El terrible futuro sin barbas y dos disculpas apócrifas

REFLEXIONES APÁTRIDAS

Por Vonne Lara / Foto: Creative Commons Attribution 4.0

Se veía venir y así fue. Un tsunami de anuncios que apelan a la empatía y a reconocer a los “héroes sin capa” ha inundado nuestras cuentas forever freemium de YouTube. Su estructura es siempre la misma, con contadas excepciones más cursis: un pianito navega por los registros agudos en acordes menores, mientras nos muestran calles vacías, negocios cerrados y niños acariciando las ventanas. Poco después se usan otras artimañas musicales: un loop de acordes mayores en progresiones simplonas para que, de algún modo —y antes de que aparezca el botón para saltar la interrupción (que no anuncio)— nos olvidemos por unos segundo de la desesperanza que nos embarga. La mala noticia para los creativos detrás de estos anuncios es que ya no hay empatía a cual apelar; pues se ha abusado de esa fórmula desde que el buenondismo millenial nos inundó: la encontramos en anuncios de perros, bebés, mamás y de fondo en videos que pregonan la sobrevalorada experiencia de viajar para saborear la diversidad humana. 

La tendencia de estos mensajes ha aumentado con el paso del tiempo y, estoy segura, ahora nos hablará de otra utopía: la llamada “nueva normalidad”. Semáforos, etapas y recomendaciones se están dando a conocer para volver, regresar, o bien, sufrir el retorno a nuestras viejas e hipócritamente añoradas rutinas. El nombre en sí de “nueva normalidad” es ya una maña discursiva, parecida a la de la musicalización de los anuncios melosos. Otra intentona cursi para que podamos contener la desesperanza. 

Entre los muchos lineamientos que se recomiendan para la “nueva normalidad” hay uno que pide evitar el uso de joyas, corbatas y barbas. Si mi desesperanza aspiraba a ser budista, al leer esa recomendación el futuro me pareció una distopía atroz. En primer lugar porque como feminista peluda no me rasuro ni me depilo ninguna parte del cuerpo. En segundo porque como mujer necia estoy convencida de que los únicos hombres con gracia son los que llevan barba, o bien, que la única gracia de los hombres es tener barba. Así de reduccionista. Claro hay excepciones: el único que luce bien sin barba es Timothée Chalamet. Ya está.

Sé que esta es una declaración burda, ociosa y acaso fuera de lugar. Que sí, que sí, que hay cosas más importantes por las cuales preocuparse pero sucede que tengo mucho tiempo para pensar tonterías. Pienso, por poner otro ejemplo inútil, que no habrá jamás “nueva normalidad” sino acaso algunos días de psicosis normalizada para luego regresar a nuestros más feos hábitos, pero con tapabocas. Tengo mucho tiempo para renegar de todo, para fingir que anhelo con desesperación salir a pasear y visitar a amigos y familiares. Es mi única excusa —perdón— de estarme lamentando del ya de por sí aciago futuro que, por si fuera poco, evidenciará sin remedio ni artilugios la poca o única gracia que le encuentro a los hombres. Perdón de nuevo. 

 

Nota de la autora: Gracias a Sofía Ramírez por su asesoría musical para este texto, y por ser mi querida hermana. 

 

Autor: Vonne Lara

Diseño libros e intento escribir otros. Amo la música, la cultura, la ciencia y la tecnología. Mamá cósmica.

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