Otra humilde propuesta

Jason Leung. Unsplash

Cuando cometas una falta, sé siempre imprudente e insolente, y compórtate
como si fueras tú la persona agraviada.

Jonathan Swift

Por: Alonso Tolsá*

Asalta al corazón y a la cabeza una especie de melancolía al tomar conocimiento de la noticia sobre el imparable ascenso de la cifra de contagios del nuevo virus que asola a la nación. Ya se cuentan por cientos, sino es que por miles, los enfermos que aguardan con paciencia una cama de hospital, en el mejor de los casos, tendidos en el suelo de una hacinada y modesta sala de espera. Salvo no ser por algunas personas escrupulosas, no puedo pensar en la posibilidad de que alguien se oponga a la propuesta que enseguida detallaré para acabar con el molesto e inconveniente lastre sanitario actual. El reciente foro al que ha convocado el gobierno con el fin de recibir propuestas que mitiguen los efectos de la pandemia, me autoriza afirmar sin siquiera ruborizarme que luego de exponer mi proposición se apreciará con toda claridad el impecable rigor de mis razonamientos, resultado de una simple cuestión de cálculos y de la fuerza que me procura el servicio desinteresado al país.

No es un secreto que los altos costos de manutención a los pacientes contagiados estén haciendo un hoyo irreversible al presupuesto sexenal en el ámbito de la salud pública: si en los próximos meses no se pone un alto a la política elegida, al llegar el final de la cuarentena el problema será comparable al del hambre y la desnutrición que padecen numerosas personas de algunos sectores sociales. Gracias a que unos pocos tenemos el talento de ver una oportunidad donde la inmensa mayoría únicamente ve un obstáculo, para evitar el presente derroche que todos pagamos con impuestos, en primer lugar sugiero que se retire cuanto antes todo tipo de asistencia a los enfermos. Cerrarles el grifo presupuestal reportará de manera inmediata un ahorro de mil millones de pesos. Pero eso no es todo, si la carne de los que mueran a partir del momento en que comience a ejecutarse este plan es repartida a los no pocos hambrientos que pululan en el país, se acabará a su vez con el grave asunto de la desnutrición.

Implementando con entusiasmo este sencillo pero eficaz programa, con inconvenientes realmente insignificantes, todos nos beneficiaríamos de él.

Casi a diario el personal médico es amedrentado por los familiares de gente infectada con el virus. Hemos seguido con morbosa asiduidad altercados justificadísimos al interior de clínicas de provincia y de la propia capital de la nación. Dichas imágenes despiertan naturalmente nuestro enfado, pues cualquiera se disgustaría si un ser querido es entubado de manera forzosa a un ventilador a través de la tráquea como si no fuera poco estar en permanente observación, bajo la presión y el escrutinio de múltiples atenciones. Una cosa es segura, si a ese ser amado le dieran a elegir entre ser comida de gusanos o de decenas de prójimos en estado famélico escogería sin lugar a dudas hacer lo correcto con la conciencia que De parvis grandis acervus erit, o sea, de las pequeñas cosas se nutren las grandes.

Pese a lo extraño que sería ponerle reparos a esta humilde propuesta, no ignoro que bajo una supuesta perspectiva humanitaria, algunos se atrevan a sostener en el foro previsto que lo más conveniente sea continuar asistiendo a los enfermos, incluso dando prioridad a los mayores, haciendo caso omiso a los problemas que la ejecución de esta opinión acarrearía. Sin embargo, como estoy demostrando de modo concluyente, las objeciones a ésta y otras descabelladas ideas se acumulan por montones. Ahora que se habla tanto de austeridad, no veo nada más austero que estrechar el gasto público y aprovechar la carne no afectada de los fallecidos por esta penosa contingencia (ni hablar de los cinturones, las botas picudas o las vistosas chamarras que se pueden fabricar con su piel) para aliviar a los necesitados. La nueva normalidad exige también una nueva forma de vencer los retos actuales porque nueva significa deja atrás lo viejo, mientras que normalidad quiere decir que lo viejo continúa imperando; en síntesis, recobrar lo nuevo de lo viejo y lo viejo de lo nuevo. Lo uno y lo otro además de todo lo contrario.

Por supuesto que para un óptimo funcionamiento, el modesto plan deberá realizarse gradualmente, comenzando por retirar la atención médica a los más pequeños, pues ni siquiera la carne del lechón más voluminoso puede compararse a lo nutritivo y apetecible que resulta la de un niño, exceptuando claro está los pulmones y otras zonas atrofiadas por la enfermedad. En términos generales, puede decirse que siguiendo estos tres pasos elementales se garantizaría el éxito de la inmaculada y noble empresa que nos ocupa:

Primero. Se requerirá ajustar el gasto público en el sector salud, principalmente retirando y negando cualquier tipo de cuidado a los contagiados con el virus. Es indispensable en este rubro actuar con firmeza, pues cualquier insinuación de ayuda sería contraproducente.

Segundo. Una vez se tengan suficientes cuerpos en stock, una comisión se encargará de seleccionar los más saludables y robustos. Su traslado rápido asegura un producto siempre fresco.

Tercero. Cocinar y repartir alimento a los hambrientos traerá consigo la ventaja adicional de darle trabajo digno a cientos de desempleados que esperan una oportunidad. Algunas recetas que podrían hacerse sin demora para cocinar niño o joven son tacos de cabeza, estofado de lengua, dedos con queso, chamorros adobados, ubre rebosada y barbacoa de cachete. Estas y otras ingeniosas maneras de guisar darán como resultado, qué duda cabe, banquetes inolvidables.

Por fortuna se me ocurrió esta humilde propuesta en provecho de todos.  Sé que un merecido reconocimiento me llegará en cuanto se divulgue mi buen nombre, sin embargo, quiero que quede constancia de que lo hago sólo como una forma de altruismo, para devolverle algo a la sociedad en recompensa a lo mucho que me ha dado. No busco ni deseo obtener ningún bien particular. Sólo me resta indicar que con el líquido extraído de las rodillas de los muertos se puede elaborar un refresco exquisito para acompañar los sagrados alimentos.


*Alonso Tolsá nació en Sta. Ma. del Tule, Oaxaca, en 1988. Crítico y ensayista, además de haber colaborado con los portales del Seminario de Estudios sobre Narrativa Latinoamericana Contemporánea, Artgraffitieditorial y Jampster, ha escrito entre otras para Luvina, Encuentros2050, Tropo a la uña, Avispero y Pliego16. Actualmente reside en Ciudad de México, pero no pierde la ilusión de regresar a vivir o a morir a su tierra.

Un pensamiento

  1. Alonso, Alonso, Alonso… de imaginarme todo ese menú, se me ha revuelto el estómago :/ Afortunadamente el alcohol del gel antibacterial me está sirviendo para controlar el efecto…

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