La tierra de Bruce Springsteen (I)

En 1984 Bruce Springsteen sacó uno de sus álbumes más conocidos, Born in the USA; la canción que da nombre a la producción fue tomado como un llamado al patriotismo y la exaltación de la nación norteamericana. Sin embargo, el compositor y cantante aseveró que esa interpretación no estaba ni cerca de lo que trató de decir; era un crítica a la manera en que fueron recibidos los soldados y reclutas que habían pelado en la guerra de Vietnam. No obstante, aun cuando la canción con el título más explícito a hablar acerca de la nación de las barras y las estrellas no aborda en absoluto el tema, hay un concepto que se repite constantemente en la obra del Jefe: la tierra prometida. 

De acuerdo con un ranking que realizó la periodista Caryn Rose, en el que coloca de forma ascendente las 327 canciones de Springsteen, las que abordan el tema de la tierra prometida están entre los primeros lugares: “The Promised Land” (5); Badlands (4); This Hard Land (11); The Land of Hope and Dreams (29); American Lands (319). Del mismo modo, aunque no aclara los parámetros para medir las posiciones de las canciones, aclara que la mayoría de las letras del jefe hacen referencia a temas como el amor –lugar común–, fe, esperanza (¿y caridad?), y, sobre todo, el lado oscuro del sueño americano. Pero primero hay que saber a qué se le denomina sueño americano.

Estados Unidos: el mito de la tierra prometida

El actual Estados Unidos se nutrió demográficamente desde sus orígenes a partir de las grandes migraciones europeas; en el período que va desde finales del siglo XVI hasta finales del XVIII, la mayoría de los asentamientos coloniales estuvieron compuestos por ingleses, lo que no debe interpretarse como un territorio homogéneo, ya que dentro de esa población variaron las creencias religiosas, políticas, incluso económicas, y por ende culturales. Cada una de las 13 colonias inglesas tenía sus propias reglas y un estilo de vida disímil del resto en la mayoría de los casos. 

A las colonias británicas no sólo llegaron ingleses, también holandeses, escoceses, irlandeses, entre otros. Sin embargo, en un inicio no había restricciones en cuanto a quién podía asentarse en el “Nuevo” Mundo, por lo que cualquiera que tuviera la valentía de cruzar el Atlántico y pudiera pagar el traslado, así como estar dispuestos a trabajar la tierra por contrato, tenía una invitación segura hacia alguna de las colonias. No obstante, a esa tierra también llegaron personas de la peor calaña, como dice el historiador Howard Zinn: ex presidiarios, prófugos de la justicia, opositores a la corona o perseguidos religiosos; la idea no era generar una sociedad nueva, sino poblar un territorio a como diera lugar. De esta forma, los europeos migrantes reconocieron a las colonias americanas como una tierra donde se podía iniciar de cero, donde podía dejar atrás su pasado y comenzar una nueva vida.

La conformación demográfica a partir de la migración es inherente al continente americano; sin embargo, a diferencia de las 13 colonias, en el caso de los virreinatos españoles no hubo movimientos migratorios ya que la entrada a las posiciones del imperio español estaba prácticamente prohibida. Todos los habitantes que decidieran establecerse en la Nueva España o en el virreinato de Río de la Plata debían ser peninsulares, es decir, venir de lo que hoy conocemos como España, no había otra opción. Sin embargo, eso no demerita la riqueza cultural con la que se nutrieron constantemente los territorios de ultramar. 

Después de la guerra de Independencia de las 13 colonias se promovió la llegada de pobladores a la nueva nación. Durante la primera mitad del siglo XIX se calcula que el 50% de la población estadounidense había nacido fuera de América –el continente–; aunado a eso, durante ese período Europa enfrentó fuertes luchas políticas que desembocaron en conflictos bélicos, por lo que Estados Unidos se convirtió en una opción para recuperar el estilo de vida que se había perdido o se había interrumpido. De esta forma, Estados Unidos logró industrializarse a un ritmo maratónico lo que, sumado a la estabilidad política que consiguió, atrajo a más personas. 

En 1861 estalló la Guerra Civil, que dividió, literalmente, el territorio estadounidense. Sin embargo, en 1862 se consumó la primera parte de la colonización del llamado Oeste, compuesto por la actual zona centro y la costa Oeste, así como por los territorios que Estados Unidos obtuvo tras la guerra con México entre 1846 y 1848. De esa forma, y gracias a la construcción de vías férreas, se promovió el poblamiento de una extensa porción del territorio. Dicha invitación no fue sólo para los norteamericanos, sino que también tuvo ecos en Europa. Así, entre 1850 y 1890 se produjo uno de los movimientos migratorios más grandes y complejos de la historia. Fue así como Estados Unidos se convirtió en una opción para europeos, asiáticos y hasta latinoamericanos. 

La maravilla del territorio se vio aumentado con la idea de que ahí se encontraría riqueza gracias a la fertilidad de su tierra. Esta idea se vio influenciada por los descubrimientos auríferos en California así como por la abundancia de tierras libres para trabajarlas. Más allá de un truco publicitario, fue una imagen exagerada que se promovió por los propios migrantes o viajeros. 

No obstante, a finales del siglo XIX se establecieron leyes que mediaban el control del ingreso de migrantes a Estados Unidos. Los argumentos a veces caían en el racismo y la xenofobia, argumentando que ciertas “razas” no eran provechosas para la nación; en este conjunto ingresaron los mexicanos, los chinos, los italianos, los irlandeses, así como los provenientes de Europa Oriental. Incluso, los que lo lograron establecerse padecieron discriminación y ostracismo, así como dificultad para encontrar trabajo. La tierra prometida se convirtió en una restrictiva. 

The Promised Land y Badlands

Durante las presentaciones de Springsteen on Broadway Bruce se dedicó a hacer un análisis de sus propias canciones, en los que contaba los pasajes de su vida que dieron forma a sus composiciones. Cuando toca el turno de “The Promised Land”, en un largo prólogo de tres partes, Springsteen cuenta cómo trató de que su banda de juventud, Steel Mill, fuera descubierta por alguna discográfica o cazatalentos; para eso, debían ir a San Francisco, donde vivía la familia de Bruce. Aunado a esto, a finales de la década de los sesenta esa ciudad californiana era el centro de la cultura juvenil y cuna del movimiento hippie. El gran obstáculo era la distancia entre su ciudad dorada y Freehold, Nueva Jersey. Tan sólo tenían tres días para llegar a la otra costa.

 Más allá de los detalles del resto de la historia, que también pueden leerse en su autobiografía, Born to Run (2016), lo que Springsteen destacó del viaje fue la oportunidad que tuvo para contemplar el paisaje de la mayor parte de Estados Unidos, al que se refirió de la siguiente manera: “el paisaje era realmente hermoso. Me sentía exultante al volante cuando atravesamos el desierto al amanecer, los cañones sombreados de púrpura y azul profundo y azul profundo, el cielo amarillo pálido de la mañana perfilado la negra de la silueta de las montañas que íbamos dejando atrás (…) Todo aquello te hacía sentir en casa, y caí perdida y eternamente enamorado del desierto”. 

Cronológicamente, The Promised Land pertenece a su cuarto álbum de estudio,  Darkness in the Edge of Town. En este disco trató de retratar varios malestares de la clase obrera, la que conoció a través de los múltiples trabajos de su padre. De esa forma, la canción se inserta en un disco que no puede considerarse ni político ni contestatario, aunque sí de un working class hero. Aunado a esto, también está influenciado por los discos del punk inglés surgido a finales de los setenta; de ahí que los temas de las canciones sean más enfocadas hacia la clase obrera, aunque, como se dijo líneas atrás, la principal influencia viene de otro lado.

La influencia de lo dicho por Springsteen en sus presentaciones en Broadway y en su autobiografía se ven en el inicio de la canción, al hacer referencia a una autopista sinuosa en el desierto de Utah que lleva a un pueblo en donde habita el personaje que narra la canción. Ahí trabaja en el taller de su padre. Sin embargo, la canción hace referencia a una constante inconformidad con lo que se tiene y con lo que se es. El personaje dice que se levanta temprano todos los días, hace lo que debe pero no es suficiente. Hay un renuente llamado a salir de ese pueblo  –probablemente donde nació– y buscando a alguien que tenga las mismas pretensiones; estar ahí  ya es un dolor. De esa forma, el conformismo se vuelve la cápsula que envuelve a la tierra natal; no hay una apelación hacia las raíces, sino a dejar de ser para ser otra cosa. El coro es más desolador, al afirmar que no es un niño, ya es un hombre, y cree en una tierra prometida. Aquí ese concepto es algo más metafórico y abstracto, que no se materializa del todo; la tierra prometida es algo alejado del pueblo en el que vive, pero no es un lugar al que se haga referencia.

Por otro lado, el conformismo se ve transformado en metáfora a través de la nube de polvo a la que el protagonista se va a enfrentar convertido en tornado, que enfrentará todo aquello que no tenga fe. La canción es una apología en contra del conformismo, la rutina, a salir de todo aquello que te ate a un una vida que no te satisfaga. 

La segunda canción,  “Badlands”, también perteneciente al Darkness on the Edge of Town, parece hacer referencia a todo lo contrario. Las primeras líneas hablan de una decepción o un desencuentro, tal vez de una frustración. Empero, no le interesa al narrador, que le está hablando a una chica –tal vez su pareja– ; la frustración no lo carcome, no le interesa todo aquello que se dice, él tiene fe en lo que hace, aunque esto sea exasperante en ocasiones. 

Nuevamente nos enfrentamos a una metáfora, badlands, que hace referencia, sobre todo, a una tierra infértil que es difícil de cultivar  –es muy usada en la música country para hacer referencia a ese tipo de casos o a tierras solitarias y áridas, pero pobladas; el contrario sería wilderness–. El narrador debe vivir (¿padecer?) las consecuencias de esa tierra; sólo lo pueden salvar la fe y la esperanza de que un día pueda domar esas malas tierras, pero sin pretensiones tan altas o exageradas (but you better get straight, darling: poor man wanna be rich /rich man wanna king / and a king isn’t satisfy ‘till they rule everything). No hacen falta grandes expectativas, basta con una sola noción de lo que se quiera para poder salir de esas badlands. 

Aun cuando podría entenderse, de acuerdo a lo dicho por Bruce en Springsteen on Broadway en 2017, que la tierra prometida es sustancial al territorio de Estados Unidos, en esta primera etapa del concepto en su obra no se materializa todavía; la tierra prometida es el contrario de las malas tierras, pero estas aparecen como una fase por la que se debe pasar para acceder a la tierra prometida. Si se analiza con cuidado hay una clara influencia del pensamiento religiosos, especialmente el cristiano; la gran diferencia es que la tierra prometida, en vez de ser un paraíso fuera de este mundo, puede materializarse a través del esfuerzo y la dedicación. Eso se acerca más a la interpretación protestante del paraíso, en la que no se estará mejor en una vida después de la muerte, sino que el trabajo y la cultura del esfuerzo acercan más al creyente a un paraíso terrenal. De esta forma, la promesa se materializa en lo-que-sea-que-se-sueñe.