Corporalidad, erotismo e ideología: rumbo a la emancipación de aquello que nos determina

En el debate acerca de la diversidad de género y sexual que se ha abierto en el último siglo pareciera que rigen dos vertientes que bien valdría la pena analizar: el cuerpo y el erotismo.

La corporalidad se remite a la biología de cada individuo, aquellas características genitales con las que nacemos y que, para la ciencia, se engloba en dos géneros: hombre o mujer. Sabemos que uno de los puntos más debatibles, en términos conceptuales, son los que ponen sobre la mesa las personas intersexuales puesto que la ciencia en su afán de convertir al ser humano en un objeto de estudio reductible, la única propuesta que ofrece ante tal singularidad es, nuevamente, encajonar en hombre o mujer (dependiendo de su inclinación) a estos cuerpos cuya naturaleza y biología ofrecen evidencia suficiente para comprender que la corporalidad no termina en los límites impuestos por aquello que trata de reducirlo y volverlo no sólo conceptualizable sino un tema en el que ya no hay nada más que decir.

La problemática de la corporalidad no se centra, únicamente, en el tema genital, sino en aquello que se espera de un individuo que ostenta tal o cual aparto reproductivo. Al nacer, a aquellos individuos que tiene penes se les etiqueta como hombres y a aquellas personas que tiene vagina se les etiqueta como mujeres; es en ese momento en que comienza el juego de roles. Tal como lo explica la filósofa feminista Judith Butler en su texto Cuerpos que importan, el género es una construcción social y no se refiere a un estricto sentido biológico, sino al papel que se espera desempeñe cada ser con acuerdo al género asignado. Este juego de roles comienza en el momento del nacimiento con acciones muy sutiles como: las niñas visten color rosa, los niños color azul, las niñas juegan con muñecas y los niños con autos, por mencionar algunos ejemplos. Esta forma de desempeñarse en sociedad aumenta las demandas conforme el ser crece: la mujer es quien está a cargo de las labores de cuidado, el hombre es quien suministra los recursos a la familia. Y es en esas diferencias corporales y biológicas que el sistema patriarcal sustenta la jerarquización social, privilegiando a los seres que tiene pene sobre los seres que tienen vagina. Es verdad que aún dentro de esta clasificación se puede encontrar personas con vagina que gozan de privilegios en la sociedad, aun así, jamás serán más privilegiadas que un ser que ostenta un falo, salvo casos muy excepcionales.

Por otra parte, tenemos el erotismo que, en primera instancia, debemos diferenciar de la sexualidad. La sexualidad tiene como fin último la procreación, la conservación de la especie y este atributo nos remite, nuevamente al tema de la biología. Lo que nos lleva a una reflexión en cuanto a la maternidad, lo que es biológicamente comprobado es que solo los seres cuyo órgano reproductivo incluye una matriz, pueden ser receptáculo de un nuevo ser humano, no así ostentar la etiqueta de madre o mujer como si estas palabras fueran sinónimos. Acaso una persona cuya genitalidad la ciencia asociaría a lo femenino, pero por razones biológicas no puede embarazarse, ¿ya no es mujer? ¿nunca podrá ser madre?

Dejando esta reflexión un tanto al aire, volvemos al tema del erotismo que es una característica endémica del ser humano y que da cuenta de un elemento diferente a su biología y me refiero a la parte existencial. De este punto converge la disparidad entre aquello que somos y lo que queremos ser. En términos del tema de diversidad sexual, sentir que nuestro cuerpo no corresponde al rol social que nos gustaría desempeñar. Por supuesto nuestra biología no es algo que podamos elegir, como bien enuncia el filósofo Martin Heidegger, fuimos arrojados al mundo de forma arbitraria, pero vamos a retomar este punto más adelante.

Continuando con esta parte existencial del ser humano, las prácticas discursivas que se desarrollan actualmente en términos de género no solo tienen que ver con la corporalidad sino con las preferencias eróticas del ser humano. En términos muy coloquiales podríamos decir que cada vez que pedimos a una persona que nos informe acerca de su preferencia erótica, lo que realmente estamos preguntando es: ¿con quién te gusta compartir tu cama? Sin estar conscientes de la pregunta detrás de la pregunta, terminamos por informar a cualquier persona que nos cuestiones acerca de nuestras preferencias íntimas. Hoy en día no hay nada más normal que preguntar a las personas sobre sus preferencias eróticas y la forma en la que se autoclasifica. Y es de esta práctica inconsciente de la que, creo yo, surge la necesidad de cuestionarnos, no como masa sino como comunidad, ¿Por qué tendría que interesarnos la forma en la que mi prójimo interactúa eróticamente con otro ser humano? ¿Por qué esta situación tendría que determinar la forma en la que puedo o no a tratar a una persona? Al parecer y sin darnos cuenta estamos conformando un nuevo constructo social en el cual el sistema nos arroja nuevos roles que desempeñar. Estas nuevas etiquetas le permiten al sistema encajonarnos y asignarnos una nueva forma de comportamiento.

Por supuesto hay que ir con mucho tiento sobre este tema y no confundir situaciones. Es decir que la lucha por la equidad es una realidad corporal y social pero también es importante reflexionar acerca de los senderos por los que andamos y en ese sentido considero que la lucha no debería estar encaminada a poder ostentar una etiqueta sino a poder ostentar el título de ser humano y en este tenor acceder a la equidad en cualquier ámbito de la vida humana. De otra forma lo que conseguimos con esta autoclasificación es remitirnos a algún tipo de biología ahora social en la cual podamos clasificarnos. jerarquizarnos y, por tanto, separarnos cada vez más como seres humanos. Tal vez la pregunta que tendríamos que estar haciendo en tanto hacia a donde deberían estar dirigidos nuestros esfuerzos es ¿qué tanto permito que me determine mi biología, mi cultura, la sociedad en la que crecí, etc., etc.? Es importante recordar que, así como el ser humano es el único animal que razona, esta capacidad también lo convierte en el único animal que no puede ser determinado tajantemente por su biología.

Y así quiero regresar a Heidegger y su afirmación de que fuimos arrojados arbitrariamente a este mundo y fue el azar quien, en la mayoría de los casos, eligió nuestra biología, nuestra genitalidad. Sin embargo, Jean-Paul Sartre diría que el ser humano es el único animal que está condenado a la libertad entendiéndose esta como la capacidad de elegir lo que quiere ser. En estos términos el ser humano puede elegir ser o no determinado por su biología o por el constructo social en el que le ha tocado vivir.

Es en este sentido en el que considero que las nuevas discusiones deberían estar encaminadas a pensar en la nostredad y a no deshabilitar ninguna voz. Durante años y años las mujeres y personas de la diversidad nos hemos conformado como la voz en OFF dentro de la sociedad, hemos sido la población excluida y considero que de ninguna forma quisiéramos convertirnos en las y los excluyentes. Muchos hombres que se han expresado a favor del movimiento de género se autoproclaman la nueva voz en OFF en esta nueva narración histórica que estamos conformando, lo cual considero poco práctico en términos de comunidad. Si quitamos esa etiqueta de “hombres” quizá podamos ver que todos somos parte vital de la sociedad. Tal vez esta misma discusión se llevó a la práctica cuando se instauró el sistema patriarcal. Pensar que existían temas cuya discusión les correspondía a los hombres o a un sector particular de la población es lo que nos ha llevado, en primer lugar, a un sistema decadente que nos tiene al borde de la extinción. Considero que las luchas de género no deben estar encaminadas a la idea de instaurar un sistema matriarcal sino a la construcción de una comunidad en la cual nadie quiera evadir su responsabilidad social y en la que todas las voces sean escuchadas y tomadas en cuenta.

Tomemos en cuenta que el ser humano sin importar su biología, género o preferencia erótica es un ser precario, vulnerable y finito, razones por las cuales deberíamos estar pensando en emanciparnos ideológica y discursivamente de nuestra biología y de los constructos sociales impuestos o formados. Si duda alguna existen grupos dentro de nuestra comunidad más vulnerables que otros y grupos más privilegiados que otros y creo que es ahí donde deberían instaurarse estas nuevas prácticas discursivas, en torno a la equidad social.

Autor: Paola Licea

Soy amante de las letras y de los pensamientos. Licenciada en APOU Candidata a Mtra. En Humanidades