4ª T, el desastre que nos aguarda.

Ernesto Palma F.

“Los azotes físicos y las calamidades de la naturaleza humana hicieron necesaria la sociedad. La sociedad se agregó a los desastres de la naturaleza. Los inconvenientes de la sociedad hicieron necesario al Gobierno, y el Gobierno se agregó a los desastres de la sociedad. Esta es la historia de la naturaleza humana.”

Nicolas Chamfort

A lo largo de su historia, nuestro país ha sido sacudido por catástrofes naturales y desastres generados por pésimos gobiernos, sin importar de qué ideología procedan. En este primer cuarto de siglo el azote de México se llama 4ª transformación. Al cumplirse dos años del “triunfo histórico” de López Obrador, el país se encuentra al borde del mayor desastre económico y sanitario que se tenga registrado y eso no puede llamarse de otra forma: la pretendida cuarta transformación ha resultado un rotundo fracaso.

Por los resultados visibles a dos años de desgobierno, la llamada cuarta transformación sólo ha servido para abanderar las ambiciones personales y de grupo, por encima de las responsabilidades constitucionales de  proteger a sus gobernados. Lo que hoy tenemos los mexicanos es esencialmente un Estado fallido, que por definición consiste en la imposibilidad de un Estado de cumplir con normalidad con lo que se consideran sus principales cometidos.

Entre las prioridades más características de los Estados fallidos figura el que no protegen a sus ciudadanos de la violencia –y tal vez inclusión de la destrucción– o que quienes toman las decisiones otorgan a esas inquietudes una prioridad inferior a la del poder y la riqueza a corto plazo de los sectores dominantes del Estado. Otra característica de los Estados fallidos es que son estados forajidos, cuyas cúpulas se desentienden con desdén del derecho y los tratados internacionales (Chomsky, 2007, p. 49).

Los recientes acontecimientos de violencia política, (ampliamente documentada por Arturo Rodríguez), y la sospechosa reacción de las autoridades federales frente a agravios como el asesinato de un juez federal y el atentado perpetrado contra el secretario de seguridad ciudadana de la CDMX, confirman la incapacidad del gobierno lopezobradorista, para proporcionar seguridad a los ciudadanos.

No hay un solo sector de la vida nacional que no haya sido afectado por la necedad y estolidez de la clase gobernante. Hay crisis económica, sanitaria y de seguridad pública. Estamos ante una verdadera catástrofe.

Más que la pandemia, el azote de México en este año, ha sido la cuarta transformación. A su paso sólo ha dejado desolación y miseria. Mucha más pobreza y hambre. Gracias a la incapacidad de quienes integran la 4T, México dejará de ser un país con futuro, para convertirse en una caricatura de su pasado. Los mexicanos habremos de sobrevivir enfrentados por el odio utilizado como arma política. Durante las últimas décadas en muchos países de América Latina, el sistema de formación de cuerpos militares, responsables de numerosas atrocidades, se basó en la división “nosotros o ellos” y en un entrenamiento en la obediencia, fuerte control de grupo y complicidad. Ese sistema explica en gran medida el carácter tan destructivo que tuvo la represión política, pero también parte de la violencia actual.

Después de las elecciones del 2021 -si Morena y sus aliados obtienen la mayoría en el Congreso- la 4T impulsará cambios constitucionales que conducirán al país a la debacle total. Dichas reformas atentarán contra los principios que protegen la propiedad privada, los derechos fundamentales de libertad de expresión, y el derecho a la protección ante las arbitrariedades de las autoridades; se legitimarán los ataques contra los organismos autónomos, en particular contra los que garantizan la transparencia electoral y la defensa de los derechos humanos. 

La pandemia desenmascaró las intenciones reales del grupo en el poder: consolidar un régimen de privilegios e impunidad para los amigos y simpatizantes de la transformación y la aniquilación de sus opositores; sumisión absoluta a los intereses norteamericanos, en tanto aliados y cómplices del movimiento que convertirá a México en apéndice de las estrategias migratorias y del flujo de armas y drogas hacia el país vecino. De ahí la inopinada y vergonzante visita de López Obrador a Washington confirmando la sumisa y dependiente relación de su gobierno con la administración de Trump. Este oprobioso episodio en la historia de nuestro país, se da en el marco de una crisis sanitaria, de la que no tuvieron escrúpulos para simular una disminución de contagios y defunciones, que coincidiera felizmente con el inicio de la firma del T-MEC y la deshonrosa visita de AMLO a  EUA.

Tan inmoral y aberrante ha sido la manipulación de las cifras de contagios y defunciones por parte del sector salud, que ya se han puesto en marcha nuevas estrategias distractoras de la opinión pública, como el caso de las nuevas revelaciones sobre el caso Ayotzinapa o la extradición de Lozoya. La posibilidad de que estos casos arrojen información escandalosa, sólo se inscribe en el interés del gobierno federal por minimizar los efectos del encuentro AMLO-Trump y por la irresponsabilidad criminal con la que se miente a la sociedad sobre la evolución de una pandemia que se encuentra en su fase más peligrosa para la salud pública.

Es por ello que debemos reaccionar con inteligencia, prudencia y sensatez ante los embates mediáticos y las estrategias estalinistas del régimen,  manteniendo una actitud crítica y reflexiva frente a la estrategia informativa oficial, lo cual nos permitirá distinguir los límites entre los datos reales y la manipulación oficial.

En segundo lugar, es  conveniente valorar que aún contamos con la posibilidad de acotar el poder presidencial, con un voto reflexivo en las próximas elecciones federales en el 2021.  También en el 2022, habrá una nueva oportunidad para el país, en la llamada revocación de mandato. 

Claro que el régimen también se está preparando para asegurar el triunfo electoral y la consolidación de su permanencia en el poder. Ya están en operación los planes, estrategias y los recursos económicos  para que se dispersen por todo el país, miles de millones de pesos que garantizarán la lealtad electoral de beneficiarios de los “programas sociales”.

Los operadores de la estrategia electoral, se asegurarán de que los beneficiarios voten por Morena, so pena de que se les retire el apoyo si no gana el partido del presidente López Obrador. Así de sencillo. Por eso el cacareado discurso de “primero los pobres” y la negativa de apoyar a las pequeñas y medianas empresas afectadas por la suspensión de actividades con motivo de la emergencia sanitaria. La estrategia es hacer llegar los recursos a las manos de los beneficiarios que cuentan como votos seguros para el partido oficial. Están operando una aplanadora electoral con recursos públicos, así, con todo el descaro y a la vista de todos, por eso les urge impulsar cambios que nulifiquen la actuación del Instituto Nacional Electoral, o bien colocar ahí un incondicional, “simpatizante de la transformación”, como lo hicieron con la CNDH.

La estrategia devastadora de la vida institucional de nuestro país, puede prolongarse más allá del periodo constitucional de seis años. El desastre podría extenderse en la medida en que sus promotores no tengan limitaciones jurídicas, políticas o sociales. De hecho, no se percibe en el panorama socio-político de nuestro país, la existencia o advenimiento de una fuerza política o ciudadana que contrarreste el poder unipersonal depositado en el presidente de la república. 

Será una larga etapa de oscuridad la que nos aguarda, después del desastre. Sólo nos queda prepararnos  y esperar el tiempo en el que habremos de retomar el rumbo de la reconstrucción  del país. Tal vez sea necesario elevar el nivel de reflexión en torno a la inevitable devastación que se cierne sobre la Nación mexicana. Es el momento de escuchar a expertos, científicos, historiadores e intelectuales sobre las diferentes visiones de la adversidad de los pueblos y cómo han logrado sobreponerse. La ciencia, el arte y la cultura son terrenos inhóspitos para los amantes del autoritarismo y el engaño. Los déspotas odian a los más preparados y sus huestes sólo saben repetir mecánicamente lo que les han dictado desde el púlpito. Para ellos no existe el análisis y la reflexión. 

A pesar de que la pesadilla de la 4T quedará inexorablemente en la memoria colectiva, servirá para evitar que las futuras generaciones de mexicanos, no se equivoquen al decidir sin reflexionar.  La memoria tiene no sólo un valor terapéutico colectivo, sino también de reconocimiento social y de justicia, por lo que puede tener un papel preventivo a escala psicológica, social y política.

De acuerdo con Eduardo Galeano, “la experiencia indica que es la amnesia la que hace que la historia se repita y que se repita como pesadilla. La buena memoria permite aprender del pasado, porque el único sentido que tiene la recuperación del pasado es que sirva para la transformación de la vida presente”.

Un pensamiento

  1. En “o bien colocar ahí un incondicional, simpatizante de la transformación, como lo hicieron con la CNDH”

    Ahora se le llama simpatizante. Se esta repitiendo la misma historia de gobiernos del pri y del pan, ellos ponian a sus amigos en los puestos clave, de igual manera eran titeres.

    Deberían de usar estos espacios para proponer como es que ustedes gobernarían un país, dar a conocer personas que realmente se merecen esos puestos.

    Primero la critica y después la propuesta para arreglar las cosas.

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