Derechas, izquierdas: México polar

Fernando Montiel T. / @FMontielT / Fotografía: Pablo García Saldaña. Unsplash

1. Schrödinger en México

La estrategia de polarización, ofrecida por el Estado y asumida como propia en automático por prácticamente la totalidad de la clase política construye una circunstancia en la que, como en la paradoja de Schrödinger, todos ganan y pierden al mismo tiempo.

Herederos de una izquierda muy consciente de que la unión hace la fuerza, primero con el Frente Democrático Nacional y luego con el Partido de la Revolución Democrática, el presidente, su partido y simpatizantes cierran filas, minimizan fracturas, gestan sinergia, revigorizan su militancia y aceitan estructuras de cara al proceso electoral del año entrante. Ganaron el poder y por vía de la polarización apuestan a no perderlo.

El gato está vivo sin duda, pero también está muerto.

Y es que la estrategia de dividir el mundo en dos es un arma de doble filo. La oposición que hasta hace unas semanas estaba dispersa, aislada, que se mostraba reactiva y carente de liderazgos orgánicos ha conseguido, paradójicamente y gracias a la lógica dicotómica del estado, articulación: sus referentes intelectuales, sus plataformas mediáticas y sus agentes económicos han encontrado en el discurso sencillo y directo del presidente, su propia voz: ya no se arredran ni en aras de la corrección política ni de una supuesta objetividad.

El gato pues, está vivo y muerto, para los unos y para los otros.

2. El síndrome DMA

¿Qué es lo que hay aquí? Tal vez sea mejor comenzar con lo que no hay, y lo que no hay es algo nuevo bajo el sol. La polarización es, en más de un sentido, un proceso natural de la realidad política: la definición de las posiciones por oposición: somos lo que no son ellos o los demás, somos diferentes.

Lo que sí hay, es la versión patológica de una estructura narrativa clásica del mundo occidental, una estructura que se encuentra por igual en los libros sagrados de las religiones abrahamíticas (judaísmo, cristianismo, islam), que en la literatura y el cine. ¿Y qué estructura es esa? La estructura que en la teoría de conflictos se conoce como el Síndrome DMA: Dualismo-Maniqueísmo-Armagedón.

 ¿De qué va el Síndrome DMA? Como su nombre lo indica se compone de tres fases: primero, la división del mundo en dos –y sólo dos- polos, desapareciendo en el proceso todas las demás alternativas; después, el maniqueísmo: sobre la división del mundo se construye una calificación/descalificación: nosotros somos buenos, ellos malos, nosotros estamos en lo correcto, ellos, equivocados, nosotros estamos para construir, ellos, para destruir. Y a partir de las interacciones entre estos dos polos se construye una trama, un drama, una historia que el tiempo apresura para llegar al fin, el momento de la verdad: el Armagedón, el momento en el que las fuerzas del bien se enfrentan a las del mal en una batalla que habrá de definir la historia, la verdad, y la salvación/perdición. Si el triunfo es del bien, entonces es una historia épica, si no, entonces es una tragedia. Y en México esa historia -al menos en el campo político- se repite cada seis años y en los estados y municipios cada tres.

3. Polarización y violencia

¿Y por qué se ha juzgado esta construcción como patológica si es propia de una cultura occidental a la que pertenecemos? Porque una cosa es la polaridad, y otra la bipolaridad; mientras que la polaridad se refiere a la existencia de polos, 2, 3, 4 o más, la bipolaridad reduce el espectro a sólo dos alternativas, mientras que la polaridad encuentra cabida y expresión en nuestras instituciones políticas en la forma de niveles de gobierno, congresos, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales y propuestas independientes, la bipolaridad elimina la posibilidad de disenso, de la división y de la diversidad en todas estas figuras imponiéndoles fracturas de acuerdo con el Síndrome DMA: desaparecen los tonos grises –que casi siempre son la mayoría- y deja un mundo de blancos y negros. Y esto es problemático porque si algo ha demostrado la ciencia social una y otra vez es que, ahí cuándo y dónde ocurren choques violentos en sociedades divididas por dos polos monolíticos entre los que no existen actores/instituciones/espacios de amortiguamiento, la violencia es explosiva. 

En esta lógica lo verdaderamente patriótico y radical intelectualmente, constructivo socialmente, valiente políticamente y sensato humanamente es ser moderado.

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