Tiempo de COVID, tiempo de amores

Fotografía: Brooke Cagle. Unsplash

El concepto de amor, más allá de toda cursilería, tiene una importancia fundamental para todos nosotros, tanto en lo individual como en lo colectivo. No en vano grandes pensadores le han dedicado sus esfuerzos.

Esta importancia esencial radica en la relación que existe en la frase “Decir es hacer”. Bajo este esquema, podríamos inferir que amamos con acuerdo a nuestro concepto de amor. Aunque parezca algo insignificante, esto me remite a la infinidad de ideas cuestionables que existen sobre el amor, como aquellas que incluyen en su concepción cualquier clase de violencia, restricciones en vez de límites, celos, control y demás conductas que terminan por alejarnos de todas las posibilidades que el amor nos ofrece.

Por eso, esta semana, quise dedicarle unas cuantas líneas a este sentimiento que nos involucra a todos, aunque lo más común, hoy en día, es sentirnos excluidos de él. Pero ¿qué puedo decir yo sobre el amor que no se haya dicho ya y que encima de todo no suene a dogma? Lo único que puedo compartir, sin tener ninguna pretensión de aportar algo nuevo o diferente al tema, es mi propia experiencia, la forma en la que el amor (mí amor) me ha hecho yo misma, me ha conformado y configurado en el mundo, en este mundo donde falta de todo, pero, sobre todo, falta amor, amor de ese que mejora, que transforma, que es benéfico y propicio para el encuentro con nosotros mismos y con los otros.

Comenzaría por decir que he aprendido que el amor es un recurso ilimitado y no debemos temer que se agote. En mayor o menor intensidad, debería estar presente en todas nuestras relaciones interpersonales. Ya sea nuestra familia, un amigo(a), una pareja, un(a) amante o el prójimo porque el amor abre la puerta al respeto y casi toda persona que atraviesa por nuestra vida merece nuestro respeto y por lo tanto un poquito de nuestro amor.

Esto me hace creer que deberíamos repensar la forma en la que hemos normado el amor. Nos han inculcado que debemos esperar el momento y la persona idóneos para decir te quiero, te amo, te extraño. En tiempos tan volátiles como los que vivimos, no estamos en posición para caer en reparos o nimiedades. Este aislamiento (a veces muy parecido al infierno), irremediablemente nos lleva a pensar en amores, porque muchas personas en el mundo están sintiéndose solas, ya sea porque no tienen a otro ser a su lado o porque, quien está ahí, no los hace sentirse acompañados. Quizá este sea un buen momento para pensar el amor.

Shakespeare dijo: “No es amor el amor que […] se aleja en la distancia […]. No es amor bufón del tiempo”. Qué razón tuvo al escribirlo, tal vez porque también le tocó estar recluido, pudo darse cuenta de que “el amor es lo único trasciende dimensiones de tiempo y distancia”, incluso a la muerte. Podemos amar a alguien qué está aquí, también a alguien que ya no está o qué, por ahora, no puede estar a nuestro lado, aunque eso no significa que no nos acompañe. Yo “oigo tu voz siempre antes de dormir. Me acuesto junto a ti y aunque no estás aquí, en esta oscuridad, la claridad eres tú”.

Desafortunadamente la actual concepción de amor se remite sólo al amor cursi, aquel amor que sujeta, esclaviza y destruye. En este sentido, pareciera que el amor no es posibilidad ni libertad. Sin embargo, la libertad del ser es la elección y ahí radica su poder y su tragedia. Me detengo en este punto, porque es importante saber que, al elegir amar, siempre ganamos; el amor, inequívocamente, nos hace mejores personas. Aún más cuando podemos vernos como manantial que emana y no como cántaro que necesita llenarse constantemente. Así podemos percibir al otro como humano, como un ser que ha sufrido, que se ha dolido, que ha sido herido igual que yo. Formado por hebras de distintas madejas, como yo mismo.

En ese sentido debemos elegir, amar o no amar. Si eliges amar y las cosas no resultan como esperabas, “no te arrepientas y así no serás doblemente miserable”. Si decides no amar por temor al dolor o al sufrimiento, toma en cuenta que son sentimientos que siempre atravesarán al ser humano. Siempre “soy libre del temor cuando me tocas tú”.

Permítete ser vulnerable, abrirte a otros a pesar de las malas experiencias, “tenés que comprender que no puso tus miedos donde están guardados y que no podrá quitártelos si al hacerlo, desgarras”. Con mayor razón en estos tiempos de aislamiento. No te aflijas ni te apenes si tu relación es virtual, si en ese monitor, en esa voz sin rostro o ese rostro sin memorias encuentras fuerza y consuelo, ¡aférrate! Date la oportunidad de encontrar al “artesano (a) de tu lado más humano”, al “custodio de tus ráfagas de odio”, al “vagabundo (a) de tu lado más profundo”. Qué a tu hoy no lo detenga un ¿qué pasará mañana? Atesoremos esos momentos a veces cursis, a veces cómicos y también, sin importar la presencia física, esos momentos eróticos. “Palabras profanas de tu boca pura. Toda mi dulzura péndula sobre ti. Amo dejarte así, amo quedarme así”.

Si mañana, pasado, en un mes o dos logramos salir de esta pandemia y te das cuenta de que esa relación no tiene más futuro, considera que todas las relaciones son así “como una urna de cristal que se va a quebrar”. No con todas las personas que conocemos podemos querernos en “lo bello y lo salvaje”, pero sí podemos “inventar nuevas formas de existir, nuevas formas de resistir”.

Ahora que si tienes fortuna y ese amor prospera, no te vayas por ahí, “persiguiendo todo”. Mejor detente y dile a esa persona “qué hacer con esa nueva normalidad”. Hazle “una terraza donde estar y desde allí abrir los ojos al mundo”. Y nunca olvides que ese “y sin embargo” siempre va a existir en toda relación, pues el “amor es dar lo que no se tiene” es la “abundancia de la carencia”y, si es verdad, el amor es esa carencia cuyo llamado no debemos perdernos nunca, ni muertos.

Después de este tiempo lo único que puedo decir del amor (mí amor) es que no siempre se puede ser el espacio en el que esa persona pueda ser quien es, pero eso no implica que amar sea equivocado. Una de las bondades del amor es que evoluciona y se transforma para no tener final, para ser el “motor inmóvil” del mundo.

Este texto es para ti que me estás leyendo. Quiero que sepas lo importante que eres, no me interesa que por ahora estés lejos porque estoy segura qué volveré a ese, mi lugar favorito, mi rincón de paz, mi remanso de luz, así que, ¡por favor!, “nunca, pero nunca, me abandones cariñito”, yo jamás lo voy a hacer. En mí siempre encontrarás tierra fértil para tus sentimientos, cielo azul para tus tempestades y el tibio sol del ocaso para tus días lluviosos. ¡Je t’aime!

Con amor para MÍ JARDINERO.

P.D. “Aquí, en el infierno, oigo tu voz” y me llena de esperanza.

*Las frases entrecomilladas y/o en cursiva no son de mi autoría.

Autor: Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades

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