La tierra de Bruce Springsteen (II)

TRES DE TRES

Por José Luis Enríquez Guzmán

El tema de la tierra prometida es bastante fluctuante en la obra de Springsteen. Para fines de esta serie de trabajos se ha tratado de catalogar y precisar una evolución o cambios en la forma en que maneja el concepto. Esta advertencia es pertinente para esta parte, cuando se hablará de un cambio en la tierra soñada, que más bien contradice a lo visto la entrega anterior. Sin embargo, antes de apelar a la nostalgia por la patria chica hay un un último aliento de ansias de salir de ahí. 

De 1982 -pero lanzada en 1995-, “This Hard Land” retoma la decepción por la dificultad de sembrar semillas de esperanza (Well hey there mister, can you tell me what happened to the seeds I’ve sown / Can you give me a reason, sir, as to why they never grown). Sin embargo, esta canción guarda aires de despedida y bienvenida al mismo tiempo. Por un lado, si bien “Badlands” y “The Promised Land” abogan por más la esperanza del sueño, aquí los protagonistas de la canción ya han intentado por todas las formas posibles tratar de cultivar lo poco que han sembrado, pero ante los resultados negativos uno de los hermanos debe irse a un lugar donde todo pueda ser más rentable, aun cuando esa tierra sea difícil de encontrar (We’ll sleep out in the fields, we’ll sleep by the rivers, and in the morning we’ll make a plan / Well if you can’t make it, stay hard, stay hungry, stay alive if you can and meet me in a dream of this hard land). 

Sin embargo, ese mismo año el pequeño terruño se llena de nostalgia y aprecio por Springsteen. En “My Father’s House” ya se añora los días de su infancia y piensa en las ruinas en que se han convertido los lugares que dieron sentido a su infancia (Last night I dreamed that I was a child / Out where the pines grow wild and tall I was trying to make it home through the forest). Sin embargo, la canción está apelando a la memoria, que no suele engañosa como se cree, sino que procesa los recuerdos y los reinterpreta constantemente de acuerdo con el cúmulo de experiencias que se hayan vivido.

De esa forma, se puede hablar de una idealización del pasado o de un desprecio por el tiempo pretérito; ahora hay una exaltación de los días de infancia a través de la figura del hogar paterno, del que antes se repelaba. 

En la misma línea va “My Hometown” del Born In The USA, donde hay una exaltación de la figura de la infancia. Sin embargo, la nostalgia se transmuta en realidad cuando cae en cuenta de que que esos lugares no sólo ya no existen físicamente, sino que también han perdido el significado que les había otorgado (Now Main Street’s whitewashed windows and vacant stores / Seems like there ain’t nobody wants to come down here no more / They’re closing down the textile mill across the railroad tracks / Foreman says these jobs are going boys and they ain’t coming back / To your hometown); ahora es un padre de 35 años que le muestra a su hijo la tierra donde creció, que también es su tierra. Del mismo Born in the USA sigue la línea “Glory Days”, basada en un encuentro de la vida real según Bruce Springsteen, en el que a la salida de un bar se encuentra a un ex amigo y regresan a la barra a recordar sus días de gloria. 


Esto no debe interpretarse como la interrupción del sueño de la tierra prometida, sino todo lo contrario: nostalgia por el lugar que, a pesar de ser tan duro, forjó las esperanzas que lo llevaron al lugar en que posiblemente esté. Como decía Ovidio: “No sé con qué dulzura el suelo natal a todos cautiva y que se olviden del suyo no permite”.