento que da mayor trascendencia y relevancia a este trabajo ocurrió 40 años después de su lanzamiento original, John Hersey publicó un nuevo reportaje, que a la postre se convertiría en el quinto capítulo de su obra, bajo el título de “Las consecuencias” (“The Aftermath”).

En un ejercicio magistral, el reportero regresó al lugar de los hechos y contactó una vez más a los protagonistas, para exponer la evolución de sus vidas a cuatro décadas de distancia.

La remembranza sobre esta obra viene a colación por el momento complicado que vive la humanidad en torno a la pandemia del COVID19 y a los retos que enfrentan los comunicadores para informar sin sensacionalismos sobre los pormenores de este acontecimiento global.

En distintos países del orbe está teniendo lugar una intensa guerra de cifras y discursos entre la narrativa oficial y la realidad que se vive pie a tierra en las distintas comunidades. Por un lado los gobiernos intentan dar sustento a su versión de los hechos apoyados en estadísticas y argumentos técnicos y científicos; pero por otro lado existe una realidad que se vive a flor de piel en las historias que se desarrollan día a día en las clínicas y hospitales, en los hogares en confinamiento y en el inminente desastre económico que se anticipa como resultado de la pandemia.

Y se debe entender que muy seguramente tomará bastantes años, si no es que décadas, dimensionar los alcances y limitaciones de las acciones tomadas por la parte oficial, sus aciertos y errores.

Es menester entender que en un fenómeno de esta magnitud , el periodismo de investigación y de crónica jugará un papel importantísimo para interpretar la realidad de lo que estamos viviendo.

Es evidente que en episodios tan complejos como lo son las guerras, los desastres naturales y las grandes catástrofes hay quienes buscan hacer uso del sensacionalismo con la mera intención de acaparar audiencias o incluso de lucrar políticamente con la información y los testimonios, pero al final del día, el periodismo será una de las fuentes primigenias de las que abrevaran los historiadores en el momento de reseñar estos aciagos días.

En tiempos de polarización extrema como los que se viven en México resulta fácil juzgar con ligereza el trabajo de los periodistas, pero muy seguramente habrá medios y comunicadores cuyo trabajo sea capaz de marcar la diferencia y alcanzar un nivel de trascendencia digno de ser tomado como referente en el futuro análisis y recuento de los acontecimientos.

Aún falta, al parecer, mucho por ver en el devenir de la contingencia epidemiológica que azota al mundo. Y en su momento, parte del llamado “retorno a la normalidad” implicará, necesariamente, contrastar las cifras y estadísticas oficiales con la realidad que se vive en ciudades, poblados y pequeños núcleos de convivencia.

Aún es muy temprano para saber si el discurso oficial y las coberturas informativas aguantarán la “prueba del ácido” que implica el contrastar sus efectos con el paso de los años. Pero en su caso, esperemos que en el futuro existan periodistas con la misma visión y compromiso de John Hersey, cuya labor permitió dimensionar las cicatrices físicas y emocionales de uno de los más negros episodios de la historia de la humanidad.

Démosle pues, el beneficio de la duda al periodismo profesional.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

-Pink Floyd (Inglaterra)
“The great gig in the sky”

https://youtu.be/cVBCE3gaNxc

-Prince (Estados Unidos)
“1999”

https://youtu.be/rblt2EtFfC4

_Black Sabbath (Inglaterra)
“War pigs”

https://youtu.be/LQUXuQ6Zd9w

-León Gieco (Argentina)
“Sólo le pido a Dios”

https://youtu.be/81tXA4BadiU

[HD] Pink Floyd – The Great Gig In The Sky

Pink Floyd’s ethereal song from the epic Dark Side Of The Moon album. No copyright infringement intended.

youtube.com

 

 

Autor: miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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