Simple democracia

DESPUES DEL AMOR

Por Arturo Ortega Santillán

Se suelen denominar a las ligas de España, Inglaterra, Italia y Alemania como las cuatro grandes de Europa, las que arrebatan la atención del espectador por su alta calidad así como por sus estándares de competencia. Incluso a sabiendas de que en los últimos años, el círculo de los clubes que han alzado el trofeo de campeón ha sido muy cerrado en las cuatro ligas.

Este fin de semana, y después de la pausa ocasionada por lo que podríamos llamar “causas de pandemia mayor”, la liga italiana, la Serie A, Il calcio italiano (o como usted decida llamarle) llegó a su fin, con lo que las cuatro ligas más poderosas del mundo cerraron su ciclo 2019-2020.

A pesar de todas las inclemencias, a pesar las complicaciones por todos conocidas, una vez más, las ligas que dominan la atención del mundo demostraron con clase, con categoría, que los torneos podían, y debían terminarse.

¿Y por qué era tan importante concluir las competencias?

De las 38 jornadas que se jugaron en cada liga (de los 80 equipos), el club con el menor puntaje fue el modesto SC Paderborn 07 de Alemania, con apenas 34 puntos, mientras que en el otro extremo, el aún vigente campeón de Europa, dominó la Premier League de Inglaterra con 99 puntos. Un abismo de distancia en términos competitivos entre dos clubes que también tienen una gran distancia en posibilidades presupuestales y alcance mediático.

Para dimensionar, el sencillo Paderborn cuenta con un pequeño estadio con capacidad de apenas 15 mil personas, en comparación con los 75 mil que alberga el Alianz Arena, casa del campeón germano, el Bayern Munich; o de los 80 mil que caben en el Santiago Bernabéu, la llamada casa blanca del Real Madrid; o de los 54 mil asistentes que soporta Anfield, el recinto del Liverpool. 

La capacidad de los hogares de cada equipo es solo un aspecto que coloca en perspectiva sus capacidades financieras, mediáticas e históricas, pues los vigentes campeones de las mencionadas grandes ligas de Europa, Liverpool, Juventus, Bayern Munich y Real Madrid, históricamente ocupan algunos de los sitios más laureados del continente y del mundo.

Resulta indispensable poner en contexto dicha distancia futbolística porque, en circunstancias pandémicas, los efectos de un paro de tal magnitud podrían despreocupar – financieramente – a clubes con un superávit como para no jugar 10 años y retomar actividades como si nada hubiese ocurrido. Una situación que no podía aplicase para clubes modestos pero no de menos valía.

Las cuatro grandes ligas de Europa procuraron la culminación de cada torneo, por supuesto que con una visión de negocio y de mantener ganancias para todos las empresas implicadas en el deporte más famoso del mundo, como publicidad, derechos de televisión, patrocinios, etcétera. 

Sin embargo, también se procuró la consecución de las competencias por una razón ejemplar, la dignificación de un trabajo que es soporte económico de grandes potencias pero también de pequeñas entidades deportivas. Podríamos denominarlo, la democratización de una actividad lúdica pero proveedora de millones de familias de sustento económico y patrimonial.

He aquí la categoría que demostraron estas implacables ligas con el deseo y la voluntad de cumplir los compromisos de un torneo que en esencia es solo entretenimiento, pero que además cumple con necesidades sociales o económicas que hubiese sido injusto ignorar. Cercano a las actividades esenciales.

Los campos lucieron durante las últimas jornadas con estadios vacíos, como lo dictaban las normas de la crisis sanitaria, los partidos de 90 minutos se vieron interrumpidos por descansos atípicos para rehidratar a los deportistas que habían sido abruptamente excluidos de su trabajo (primordialmente físico) de un día para otro, también con la intención de prevenir lesiones o impactos que mermaran más aún la herramienta elemental de cada uno para sus labores: su cuerpo.

Una vez más el futbol se mostró como un espejo de la realidad, o mejor dicho de la disparidad social entre naciones, así como entre continentes.

En Europa se dignificó una profesión en medio de un caótico e inesperado escenario pandémico, claro está, sin descuidar aspectos financieros, se puso el ejemplo. Clubes, jugadores y empresas se unieron disciplinadamente en favor del beneficio mutuo, sin importar las ventajas con las que podría contar un equipo con grandes recursos vestido por Adidas o Nike o las carencias de un modesto equipo de futbol uniformado por una desconocida Saller.

Terminar con los 38 partidos de futbol no solo representaba la obtención de un trofeo para los equipos dominantes, también significó la conclusión del torneo para una veintena de equipos de pocos recursos en Europa que dependían de la visita de un Real Madrid, Bayern Munich, Barcelona, Juventus, Milan, Inter de Milan, Manchester United, Arsenal o Chelsea, para cumplir con la aspiración de obtener un buen marcador y así mantener un patrocinio o la categoría divisional, con miras al próximo año. Por salud financiera, por supuesto, pero al mismo tiempo por orgullo, por pertenencia, por identidad.

Esta historia aún no concluye, el torneo más importante a nivel de clubes se retoma el próximo fin de semana, la esperada UEFA Champions League vuelve para poder culminarse, se respetarán los juegos pendientes a visita recíproca que se interrumpieron en marzo, y los juegos decisivos se realizarán en un solo país, en cumplimiento de protocolos sanitarios, con sede en Portugal.

Sin público, con pausas extraordinarias y en ciudad neutral, así son las condiciones para la consecución de una competencia del más alto nivel deportivo. Una vez más, el respeto al esfuerzo de un año dedicado a una profesión queda de manifiesto. Con el compromiso integral de todos quienes participan en él.

El resultado, muy por encima de quien resulte ganador es el ejemplo, la demostración de cómo superar circunstancias adversas con la premisa de respetar y dignificar las actividades propias pero sobre todo las del otro, las del compañero o las del oponente. Sin ello, la democracia no existe, y se puede demostrar en un simple torneo de futbol.

Autor: Arturo Santillán

Formado periodista, loco por el futbol, la música y la imagen. Escribo y colaboro en Notas Sin Pauta. Productor y Fundador en Sensor Agencia Audiovisual.