Los peores vecinos del mundo (V)

Foto: Kalea Jerielle en Unsplash

Todo mundo sabe que dormir siestas después de las cinco de la tarde es una pésima idea. Aún así, y nomás porque siempre he de hacer lo que no se debe, el otro día tomé, o mejor dicho, intenté tomar una a esas horas. La cama estaba fresquita, complaciente; prendí el ventilador y me acosté descalza —mi estatus normal en casa. Ya estaba cayendo arena mágica de los sueños en mis párpados cuando los vecinitos —son dos niños, uno de 4 y otra de 6— gritaron de tal forma que sentí navajas encajadas en los oídos. Seguido de sus gritos se escuchó la caída de un mueble (?) y luego un revoltijo de gritos de adultos, de niños (¿más niños?, no, los mismos dos), cosas que caían: metales, maderas, vidrios. Cualquier persona decente —o que no estuviera acostumbrada a tales eventos—  habría corrido a asistir a los vecinos que, según el nivel de alboroto, daría por hecho que estarían pasando graves aprietos, algún derrumbe o una emergencia mortal. En cambio permanecí en la cama, crucé los brazos bajo mi nuca y me hice dos reproches: hacer siesta a esa hora grosera y haber escogido esa casa para vivir solo porque tenía un limonero y un ficus. Me arrepentí de inmediato; recordé los arbolitos y volví sobre mis pensamientos. Seguí mirando el techo y mientras al otro lado la hecatombe continuaba me dejé llevar por varias ideas sobre la situación. Poco después concluí que de existir algo así como una Policía del Pensamiento me habría enviado una misiva de advertencia. Una misiva que redacté, por supuesto, mientras una nueva ola de sonidos llegaba hasta mi ventana.


DEPENDENCIA: Policía del Pensamiento
No. de oficio 200513
Expediente: V.L.2020
Asunto: Advertencia por odio a los vecinos y arrogancia maternal 

Honorable C. Vonne Lara,

Por medio de la presente hacemos de su conocimiento que detectamos una serie pensamientos que van en contra no solo de la buena vecindad sino de la virtud humana. Por tal motivo se le exhorta a hacer todo lo necesario para evitar dichos pensamientos, que incluso han superado su tendencia ya de por sí misántropa.

Le informamos, además, que tenemos conocimiento de su persistente arrogancia sobre el método de educación de sus hijas. Sentimos informarle que todos los padres y madres del planeta creen lo mismo y esta es la principal causa de su fracaso.

Sabemos que la vida como tal es un tránsito descorazonador y los humanos un mal inevitable, por tanto le aconsejamos a abandonar cuanto antes la creencia de que existe la civilidad, el orden y el respeto.

ABANDONE TODA ESPERANZA.

(O cámbiese de casa, la única ventaja de ser de una generación despojada de poder adquisitivo para un patrimonio inmueble es esa).

Por último, y no menos importante: abandone la idea de que sus hijas son adorables y sus risas melodiosas para todo el mundo. No lo son.

Atentamente,

Policía del Pensamiento


Los finales de las cavilaciones inútiles siempre son reveladores. Esta vez no fue la excepción: la Thinkpol no manda misivas a los proles. Qué gusto, me dije, podré seguir odiando a mis vecinos sin ningún pudor, incluso si se trata de niños, y criticar a todos los padres por no ser tan buenos educando a sus hijos como yo.

Autor: Vonne Lara

Diseño libros e intento escribir otros. Amo la música, la cultura, la ciencia y la tecnología. Mamá cósmica.