Carta desde la Ciudad de México de alguien desesperado (del arraigo, la enfermedad y la muerte) sometido por el Coronavirus SAR-CoV-2 y su artífice la COVID-19.

Por Ricardo Luna Barrales

Estimado Coronavirus SARS CoV-2:

Llevo más de 80 días en confinamiento, no he trabajado y por lo mismo no he recibido dinero alguno para saldar mis cuentas, lo único que he visto crecer con el paso de los meses desde el pasado 17 de marzo, son estados de cuenta que acumulan deudas, deudas y nada más que deudas; cuando esto termine, si es que algún día “la curva se aplana” saldré con dos certezas en mi futuro: unos kilos de más y la cartera más que hipotecada. Bueno, el hecho es que si no es por mi esposa y mi hija, no la estaría contando, ellas solventan todo en este momento, ahora si como decía mi abuela: soy mantenido de mujer, o mujeres en este caso.

Me dirijo a ti estimado SARS CoV-2 porque eres tan temible, que has obligado a resguardarnos en nuestras casas a miles de millones de seres en este planeta. Sabemos que tu forma te dio el nombre, pues te asemejas bastante a una corona solar, algunos te han descrito como una “minúscula pelotita de unas 70 millonésimas de milímetro”, de inmediato me remito a aquella frase de Carl Sagan, en donde refiere que los habitantes de la tierra somos mucho menos que un grano de arena en el universo; pues así es nuestra relación, en donde muy a nuestro pesar, tu figura milimétrica es capaz de matarnos en días y en algunos casos hasta en horas.

Tu nombre real “coronavirus de tipo 2” causante del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2) popularmente se te conoce y a la vez se te confunde con la enfermedad que provocas: la COVID-19, aunque parezca un nombre “coqueto y cariñoso” el mundo sabe que no es así. Y voy a explicar el porqué de tu nomenclatura tan peculiar. Resulta que la Organización Mundial de la Salud junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, así como la Organización Mundial de Sanidad Animal; tuvieron que buscar un nombre que no se remitiera a una ubicación geográfica, un animal, un individuo o un grupo de personas y que fuera fácilmente pronunciable. De esta manera buscaron evitar el estigma y/o racismo, fenómenos sociales mucho más letales, que la pandemia provocada por ti hoy en día.

¿Te imaginas si te hubieses quedado con el nombre de “Virus Chino” o “gripe de Wuhan” como muchos, en un inicio, pretendían nombrarte? Por ello, después de tanto quebrarse el seso, la OMS difundió el pasado 11 de febrero, el nombre oficial: “Enfermedad por coronavirus, más el año de aparición 2019”, es decir, COVID-19 (a CoronaVIrus + Disease  + 2019) , en inglés para que todos entendiéramos el mal que nos aquejaba.

Bueno, el motivo de mi carta, es simple, llana, incrédula y posiblemente risible. Me dirijo a ti para que ya no te dirijas a nosotros, sí a los humanos, a estos seres que hemos destruido la flora y fauna del planeta bajo el pretexto de la “modernidad” si, si, lo sé… nos hemos pasado de la raya con la biodiversidad. Culparte de todo y a parte por aparecerte en nuestras vidas es bizarro, pues tú no haces presas en ríos y lagos, ni vendes la fauna al mejor postor, tampoco haz acelerado el cambio climático provocando el incendio en grandes extensiones boscosas como el Amazonas o la Australia septentrional.

Y mira, no te culpo de querernos dar una lección. Haz vivido tan tranquilo en los animales, honestamente no sabía que todos ustedes pueden vivir eternamente en estos seres, coexistiendo sin inmutarse; un ejemplo es el murciélago -mamífero del cual se rumora que provienes- del que hay más de 1200 especies y representan la cuarta parte de todas las especies de mamíferos, ellos viven hasta con 6 clases de coronavirus (por los miles de insectos que comen al polinizar bosques y árboles frutales) pero han creado un sistema inmunológico que impide  enfermen y mueran.

Como te decía, los científicos buscan tu origen precisamente entre los murciélagos y es que… no es para menos, los murciélagos son huéspedes de una proporción bastante más alta de zoonosis en comparación con el resto de los mamíferos. ¿Y qué son las zoonosis? pues son enfermedades que se transmiten de los animales a los humanos. Y es que los murciélagos pueden portar varios virus sin enfermarse, y tu lo debes de saber bien, pues coexisten sin problema alguno. Así la ciencia descubrió que el virus del Ébola viajó en murciélago (su reserva natural) por África, alguien osó cazarlos y comerlos provocando la zoonosis, dejando más de 12,000 muertos entre 2014 y 2016.

De esta manera tenemos que tu origen aún es un misterio, a pesar de que en radio pasillo se dicen muchas cosas: en una de ellas se ironiza que provienes del pangolín, los más serias refieren al murciélago, unos más mencionan una auténtica tragedia griega: dicen que un hombre fue un día al mercado (en Wuhan) con tanta hambre que lo único que se antojó comprar fue una serpiente, ésta había cazado y comido días antes un murciélago el cual en sus vuelos nocturnos por las praderas chinas había absorbido la sangre de un pangolín, es decir, acá la culpable es la serpiente, pero cualquier animal de estos pudo haber sido, el ser humano arrasa con todo. Y dime pues, ¿quién se come a una serpiente, o a un murciélago o a un pangolín? ¡¡¡exacto!!! Solo el ser humano por ser, eso… ser humano; no hay más explicación.

Bueno, imagínate, hasta Donald Trump, presidente de la nación más poderosa del mundo, se aventuró a decir que fuiste creado por el mismísimo ser humano y te les saliste de control, claro en China, porque en Estados Unidos nunca habría sido de esa manera. N´a… lo mismo decían de tu primo el Virus de Inmunodeficiencia Humana.

No sé si lo tenga que decir, pero te lo diré, en últimas fechas la ciencia ha descubierto ya tu código genético, al cual lo han descrito como un brevísimo mensaje escrito con combinaciones de tan solo cuatro letras (a,u,g,c). Cada una de ellas es la inicial de un compuesto químico con diferentes cantidades de carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno. De esta manera se ha presentado al mundo la genética con la que has contagiado a más de 7,185,000 humanos y matado a más de 400,000 personas desde que se detectó tu existencia hace poco más de seis meses. Espero por el bien de todos a partir de ello se haga una vacuna.

En un contexto de tu actuar entre nosotros, dicen los científicos que eres un virus asombroso. Los virus respiratorios que te anteceden, por ejemplo la gripe estacional, la más tranquila digamos, se multiplica en la garganta y se contagia muy fácilmente a través de las gotas respiratorias. En cambio el SARS-CoV-1, es decir, tu primo más cercano surgido en 2002, y conocido como Síndrome respiratorio agudo grave, provoca neumonías letales pero es poco contagioso ¿será por eso que sólo llegó a matar a 916 personas en el mundo? Pero tú, amigo mío, eres mucho más contagioso y potencialmente virulento. 

Y coincido con los virólogos que te han estudiado a fondo ¡eres impresionante! el ARN, esa capa que te protege y ¡¡que es pura proteína!! más las “12 letras extra” que tienes (llavecitas que conectan con las células para infectarlas) hacen que te multipliques mil veces más en nuestra garganta,  provocando no solo afectación directa a los pulmones sino a otros órganos, que, honestamente han vuelto locos a epidemiólogos, virólogos e infectólogos dedicados a contrarrestar tus males; por ello no han podido dar con una vacuna efectiva para eliminarte. ¿Porque sí sabías que lo único que te puede erradicar es una vacuna, verdad? ni los antibióticos y mucho menos los remedios caseros de la abuela.

Y pues sí, tu poder de letalidad, literal, nos está matando, por eso te pido que dejes de hacerlo, que te vayas como llegaste, que vuelvas al animal en el que has sobrevivido por años. Te juro que todos los seres humanos te lo agradeceremos, prometemos proteger la biodiversidad  para evitar que virus como tú lleguen a nosotros a través de las enfermedades zoonóticas. No nos convenimos ambos. Te repito, no nos convenimos. Por que a final de cuentas llegas a nuestra vida, nos contagias, nos enfermas y nos matas, tú también pereces, claro, no sin antes pasar a otros humanos para volver el contagiadero

Ahora si, como dicen los chavos… ¡¡¡Ya WEY!!!

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