Diana Velázquez: el derecho de las víctimas.

Pido la palabra

involucramiento y diversidades

Por Vica Rule 

El caso del lamentable feminicidio de la joven Diana Velázquez Florencio a principios de julio del 2017 en Chimalhuacán, municipio del Estado de México, ejemplifica la violencia estructural que existe en nuestro país contra la mujer que lejos de disminuir se ha incrementado aun en el nuevo gobierno, e incluso, en la coyuntura de la pandemia, como se demuestra con las últimas estadísticas sobre el feminicidio en México, una tendencia actual de 945 feminicidios en este 2020 según datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

En el contexto particular del Estado de México se visibiliza la grave inseguridad existente que desde hace varios años ocupa los primeros lugares en la mayoría de los delitos como robo en casa habitación, robo de vehículos, homicidios dolosos, y feminicidios, entre otros. Este contexto de violencia e inseguridad hace de Chimalhuacán uno de los lugares más peligrosos para vivir para cualquier mujer, actualmente ocupa el lugar 11 nacional con 5 feminicidios reconocidos oficialmente entre los 100 municipios de México con mayores registros de este delito (SESNSP).

Una lectura de los datos oficiales sobre seguridad publica demuestra que no es la falta de policías el problema mayor en el Estado de México sino la falta de filtros de confianza en su incorporación, ya que casi un 40% de integrantes de los cuerpos policiales no han pasado por ellos (SESNSP).

En el escenario general del país pareciera que el caso Diana Velázquez es un feminicidio más, sin embargo, destaca por el escandaloso grado de negligencia, desgano, apatía e ineptitud de las autoridades encargadas del caso ya que este feminicidio contaba con elementos periciales para establecer líneas de investigación y probables responsables del delito, del cuerpo y las ropas de la misma Diana Velázquez que ayudaran a su esclarecimiento. Sin embargo, la falta clara de cooperación de las autoridades y los «errores» en su procesamiento ha llenado de impunidad este feminicidio.

¨La respuesta que dio la autoridad desde el principio fue muy deficiente, siempre fue de malos tratos, nos trataban pésimo y nunca hicieron nada por saber quién o quienes habían sido los feminicidas de mi hermana, perdieron muchas pruebas, su irresponsabilidad llego al grado de que su ropa, dicen ellos, la tiraron a la basura si había pruebas las tiraron…¨ (Laura Velázquez Florencio) 

También por la actitud valiente y digna de las víctimas de la mama de Diana, de Lidia Florencio que, junto con Laura, hermana de Diana han decidido luchar contra la indiferencia, y la no actuación de las autoridades correspondientes. En el contexto adverso y amenazante de Chimalhuacán han roto su propio miedo natural, han desafiado a esas mismas autoridades indolentes y a la misma indiferencia de la mayoría de la población de este municipio.

¨las autoridades no han querido investigar nada; todos los protocolos, las alertas de género, todo lo omiten, saben que existen, pero no hacen nada, no lo aplican y en el caso que ha ocurrido mi hermana no han hechos investigaciones, ni siquiera han querido ir a ver la zona, lo ven como un feminicidio más, y solo dicen ahí está la carpeta¨

En el marco de un tercer aniversario del caso Diana Velázquez y aun en los difíciles días de la Pandemia ocasionada por el Covid19 las dos junto con otros familiares de las víctimas y mujeres organizadas en Redes y colectivas han llevado a cabo una jornada más de lucha por el esclarecimiento del feminicidio de Diana Velázquez, una marcha y ritual de sanación en el lugar en el lugar donde fue encontrado el cuerpo de Diana, se han incorporado al plantón de víctimas de feminicidio en Palacio Nacional y han llevado a cabo una acción de exigencia en la sede de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México en la ciudad de Toluca apenas hace unos días.

En varias ocasiones he podido conversar con ellas y he podido atestiguar el dolor que deja en los familiares de las víctimas de la violencia del feminicidio, pero también, la capacidad de ellas para transformar ese dolor e indignación en acción colectiva y exigencia de justicia, esa entereza, en mi opinión, es una reivindicación ética y humana, un posicionamiento político e inicial que toda la sociedad y los ciudadanos interesados en la defensa y preservación de los derechos humanos deberíamos atender, cuidar y apoyar.

¨…debemos sensibilizarnos de la violencia hacia todas las mujeres que no nos mueva solo un feminicidio por que se hizo mediático, sino que hay muchos casos de mujeres que se hacen invisibles que ocurren en nuestra propia calle, en nuestra propia colonia desde…ahí hay que empezar que era una mujer como yo, hay que sensibilizarnos de que si le paso a mi vecina también me puede pasar lo mismo y tengo que apoyarla. 

Es el derecho básico y único de las víctimas para escribir su propia historia, una historia donde el ejercicio de la memoria, el otorgamiento del perdón y la posibilidad del olvido es un derecho inalienable de ellas que no puede ser confiscado o interpretado por interpósita persona o autoridad alguna. El punto final y el No rotundo a la impunidad es un derecho solo de ellas. El derecho a soñar en lo individual y en lo colectivo, con los ojos abiertos, con la posibilidad de la restauración y la justicia.