Oportunidades perdidas

DESPUES DEL AMOR

Por Arturo Santillán

A inicios de marzo, días después de las manifestaciones feministas en México y el 8M, Renato Ibarra, un futbolista de origen ecuatoriano, fue detenido y remitido a un reclusorio por violencia doméstica acusado de agredir a su esposa quien, embarazada, tuvo desprendimiento de placenta después del ataque, según pudo oficializar el parte médico del hospital que atendió a la víctima.

Semanas después, el jugador del Club América, abandonó la prisión para desaparecer de la escena mediática, dejar que se “enfriara” la nota en medio del contexto pandémico así como para llegar a un acuerdo legal con su cónyuge. Absuelto de cargos, Ibarra reapareció en junio, cuando ya se había decidido la reactivación de la liga de futbol. En una entrevista para televisión pidió perdón, argumentó que buscaría ayuda psicológica, negó que hubiera golpeado a su esposa e indicó que solo se había tratado de un forcejeo; que el veredicto judicial avalaba sus dichos. Evidentemente aconsejado por abogados, el agresor pidió incluso a sus contratantes que le permitieran la oportunidad de volver a jugar.

El Club América, con quién hay contrato vigente, prefirió deslindarse del caso (sin pronunciarse tampoco) y cedió en préstamo al ex convicto al Atlas de Guadalajara, entre ambas instituciones deportivas se harán cargo del sueldo del ecuatoriano, que ronda los 100 mil dólares mensuales.

También a inicios pero de junio, la MLS, la máxima autoridad futbolística en Estados Unidos, suspendió a Jesse González, portero mexicoamericano del FC Dallas que fue acusado de lo mismo, violencia doméstica. Dos meses después, el 6 de agosto, el club dio a conocer que se rescindió el contrato de González (acuerdo vigente hasta 2023), con lo que deja en libertad al jugador de contratarse con cualquier otra institución, pero fuera de los Estados Unidos.

Fue la Major League Soccer quien intervino y dictaminó el derrotero de la situación, el FC Dallas, claro está, no podía contravenir dicha decisión por lo que actuó en consecuencia. Se dejó claro el mensaje, los actos fuera de la cancha tendrán consecuencia dentro del entorno al que se pertenece.

Es cierto, el futbol es también reflejo de las sociedades, sin embargo, las entidades deportivas en ocasiones tienen la oportunidad de dar el ejemplo hacia afuera y provocar así el efecto opuesto, generar valores, crear conciencia, inspirar acciones. 

Para estas dos infames historias hay un desenlace incomprensiblemente distinto, nuevamente el futbol en México ha perdido la oportunidad de salirse del México impune, del país de los acuerdos por debajo de la mesa, del país en donde las condiciones para no pagar condena por un delito están puestas. El dinero todo lo arregla, para unos cuantos, por supuesto.

Particularmente en medio de una crisis por violencia de genero, el futbol pudo haber sentado el precedente de un auténtico alto al problema en México, por lo menos dentro de un gremio significativo pero poderoso. Se trataba de condenar una acción pero también de enviar un mensaje, el de cero tolerancia para un problema de tanta gravedad. No era tan complicado.

El caso tiene otra relevancia por tener el involucramiento de un jugador importado, un futbolista talentoso al que sus notables aptitudes lo llevaron a cotizarse lo suficiente como para contratarse en uno de los clubes con mayor poder financiero de México, con total merecimiento.

No obstante, como ciudadano, Renato Ibarra fue tratado con las bondades del sistema político-financiero-mediático tan arraigado, ese noble sistema que abraza la corrupción en todos los niveles y que significa el por qué de muchas personas para preferir quedarse en un país con esa flexibilidad.

En México la liga de futbol pone el listón muy abajo para que cualquiera pueda alcanzar las glorias, los reconocimientos y los títulos; así como el sistema lo pone en el mismo nivel para pasar por encima de la autoridad, cumplir con obligaciones o en su caso, pagar condenas por violación a la ley.

Los todo poderosos Lionel Messi y Cristiano Ronaldo (argentino y portugués) fueron acusados por evasión fiscal en España entre 2014 y 2017, en sus años de mayores glorias con el Barcelona y Real Madrid respectivamente. Dicha acusación los obligó a presentar ante Hacienda todos los contratos por los que recibían ingresos y por lo tanto pagar los impuestos correspondientes. Ambos casos fueron presionados con celeridad pues debían cumplir sus declaraciones antes de cierres fiscales. No obtuvieron respiro alguno al respecto por parte de las autoridades hacendarias quienes incluso turnaron los casos a la Unidad de Delitos Económicos.

¿Corrupción en La Liga de España? ¿Corrupción en los clubes? Sería iluso pensar que son entidades impolutas, sin embargo, las violaciones a las leyes o las trasgresiones a la autoridad son perseguidas con mínimo de impunidad.

Tres casos en tres ligas de países distintos, en dos continentes, casos que exponen las particularidades de sus competencias así como de sus comportamientos extra cancha, más allá de la búsqueda del título o la consecución de un gol.

Con una de las infraestructuras de futbol profesional más poderosas del continente, por historia, por dinero y hasta por ubicación geográfica, a México se le va una nueva oportunidad de trascendencia como Liga, como la perdió cuando se le castigó por los cachirules de 1988, como la perdió cuando un grupo de jugadores pretendió unificar a sus trabajadores y crear un sindicato que les defendiera; como la perdió cuando permitió que grandes oligarcas desmontaran de un día para otro clubes de futbol para llevarlos a otras ciudades con completa indiferencia de reglamentos, pero además de las afectaciones locales que esto ocasionó. Todo bajo la premisa de los acuerdos no escritos o el mal denominado pacto de caballeros.

Cegados por su pensamiento pragmático, a los dueños del balón les importó poco la coyuntura, mucho menos su responsabilidad como detentores de un deporte que le debe todo a la fidelidad de una afición que ya no solo se conforma con el espectáculo, sino que, como todo lo que le rodea, ahora está en condiciones de pedir honestidad, profesionalismo y empatía a cambio de su audiencia.

Autor: Arturo Santillán

Formado periodista, loco por el futbol, la música y la imagen. Escribo y colaboro en Notas Sin Pauta. Productor y Fundador en Sensor Agencia Audiovisual.

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