Moverse Dormido

Por Rodrigo Díaz M.

Todo paró, el tiempo, la vida como la conocíamos, escuelas cuyas paredes solo guardan el eco de niños gritando. Restaurantes que limpiaron la loza para nunca más servir en ella. Calles que en una semana dejaron de vibrar y se convirtieron en desiertos negros. Caras a las que ya no se le ve una sonrisa, y algunas que no sonríen más. 

Este año perdido, como he decidido bautizarlo, es uno de los momentos más extraños a los que nuestra sociedad moderna se ha tenido que enfrentar, porque si bien tenemos tecnología y procesos nuevos, también hay males nuevos, como la depresión, la ansiedad y las condiciones de vida, que en algunos caso, han quedado evidentes las condiciones precarias en las que muchos pueden o podemos llegar a vivir. 

Pero si algo no para en nuestro querido México es la cosa pública

¿Que ha pasado? 

Pues, de todo y nada. Dicho de otra forma, todo está por verse. La elección federal del siguiente año es la más grande a celebrarse en la historia del país, algo que es de menos, difícil de creer ya que no elegimos presidente. Sin embargo, por las modificaciones a las leyes locales de varios Estados que tenían elecciones en años irregulares (es decir al segundo o quinto año del sexenio presidencial) se ha hecho un esfuerzo para empatar las elecciones intermedias a periodos regulares (tercer y sexto año del mandato presidencial). 

Se jugarán 15 gubernaturas, las 500 diputaciones federales (con la posibilidad de reelección), 29 congresos locales también tendrán que sacudir y dejar limpio, por si acaso, el curul que les corresponde y 1900 ejecutivos de tercer nivel (ayuntamientos y alcaldías), un total de 21,350 cargos de elección popular estarán en juego en las urnas el próximo 6 de julio. 

Conmemoración de los 100 años de la Constitución de 1917 en el Teatro de la República, Querétaro.

Lo que en verdad se juega

Pero independientemente del número de cargos, lo que se está jugando en verdad son los pesos y contrapesos de las fuerzas políticas del país. Dentro de lo que podría llamarse La Arquitectura Constitucional se ha diseñado el sistema de pesos y contrapesos para evitar la concentración de poder en un solo individuo o fuerza política. 

Ejemplos de los pesos y contrapesos son: la manera en la que son electos los senadores (dos por votación directa, un tercer lugar a la primera minoría y un cuarto plurinominal), los diputados plurinominales y los Organismos Constitucionalmente Autónomos. Son una serie de procesos político-históricos que son dignos de ser estudiados, pero que para poder explicar a detalle habría registrar y seguir un protocolo de investigación doctoral, cosa que no se hará aquí. 

Sin embargo, todo lo que ha pasado en el encierro tiene que ver con esto que se ha explicado, ya que la elección intermedia definirá si MORENA tendrá paso libre para imponer su proyecto de transformación sin freno alguno. O si bien, la oposición, sea cual sea, podrá frenar el proyecto de la cuarta transformación y logre moderar un poco los impulsos del Lopezobradorismo. 

Gane quien gane, ¿nosotros perdemos?

Todo, a partir de ahora, tendrá tintes electoreros y todo se tratará de capitalizar a favor y/o en contra de todos. Nosotros, los electores tenemos una responsabilidad enorme y desde mi punto de vista, muy dificil; atesorar nuestro voto. Y es difícil, ya que históricamente, el sistema político nos ha fallado. Atesorar nuestro voto tiene muchas vertientes y muchos sentidos. 

Tendremos que cuidar nuestro voto antes de la elección, pensando que es lo que cada uno de nosotros quiere que suceda en esas salas de reunión, donde se discute entre 5, 10 o 20 personas el futuro de 130 millones de mexicanos. Habrá que pensar ese voto en el sentido de hacerlo útil, la política no es fútbol y a veces votar por el candidato que verdaderamente nos simpatiza es ayudar al que no queremos que gane, a llegar al puesto (divide y vencerás, decían los romanos y solo se tardaron 1500 años en desaparecer. 

Habrá que defender nuestro voto, respetando los resultados cuando sean legítimos y reclamando los resultados que no lo sean. Y esta elección, también exigirá que no se acabe el 6 de julio, sino que nosotros, exijamos nuestro principal derecho como ciudadanos de ser representados durante todo el encargo de nuestros líderes, revisando su actuar de manera periódica. 

Estoy feliz de estar de regreso. 

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Autor: Rodrigo Díaz M.

Estudiante de Derecho, filósofo de banqueta, beisbolista amateur y ciudadano crítico.