El bracero de la década (II)

TRES DE TRES

Por José Luis Enríquez Guzmán

En  El Bracero del Año, una de las cintas más icónicas del personaje, Eulalio hizo, por decirlo así, una parodia de la película con la que ganó el Ariel en 1956, ya que, si bien en Espaldas Mojadas interpretó al duro rostro de la inmigración laboral hacia Estados Unidos, en esa nueva propuesta mostró la parte cómica y esperanzadora de los frutos del trabajo del otro lado. En esta cinta, donde el Piporro colaboró con el argumento, muestra a Natalio Reyes Colás, un pizcador de Tamaulipas que cruza la frontera ilegalmente para conseguir trabajo y juntar dinero para la boda con su novia Petrita. La cinta logró simpatía con el público latino de Estados Unidos que, ante la caída de la imagen del charro, empezó a identificar al norteño como la nueva representación de lo mexicano a nivel internacional, o al menos en la franja norte del territorio nacional. 

Para esta película el Piporro compuso dos de sus canciones más famosas: “Chulas Fronteras del Norte” y “Natalio Reyes Colás”. La primera es una polka en su totalidad, aunque en la segunda experimentó con uno de los ritmos más populares en Estados Unidos: el jazz, aunque lo mezcla con un poco de twist, representado por un clarinete que acompaña al piano. En medio de la polka, interrumpe el acordeón y las percusiones rápidas para cantar en inglés y seguir un ritmo más lento. La misma técnica de “experimentación la seguirá en su canción “Llorarás”, donde los ritmos del norte quedaron completamente a un lado para dar paso a melodías similares, musicológicamente hablando, a los de los artistas pop de Estados Unidos; aunque no dejó de interpretar largos y cómicos monólogos a pesar de los géneros con los que experimentó. Por último, en “Los ojos de Pancha” sigue una fórmula similar, sólo que en este caso aparta la polka y da paso al twist. Este período también fue fructífero para su carrera musical. Incluso, podría decirse que iba a la par que la cinematográfica; fueron un complemento.

Sin embargo, a pesar de ser uno de los cómicos más taquilleros del cine nacional, no a todos les convencía el éxito comercial del Piporro. Los críticos consideran que el humor del norteño es facilón y sin trasfondo. Una crítica del Redondel de su película Ruletero a toda marcha (1964) la denomina como “una de las películas más flojas del Piporro, el popular actor que llena cines y hace reír a ‘su’ público, que es muy numeroso, especialmente en las clases populares (…) los demás actores del reparto cumplen, sin nada en particular”. No obstante, la crítica y la fama sería lo menos importante a lo que se enfrentaría en esta década.

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