El bracero de la década (I)

Ya no vuelvo al otro lado, 
porque no sé hablar inglés,
y los que lo saben
pos no me entienden

Piporro, “Natalio Reyes Colás”

Por José Luis Enríquez Guzmán

El investigador Eduardo de la Vega Alfaro sitúa la época dorada de la carrera cinematográfica del Piporro desde que obtuvo el Ariel hasta finales de la década de 1970. Puede ser una afirmación válida, ya que en ese período tuvo las actuaciones más memorables en la pantalla grande, que fueron por las que más se le recuerda, las que más le redituaron económicamente, y cuando nace el personaje característico del norteño, que sólo cambió de nombre a lo largo del resto de su filmografía. Sin embargo, en esta investigación el período de plenitud se sitúa entre 1960 y los inicios de la década siguiente. Si bien las características que presenta De la Vega son acertadas, las películas que filmó después de ganar el Ariel siguieron presentándolo como un personaje secundario. No fue sino hasta 1960 que protagonizó una película. Además, el inicio de los protagónicos se tradujo en un mayor compromiso del Piporro con sus cintas, ya que empezó a colaborar en la elaboración de los guiones y, por su puesto, en la composición musical. Sin embargo, lo que para algunos parece ser el inicio de su mejor etapa, para otros es el principio del fin. 

 Lo que parece ser una crisis al interior del cine mexicano es todo lo contrario para la carrera del Piporro. Las comedias rancheras que caracterizaron a la época de oro entraron en franco declive. En 1961 sólo se hicieron seis películas de ese corte. No obstante, la comedia tampoco se encontraba en las mejores condiciones. En ese mismo año sólo se produjeron once filmes. Entre los protagonistas más aclamados de ese género estaban Viruta y Capulina, Clavillazo, Manuel el Loco Valdés, y nuestro protagonista. 

Eulalio inaugura la década protagonizando dos filmes. El primero, La Nave de los Monstruos (1960), de tintes surrealistas, en la que el ranchero norteño “Lauriano” es secuestrado por una nave extraterrestre que lo lleva a viajar por el espacio. El segundo fue De Tal Palo Tal Astilla (1960), donde comparte estelar con Luis Aguilar. Este filme, como otros que realizará posteriormente, retoma el ambiente desértico del norte, con el objetivo de imitar los westerns estadounidenses. No obstante, las películas que el Piporro grabó en el norte significaron una reinterpretación del territorio, que ya no era visto solamente como un sitio alejado, sino que demostró que también hay vida más allá del Bajío y de las tierras plagadas de charros. 

La Nave de los Monstruos fue su primer protagónico representando a la figura del norteño, caracterizado por dos factores: la vestimenta, es decir, botines de cuero, pantalón de mezclilla, camisa, texana, y, ocasionalmente, chamarra de cuero tamaulipeca; y la personalidad: seguro de sí mismo, dicharachero,  con un acento marcado que hacía imposible ignorar su lugar de procedencia, y una carácter fuerte, o “bronca”. Todos los personajes, aunque con distintos nombres, siempre cargarán con la personalidad del Piporro. Además, surge la disyuntiva de si el norte inventó al Piporro o él inventó al norte.

A partir de la película Héroe a la fuerza (1964) el Piporro participa como uno de los escritores del argumento de sus filmes. Eulalio cuenta que los directores de cine le pedían que no dijera que colaboraba en la construcción argumentativa, ya que el público no encontraría atractivo que un cómico tuviera “dotes intelectuales”. Así, el Piporro brinda ideas para los filmes más memorables de su carrera. Por mencionar algunos: El Bracero del Año (1964), primer filme rodado tanto en los Estudios Churubusco como en Los Ángeles y Nueva York,  La Valentina (1966), donde compartió estelar con María Félix, quien fue la que pidió colaborar con el Piporro Qué Hombre Tan Sin Embargo (1967).