Semáforo descompuesto

DE UN MUNDO RARO

Por Miguel Ángel Isidro 

En su conferencia del pasado viernes 10 de julio, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud Hugo López-Gatell sorprendió a propios y extraños al declarar que, por primera vez desde su instauración, no estaba en condiciones de presentar el avance del semáforo de alerta epidemiológica con el que se representa gráficamente la presencia del COVID19 en el territorio nacional.

A pregunta expresa de los reporteros presentes, el funcionario federal argumentó que ante lo que se consideraron inconsistencias en la información presentada por los gobiernos de los estados en torno al número de casos, fallecimientos y pacientes recuperados, se optó por retrasar dicho reporte una semana y con ello evitar la difusión de un reporte erróneo o con “huecos grises”.

Aunque posteriormente López Gatell intentó matizar, al asegurar que el desfase no correspondía a los 32 estados del país, “sino a unos cuantos”, el episodio sintetiza de manera ejemplar lo que actualmente ocurre en el terreno político a nivel nacional: México es, en sí, la imagen de un gran semáforo descompuesto.

La diaria polarización del entorno político promovida desde las conferencias matutinas del Presidente López Obrador ha exacerbado los ánimos de los distintos frentes de gobierno y la representación popular, provocando que, invariablemente, todo gire en torno a una incesante y estéril disputa política.

No sólo en un asunto tan delicado como la pandemia del coronavirus, que nos ha mantenido durante cuatro meses en un desordenado y parcial confinamiento con las consecuencias sanitarias y económicas que todos conocemos; en todos los frentes se cruza un incesante tiroteo de datos y opiniones donde sobresale el afán de imponer la razón de un grupo sobre otra, más allá de ofrecer respuestas o alternativas de solución frente a los grandes problemas nacionales.

Es evidente que existe una profunda falta de entendimiento entre el gobierno federal y los estados, particularmente con los que son gobernados por los “adversarios” a la Cuarta Transformación, como reiteradamente los denomina el propio Presidente. Incluso en aquellos estados donde Morena es gobierno, se patina diariamente sobre hielo delgado ante el riesgo de caer en contradicciones con las acciones o los dichos del Ejecutivo Federal. El caso más ejemplar es el de la Ciudad de México, donde la jefa de Gobierno Claudia Sheimbaum se ha visto obligada a redoblar esfuerzos para matizar el desbordado optimismo presidencial respecto al tema de la pandemia y la reapertura.

Un asunto tan delicado como la salud pública no debería ser motivo o rehén de disputas políticas, pero la realidad es que el enrarecido ambiente ha provocado que todo mundo se encuentre a la defensiva. 

No hay que olvidar que desde finales de mayo pasado, un grupo de 7 gobernadores (del bloque PRI-PAN-PRD- Movimiento Ciudadano) habían manifestado ya su rechazo a la estrategia de monitoreo epidemiológica y a los criterios anunciados por el gobierno federal para la parcial reapertura de distintas ramas de la actividad productiva, aseverando que se pretendía “cargar” a sus respectivos gobiernos una mayor responsabilidad en los índices de contagio y pérdida de vidas humanas. Pero en el fondo de todo ello, subyace un forcejeo político de muy mal gusto, en el que se deja a los ciudadanos como rehenes de la guerra de cuotas entre el Presidente y los gobernadores.

Es obvio que en un país de las dimensiones territoriales y la carga poblacional como el nuestro, resulta complicado operar cualquier estrategia de gran alcance en materia de políticas públicas; las necesidades y carencias no son las mismas en el norte, centro y sur del país; pero en un momento tan delicado como el que se actualmente se enfrenta, la política se ha convertido en un estorbo, más que en un instrumento de alivio a los escenarios de crisis que se han desencadenado en distintos frentes.

Porque lo deseable es que adicionalmente al tema sanitario, Federación, estados y municipios pudiesen trabajar de manera coordinada en asuntos tan urgentes y complicados como el combate a la violencia criminal, la pérdida de fuentes de empleo o el reto que implicará la reactivación del sistema educativo nacional, por mencionar sólo algunas asignaturas. Pero es evidente que la necesaria comunicación entre los tres niveles de gobierno no sólo es precaria y deficiente; está malintencionadamente mermada.

Porque habrá muchos argumentos para justificarlo, pero la cruda realidad es que en año y medio de gestión, el gobierno de López Obrador no ha celebrado una sola reunión de trabajo con los gobernadores de los estados en torno a los tres temas totales del escenario actual -pandemia, seguridad, economía- y el trabajo de política interior que debería desarrollar la Secretaría de Gobernación destaca por su ineficacia. 

En propio presidente que declaró que “la mejor política exterior es la política interior” prefirió acudir a Washington a entrevistarse con el presidente norteamericano que más declaraciones ofensivas ha emitido contra los mexicanos, que buscar un espacio en su agenda para convocar a un necesario y urgente acuerdo nacional. Prefiere seguir cosechando los exagerados halagos de sus seguidores, (sí, como los de aquellos que alabaron su “histórico” encuentro con Donald Trump) que utilizar su liderazgo para la búsqueda de los consensos que el país requiere. Obviamente una iniciativa de ese tamaño implicaría un riesgo político importante, pero ¿acaso no implicaba también un riesgo superior el encuentro con su homólogo norteamericano? 

El inminente arranque de las campañas políticas rumbo a la elección intermedia de 2021 representa un mal augurio para lo que está por venir. La guerra por posiciones políticas iniciará bajo un escenario poco favorable: con la epidemia en su fase más inestable y con riesgo de rebrote, con la economía en grave contracción como consecuencia de la contingencia sanitaria y con un gobierno parcialmente paralizado por la decisión presidencial de bajar el switch presupuestal al 75 por ciento de la actividad oficial con motivo de un poco claro “ahorro” de recursos públicos 

Es obvio que cuesta trabajo tomar partido en un ambiente tan enrarecido e incierto. Por supuesto que las acciones e ineficiencias del pasado han generado muchas de las carencias y fallas que el aparato oficial enfrenta, pero no se avizora que ninguna de las partes un gesto de prudencia o conciliación. Vemos a nuestros políticos arremangarse la camisa para el pleito callejero que se avecina, y una vez más, los potenciales electores serán la carne de cañón de sus desencuentros.

La situación es grave, y ojalá se entienda. México necesita más gobierno y menos política. No hay tiempo que perder.

¿O nos tendremos que conformar con una reiterada e interminable lista de culpables?

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Trolebús (México)
“Plegaria”

https://youtu.be/qrRsV8qxooQ

La Polla Records (España)
“Sí hay futuro”

https://youtu.be/IZMbAoVtzH4


John Lennon (Inglaterra)
“Gimme some truth”

https://youtu.be/10YeFhYGVJU

Resorte (México)
“República de Ciegos”

https://youtu.be/gecln3xzFeM

Autor: miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....