¿Dónde jugarán los haters?

DE UN MUNDO RARO

Por Miguel Ángel Isidro

El 11 de marzo de 1997 fue oficialmente lanzado el álbum debut de la banda mexicana Molotov, que desde su propio título puso a la provocación como tarjeta de presentación y declaración de principios.

“¿Dónde jugarán las niñas?”, la producción de referencia, implica una parodia ácida y directa al tercer álbum del que entonces era el grupo de rock pop más importante de México: los tapatíos de Maná, que bajo un discurso ecologista-progre-neohippie titularon uno de sus discos más exitosos con el título de “¿Dónde jugarán los niños?” (1992).

Sin ser necesariamente el primero en su tipo, aunque probablemente sí el más transgresor entre muchos otros, el álbum debut de Molotov reúne una docena de canciones que a ritmo de rap, nu-metal, funk y  otras fusiones sintetizó el espíritu de una generación de jóvenes mexicanos que lo adoptaron como soundtrack de sus reventones: la liberación del deseo reprimido de mentarle su madre al sistema, de denunciar la hipocresía de los medios, de burlarse de los estereotipos sociales y sí, ciertamente de echar demadre fuera de los clichés de la “gente bien”.

A 23 años de distancia, el álbum producido por Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel, volvió a ser tema de conversación no sólo por la efeméride de su lanzamiento, sino también por una polémica desatada en torno a su contenido lírico y a su atrevida propuesta visual -la portada del álbum rebasa cualquier explicación semiótica o pretendidamente intelectual-, bajo la interrogante de si la sociedad contemporánea podría tener tolerancia a un producto artístico de tales características en el momento actual, bajo el termómetro de la nueva mentalidad y sentido de la moralidad que ahora impone el lenguaje inclusivo, la cultura de género y la lucha contra la discriminación. Y con sorpresa vimos que cuando despertamos, el dinosaurio de la intolerancia, lamentablemente… sigue allí.

Tal y como lo expuso Olallo Rubio en su documental “Gimme the Power” de 2012, la irrupción de un producto musical como Molotov en la escena del rock nacional no fue del todo fortuita, sino producto de una serie de circunstancias sociales, políticas y hasta (contra) culturales muy específica. Porque más allá del contenido evidentemente misógino o del humor negro de algunos de sus temas (que podrían equipararlos a otros grupos ya existentes como Cuca), el estallido de irreverencia de Molotov fue acompañado de un elemento adicional: un posicionamiento político, como es el caso de “Voto Latino”, “Que no te haga bobo Jacobo” y la ya referida “Gimme the Power”.

Obviamente el caso del cuarteto mexicano no es único ni aislado en la música contemporánea: la controversia aparece o se disipa en función de determinados contextos o intereses culturales e incluso políticas. Recordemos algunos casos:

El 7 de julio de 1977, la banda punk británica Sex Pistols organizó un evento para el lanzamiento de su sencillo “God Save The Queen”, una cruda parodia a la corona británica.

Coincidiendo con el jubileo de la Reina Isabel II, el grupo encabezado por Jonnhy Rotten se propuso interpretar la canción a bordo de una embarcación que estaría navegando por el río Thamesis, intencionadamente en las cercanías del Palacio de Westminster. Ahora se sabe que el acto fue un acto publicitario ideado por el manager de los Pistols, Malcom McLaren, ya que a pesar de su agresiva imagen y sus irreverentes modales, los flamantes padrinos de punk eran más bien apolíticos. La abrupta cancelación del show y el arresto del grupo y una parte de su séquito fue parte de la pólvora mediática que elevaría su bizarra carrera musical a nivel de leyenda.

El uso de la música como herramienta de subversión tiene una larga historia. Sin embargo, hay casos en los que el mensaje ha servido para hacerle frente a los rígidos cánones de la propia industria musical.

Uno de los casos más notables se dio en 2009, en torno a la canción “Killing in the name”, de la banda norteamericana Rage Against the Machine.

En ese año, usuarios de redes sociales en el Reino Unido promovieron una campaña para convocar a  la descarga masiva de dicha canción,  a fin de evitar que el número uno de las listas uno fuese acaparado por el cantante ganador del concurso televisivo “X Factor”, Joe McElderry.

El movimiento argumentaba la necesidad de romper la hegemonía del creador del citado reality show y “gurù” del pop británico Simon Coldwell, que había encontrado una fórmula para acaparar los charts reciclando viejas canciones y dando proyección temporal a los artistas emanados de su plataforma.

Sorpresivamente, en la navidad de 2009, el número uno de las listas de popularidad fue ocupado por el tema de Rage Against the Machine, a pesar de tratarse de una canción lanzada 17 años atrás y de su contenido fuertemente cargado de denuncia política y controversia. El tema hace referencia a los abusos policiacos contra las minorías raciales y a la presencia de miembros del Ku Klux Klan en las corporaciones policiacas norteamericanas (“Some of those that work forces/ are the same that burn crosses”).

Por si fuera poco, en la parte final de la canción se menciona la palabra “fuck” (jódete) 16 veces, por lo que a pesar del sorpresivo éxito del tema, no pudo ser programado masivamente por la conservadora radio británica. La BBC hacía que los locutores comenzaran a hablar sobre la canción al iniciar la frase “fuck you/ I won’t do what you told me”, mandando a segundo plano el subversivo audio.

En una entrevista con la agencia Europa Press, el aludido Simon Caldwell lamentó el incidente como “el triunfo de una campaña de odio”, mientras que el cantante Zack de la Rocha y el guitarrista Tom Morello saludaron el gesto del público británico como una “necesaria reacción de la gente ante la exagerada presencia de productos prefabricados en la industria musical”.

Cualquiera pensaría que la censura a temas musicales podría remitirse sólo a aquellas canciones que usan “malas palabras”, o con referencias políticas o sexuales en sus letras, pero incluso melodías consideradas “inocentes” o “pacifistas” llegaron a ser motivo de veto.  Tal fue el caso de “Imagine”, el icónico tema de John Lennon, lanzado originalmente como sencillo en 1971.

La canción es considerada un himno a la paz y a la tolerancia entre el género humano. Pero particularmente algunas líneas de su letra provocaron controversia en distintos ámbitos.

La rola inicia con la frase “Imagine there is no heaven”, la cual de inmediato incomodó a ciertos grupos religiosos.

En 2012, la televisión turca suprimió dicho tema musical de todas las transmisiones relacionadas con los Juegos Olímpicos de Londres, por considerar inaceptable reproducir un tema musical que sugiriese suprimir toda religión. 

En una entrevista para Melody Maker en 1975 – con motivo del relanzamiento del sencillo, pero ahora como parte del álbum “Shaved Fish”-, Lennon declaró, con no poca ironía, que con “Imagine” había encontrado una fórmula para lograr que una canción de protesta fuese incluida y aceptada por la radio comercial. “Es una canción anti religiosa, anti capitalista y anti bélica. Pero si le pones un poco de miel encima, los conservadores se la tragarán”.

El impacto cultural de los productos musicales depende del momento histórico y del contexto en que se producen. En la actualidad, la lucha por la cultura de reconocimiento a la diversidad sexual y la oposición a los cánones en materia de género e identidad han abierto un debate tan ancestral como complejo. Tan difícil de defender como la simple afirmación de que “la música de antes era mejor, porque no necesitaba ser tan explícita”… pero sólo habría que repasar las letras y mensajes de cientos de boleros, canciones rancheras y baladas para cuestionarnos la orientación de la brújula de nuestra pretendida moralidad. Ya me imagino a las buenas conciencias escandalizándose con el reggaetón, pero al mismo tiempo glorificando temas como “Piensa en mí”, del maestro Agustín Lara, que en una de sus partes claramente expresa: 

“Ya ves que venero

tu imagen divina,

tu párvula boca

que siendo tan niña,

me enseñó a besar”.

Si se busca escándalo, se encuentra. Sólo como referencia: dicha canción fue publicada por Lara a los 35 años de edad, y la letra de ese tema tan lleno de pasión y sensualidad, fue concebida en coautoría… con su hermana María Teresa, apenas cuatro años menor que el Flaco de Oro.

Es imposible complacer a todo el mundo, y menos todo el tiempo. Así que, a manera de conclusión, podríamos atrevernos a sugerir a los integrantes de Molotov lanzar una nueva versión de la canción más controversial del álbum “¿Dónde jugarán las niñas?” en una nueva versión, que podría ser titulada “Pute”, y que para su promoción podría ser presentada como una canción “inclusiv@, vegana y gluten free”…

Aclaro: ésta asesoría es gratuita, por lo que no pretendo reclamar ningún crédito por su autoría. Que se le considere un servicio a la comunidad.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

Molotov (México)

“Puto”

Sex Pistols (Inglaterra)

“God Save The Queen”

Rage Against the Machine (Estados Unidos)

“Killing in the name”

John Lennon (Inglaterra)

“Imagine”

Agustin Lara (México)

“Piensa en mí”

Autor: miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....