La liberación llegó por el oriente

Por Yaocihuatl Atenea

El 9 de mayo pasado se conmemoraron 75 años de la derrota fascista a manos del Ejército Rojo. La gran victoria se logró con el sacrificio de más de 20 millones de ciudadanos y soldados soviéticos. Tan sólo en el inhumano sitio a Leningrado murieron más de un millón de soviéticos quienes, además, resistieron heroicamente los ataques del ejército alemán.

Las batallas libradas por el Ejército Rojo de la Unión Soviética son numerosas y espectaculares. A sólo 30 kilómetros de Moscú, el pueblo soviético pudo detener el avance del ejército nazi y la batalla de Stalingrado dio un giro definitivo a la guerra, pues fue ahí donde se definió la derrota alemana.

A pesar de que la mayor parte de las epopeyas libradas por los soldados soviéticos son numerosas, el imperialismo ha querido borrar de la historia el sacrificio y el triunfo evidente de los comunistas en esta guerra, denominada por los soviéticos Gran Guerra Patria.

Durante la conmemoración de la derrota nazi este año, en el colmo de la desfachatez, la Casa Blanca lanzó un mensaje en sus redes sociales en el que definía a Estados Unidos y Gran Bretaña como los “vencedores” de la guerra, sin mencionar siquiera el papel definitivo del ejército y el pueblo soviéticos.

Y si el imperialismo ha luchado por borrar de la historia al pueblo soviético y su ejército, más se ha empeñado en borrar de la historia a las mujeres que combatieron heroicamente por la destrucción del fascismo, entre las que se cuentan, por lo menos, un millón de ellas.

Las mujeres soviéticas combatieron en todos los frentes y desarrollaron todo tipo de tareas, desde enfermeras y médicos hasta zapadoras, fusileras, francotiradoras, aviadoras, marinas, tanquistas, etc.

Las historias más memorables sin embargo, se encuentran entre las francotiradoras y las aviadoras. Particular mención merecen también las combatientes de Leningrado y Satlingrado pues, para preparar la gran ofensiva soviética, la mayor parte de los hombres de estas ciudades habían sido trasladados a los frentes norte y sur y las mujeres que se quedaron en esas ciudades se convirtieron en poderosas combatientes antifascistas. Lo mismo obreras, campesinas, maestras que soldados entrenadas, desarrollaron importantes combates por defender sus ciudades y su país.

Un ejemplo de tenacidad y heroicidad fueron las combatientes del 1077º regimiento de defensa antiaérea de Stalingrado, conformado exclusivamente por mujeres jóvenes –ninguna de ellas superaba los 20 años– quienes lucharon en la defensa de la ciudad decididamente. Cuando el ejército nazi lanzó un poderoso bombardeo por tierra y aire, las combatientes recibieron una firme orden: defender la fábrica de tractores que se había reconvertido en fábrica de tanques, pues la producción de estas armas era decisiva en aquel momento de la guerra. Las combatientes resistieron con ferocidad el ataque alemán durante dos días y lograron la destrucción de 83 tanques alemanes, hazaña lograda con tan sólo 37 cañones M1039 y sin tropas de infantería. Cuando los alemanes lograron derrotarlas recibieron una mayúscula sorpresa al encontrar únicamente cadáveres de jóvenes mujeres junto a los puestos de artillería. Los alemanes no cabían en su sorpresa, el infernal ataque había sido enfrentado sólo por mujeres.

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Las francotiradoras soviéticas, por su parte, fueron decisivas también en esta conflagración bélica.  Poseían cualidades insuperables: tranquilidad y paciencia que les permitía ser letales frente a sus enemigos. Miles de francotiradoras fueron entrenadas con el mismo rigor que sus pares hombres y sus hazañas fueron igualmente grandiosas. Con su contundencia y letalidad obligaron a los soldados alemanes andar a gatas durante la guerra, pues se sabía que en cualquier sitio podían toparse con estas valientes mujeres. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, Bella Morózova, condecorada por sus combates en la guerra y a quien, con sólo 19 años, le fue desfigurado la mitad del rostro a causa de una bala que le había entrado por la sien atravesándole la cavidad nasal y dejándola sin un ojo; también  Natasha Kovshova y Masha Polivánova quienes en 1942, al prestar ayuda a un camarada, se vieron acorraladas y heridas por el ejército alemán. Bajo estas circunstancias decidieron no dejarse atrapar con vida pues sabían que serían sometidas –como todas las combatientes capturadas–, a violaciones, torturas y finalmente la muerte; así, fueron ellas quienes decidieron cómo morir: quitaron el seguro de sus granadas, esperaron a que llegaran los atacantes y entonces las hicieron estallar logrando, además, acabar con varios alemanes.

Tanya Baramzina, una ex maestra de jardín de niños que se enlistó en el Ejército Rojo como francotiradora, logró aniquilar a 16 soldados enemigos en el Frente Bielorruso; antes de ser capturada y asesinada logró aniquilar a otros 20 hombres. A Liudmila Pavlichenko, la más grande tiradora soviética y quizá del mundo, se le acreditó el aniquilamiento de 309 soldados alemanes en un año. Pavlichenko estudiaba una Maestría en Historia en la Universidad de Kiev al iniciar la guerra y de inmediato se enlistó en las filas del ejército. A pesar de que intentaron convencerla para enlistarse como enfermera se decidió por ser francotiradora. Debido a su estilo sigiloso y preciso durante el combate, se le asignaron las tareas más peligrosas, incluso acabar con otros francotiradores, situación que implicaba verdaderos duelos a muerte durante días. Tras su regreso a Rusia, Liudmila fue promovida a Mayor y se le entregó el título de Heroína de la Unión Soviética, el honor más grande de su país.

Otra de las grandes historias es la de las aviadoras de la fuerza aérea. El primer regimiento en combatir durante la Segunda Guerra Mundial conformado sólo por mujeres fue el 586º Regimiento de Combate Aéreo. Formado a petición de la Heroína de la Unión Soviética Marina Raskova, una piloto veterana de la URSS quien junto a sus compañeras Polina Osipenko y Valentina Grizodúbova estableció en 1938 una marca femenina de distancia de vuelo en un Tupolev ANT-37 –un bombardero de alta autonomía apodado “Rodina” (patria)– desde Moscú hasta Komsomolsk, al este de la Unión Soviética cerca del océano Pacífico. El Regimiento 586 formó parte de la unidad militar denominada temporalmente Grupo de Aviación 122 y de la que también formaban parte el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno –el más conocido regimiento de esta unidad– y el 125º Regimiento de Bombarderos del que Marina Raskova fue la comandante hasta su muerte en un accidente en enero de 1943.

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Esta unidad y sus mujeres combatientes lograron derribar una gran cantidad de aviones germanos y bombardearon a sus enemigos de manera tan letal como sus compañeros. El 586º Regimiento de Combate Aéreo, por ejemplo, llegó a realizar 4,419 misiones y derribó a 38 aeronaves enemigas en 125 combates aéreos. Por su parte, el 125º Regimiento de Bombarderos participó en 1,134 misiones aéreas, arrojando al menos 980 toneladas de bombas. Cinco de sus integrantes fueron condecoradas como Heroínas de la Unión Soviética.

Sus hazañas son igualmente impresionantes y llenas de heroicidad. Por ejemplo, a Lera Khomyakova, su mecánica le exclamó entusiasmada “¡Has derribado un Heinkel, querida!”, después de un combate contra una formación de bombarderos alemanes. Si en las filas de los ejércitos occidentales no había mujeres, mucho menos había mujeres aviadoras, por lo que cada batalla aérea librada por ellas resultaba para los soldados nazis una verdadera curiosidad y generaba gran asombro. El trato a las combatientes capturadas era terrible, por ello cuando la piloto Lina Smirnova fue derribada se pegó un tiro para no ser capturada por los nazis. Otra gran combatiente fue Lilya Litvyak, conocida como la Chica Vengadora o el Lirio Blanco de Stalingrado y Kursk. A ella se le atribuye haber derribado a un as de ases alemán que quedó estupefacto cuando le presentaron a la rival que le había vencido. Litvyak, la aviadora de caza más famosa, con 12 derribos confirmados, desapareció a los 21 años de su Yak-1 con el número 18 y sus restos fueron recuperados hasta 1979.

El regimiento de aviación con mayor fama es el 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno. Este regimiento fue temido y odiado por los soldados nazis y sus acciones osadas y heroicas han sido meritorias de novelas e investigaciones amplias. Los nazis llegaron a denominarlas “Brujas de la noche”.  Estas valientes mujeres piloteaban pequeños aviones biplanos, el Polikarpov Po-2, diseñado en 1928 y destinado en principio para ser utilizado como avión de entrenamiento y para fumigación.

La estrategia utilizada por el 588º era el hostigamiento, realizando bombardeos nocturnos a los campamentos donde el ejército alemán se encontraba descansando y sus alrededores, provocando un eficaz efecto psicológico en el ejército e inseguridad entre sus filas.

El tamaño y tipo de nave les permitía llevar únicamente dos bombas a la vez, por lo que tenían que realizar hasta diez misiones por noche; esto sin posibilidades para cargar con ametralladora, paracaídas o radio debido a las características de la aeronave y la baja altura a la que volaban. Las bajas en este regimiento fueron muy altas y sus ataques fueron épicos. La mayor parte de las Brujas tenía entre 17 y 22 años y a pesar de su corta edad, la valentía de estas jóvenes pilotos fue incalculable.

Algunas de las ventajas con las que contaba su aeronave era que el motor era muy silencioso, lo que les permitía acercarse discretamente a sus blancos para bombardearlos; además, podían volar a baja altura y la velocidad máxima de este biplano era mucho menor a la velocidad mínima necesaria de los cazas alemanes para mantenerse en equilibrio, por lo que los hacía casi imposibles de atacar desde naves enemigas; sin embargo, si la artillería lograba identificarlas eran atacadas de forma inmisericorde.

A lo largo de la guerra el regimiento acumuló aproximadamente 23,672 misiones en combate, incluyendo las siguientes batallas:

Batalla del Cáucaso – 2,920 misiones

Kuban, Taman, Novorossiysk – 4,623 misiones

Ofensiva de Crimea – 6,140 misiones

Ofensiva de Bielorrusia – 400 misiones

Ofensiva de Polonia – 5,421 misiones

Ofensiva alemana – 2,000 misiones

En total, el regimiento en conjunto acumuló 28,676 horas de vuelo, arrojó más de 3,000 toneladas de bombas y más de 26,000 proyectiles incendiarios, dañando o destruyendo por completo 17 cruces de ríos, nueve ferrocarriles, dos estaciones de ferrocarril, 26 almacenes, 12 depósitos de combustible, 176 carros blindados, 86 posiciones defensivas alemanas y 11 reflectores. Además de los bombardeos, la unidad realizó 155 misiones de suministro de alimentos y municiones a las fuerzas soviéticas.

El general Vasili Chuikov, encargado de la dirección de la batalla en Stalingrado expresaba sobre las combatientes:

«La mayoría de las tripulaciones de los cañones antiaéreos y de las luces reflectoras eran mujeres… Se mantenían firmes y seguían disparando aun cuando las bombas estallaban a su alrededor, cuando parecía imposible incluso quedarse en su puesto. En medio de los incendios y el humo, en medio de los estallidos de las bombas, aparentemente sin importarles las columnas de tierra que saltaban al aire por todas partes, se mantenían firmes hasta el fin. Por eso, y a pesar de grandes bajas, los aviones alemanes siempre tropezaban con un fuego concentrado y sufrían muchas pérdidas. Las artilleras bajaron docenas de aviones alemanes encima de la ciudad».[1]

Cuando Hitler lanzó en 1941 la invasión al pueblo soviético, lo hizo basado en la estrategia del blitzkrieg, o guerra relámpago, cuyo propósito era ganar con una victoria rápida, esperando derrotar al Ejército Rojo en no más de tres meses. La firme resistencia del pueblo soviético en la que participaron de manera decidida miles de mujeres logró frenar la invasión y derrotar al más poderoso ejército del mundo.

Nos encontramos en un momento histórico en el que el mundo se enfila nuevamente, a los brazos del fascismo. Por ello, el mundo entero, y los fascistas en particular, no deben olvidar que fueron los comunistas, y de manera decisiva miles de mujeres comunistas, quienes les propinaron la derrota definitiva y heroica.

La historia de estas grandes mujeres combatientes y del pueblo soviético seguirá retumbando en los oídos del fascismo y nosotros no podemos menos que honrarles por sus enormes batallas, sus tremendos sacrificios y el gran amor que profesaron a toda la humanidad, a la que entregaron su vida para salvarla de los horrores de la guerra y de las garras del fascismo.

[1]      https://frenteorienteproletario.wordpress.com/2020/05/10/los-combatientes-rojos-de-stalingrado/

 

“Mujeres y revolución: una reivindicación necesaria”, es una serie de artículos desde los cuales se busca reivindicar la figura de grandes mujeres que han participado de manera preponderante en procesos de lucha revolucionaria y cuya labor ha quedado injustamente relegada en la historia.

Considero necesario destacar el papel que cada una de ellas ha tenido en importantes batallas por la emancipación de la clase obrera y la sociedad en su conjunto, no sólo como acompañantes sino como destacadas protagonistas en la lucha de clases.

Con esta serie también se pretende reafirmar la siguiente tesis: «Cualquiera que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la decidida participación de las mujeres».

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