Recuerdos de Pixieland

DE UN MUNDO RARO
Por Miguel Ángel Isidro

La formación (o deformación) de un gusto musical, desde mi punto de vista, es un proceso que requiere de tiempo, dinero y lo más complicado: experiencias de vida.

A lo largo de mi existencia, quienes me conocen saben que el rock en sus distintas expresiones es mi género musical favorito, y su evolución ha sido tan compleja como variadas y eclécticas son sus derivaciones.

Durante mi adolescencia cultivé, como muchas personas de mi generación, un gusto por el metal, el punk y el hardcore, por considerar que en esos tiempos, eran las expresiones que mejor representaban mi rechazo al sistema y al orden establecido.

Sin embargo, al acercarme a mis primeros 20 años de vida comencé a desarrollar el gusto por explorar y conocer distintas corrientes musicales, tal vez buscando salir de lo convencional y por un inconsciente rechazo a los productos prefabricados que saturaban la radio y la TV comercial.

Sin lugar a dudas, mi banda favorita de todos los tiempos son los Rolling Stones, no sólo por lo que representan como una auténtica institución de rock, sino porque a pesar de los altibajos en su carrera siempre han sabido encontrar el espacio y la oportunidad para seguir creando y ofreciendo un espectáculo musical de primer nivel. Ésa podría ser incluso una preferencia bastante obvia.

Pero existe una etapa en la que uno comienza a formar su personalidad y, por lo tanto, busca una voz propia, incluso en el terreno musical. Y ese momento me llegó en 1992 con Pixies.

Debo reconocer que llegué tardíamente a conocer a esa banda. Tenía 20 años de edad e iniciaba mis estudios universitarios. A través de una amistad cayeron en mis manos dos cassettes: el “Doolittle” (1989) y el “Trompe Le Monde” (1991). El contenido de esas grabaciones me voló la cabeza; se trataba de un grupo que transitaba rápidamente de un trepidante sonido punk a reminiscencias folk, pasando por guitarras saturadas y un increíble uso del llamado “feedback” (cuando una guitarra o micrófono se retroalimenta con su amplificador y produce un sonido agudo), que lejos de ser accidental, sonaba magistralmente intencionado. Música, ruido y melodía en una misma entrega. Mejor, imposible.

En ese tiempo comenzaba el auge del grunge y todo mundo comenzó a abrevar masivamente de la música de bandas como Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. En aquel tiempo vivía en Cuernavaca, una ciudad con poca oferta rockera -apenas había un par de tiendas de discos donde pudiera uno encontrar material alternativo- y una radio acaparada en su mayoría por contenidos comerciales, tanto en lo musical como en su discurso. El rock se relegaba a algunos cuantos programas especializados.

Era la etapa previa al internet, por lo que el conocimiento de nuevas propuestas musicales se sustentaba en la escucha de estaciones de radio del DF y el consumo de algunas revistas especializadas. Lo demás era la relación e intercambio de persona a persona y la asistencia a algunos conciertos.

La comunidad rockera morelense iba en aumento. Yo comencé a ir a tocadas a mediados de los ochentas, y la asistencia de público era más bien escasa; a la vuelta de dos o tres años muchos de los asistentes a conciertos en Cuernavaca y sus alrededores ya nos conocíamos aunque sea de vista; conformábamos una especie de ghetto, del que después surgiría una generación de bandas, promotores culturales y fans aferrados.

Me di a la tarea de tratar de conseguir más material de Pixies, sin saber que el grupo encabezado por Black Francis estaba próximo a su separación.

Así que en desorden me fui acercando al resto de la producción de Pixies en su primera etapa: el “Come on Pilgrim” de 1987 y el “Surfer Rosa” de 1988, y el último que conseguí fue el “Bossanova” de 1990. Mientras todo mundo le rendía tributo a “Smells like a teen spirit” de Nirvana, me encontraba con un grupo que había explorado esos territorios sonoros desde media década antes.

Con el paso de tiempo y con la dedicación que un fan puede tener, fui descubriendo que los Pixies fueron una de las agrupaciones más influyentes del movimiento alternativo de la segunda mitad de los 90’s y principios de la siguiente década, y que artistas como los propios Nirvana, Weezer, Blur, Placebo y Smashing Pumpkins los reconocían como una de sus principales influencias.

Y también tardíamente, me enteré de la separación de Pixies; lo hice al encontrar a finales del 93 el primer disco solista de Frank Black, que era el nuevo nombre artístico de Black Francis (cantante y guitarrista) y de escuchar en algunas estaciones del DF y en MTV el sencillo “Cannonball” de The Breeders, la entonces nueva banda de la bajista Kim Deal.

En los siguientes años pude adquirir algunas recopilaciones y rarezas de Pixies, a la par de la música de Breeders y Frank Black por separado.

Casi una década después, la banda se reunió para una una serie de conciertos con sus miembros originales. Sin embargo, la tensa relación entre Kim Deal y Black Francis impidieron que en el corto plazo el conjunto retomase su trabajo discográfico. Por lo pronto, la posibilidad de por fin ver a la banda en vivo eran mayores, pero el destino me tenía algunas sorpresas.

Una de las presentaciones emblemáticas del retorno de Pixies fue en el festival de Coachella en 2004. Sin embargo, mi actividad laboral liberalmente me impidió hacer el viaje.

Finalmente en 2013 Kim Deal abandonó oficialmente la banda, y después del paso de un par de bajistas invitadas, en diciembre de ese mismo año se formalizó la integración de la bajista de origen argentino Paz Lenchantin, ex integrante de A Perfect Circle.

Ya con ésta alineación Pixies visitó México por primera vez en 2015, presentándose en el festival Corona Capital. Para entonces yo radicaba en Tamaulipas, con una agenda laboral igualmente saturada. Así que mi primera cita con Pixies en concierto se tuvo que posponer hasta 2016 en la ciudad de San Francisco, en un show que para mí representó un auténtico viaje en el tiempo.

Curiosamente, el último concierto masivo al que pude asistir fue a la presentación que Pixies hizo como parte de su gira con Weezer en el Oracle Arena de Oakland en abril de 2019. Pude ver algunos conciertos después de esa fecha, pero en locales más pequeños como clubes y teatros.

Unas 15 mil personas testificamos que a pesar de los años, el cuarteto se encuentra en una etapa de plenitud musical que sólo brindan los años. Y aunque aún extrañamos a Kim Deal, no cabe duda que Paz Lenchantin fue una adquisición de primer orden. Joey Santiago sigue siendo prodigioso en el manejo de la distorsión en su guitarra y David Lovering mantiene el toque exacto en la batería; unas veces con ritmos machacantes y otras veces matizando y creando atmósferas para las piezas acústicas del show.

La presentación de Pixies en el zócalo de la Ciudad de México para un concierto gratuito en noviembre de 2018 me generó sentimientos encontrados. Por un lado, un cierto dejo de envidia con el público chilango que pudo apreciar “de a gorra” a una de mis bandas favoritas; a la par, el gusto de ver que por fin un grupo que durante años fue bastante marginal alcanzaba el reconocimiento masivo. Aún así, me causó cierta contradicción de que se tratase de un concierto organizado por el gobierno de la Ciudad de México, en un evento bautizado con el título populista de “Semana de las Juventudes”… cuando la mayor parte de los Pixies tienen más de 50 años de edad (la más joven es Paz, que tiene 46).

Hace años que dejé de obsesionarme con las novedades musicales; ahora disfruto sin complejos de todo tipo de música; desde rancheras hasta electrónica. Pero hay gustos musicales a los que siempre volvemos con el gusto y la emoción de un primer romance… y ese sentimiento, para mí, está en los Pixies.

Twitter: @miguelisidro

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Pixies (Estados Unidos)
Where is my mind?

Frank Black (Estados Unidos)
“Czar”

The Breeders (Estados Unidos)
“Cannonball”

Pixies (Estados Unidos)
“U-Mass”

Autor: miguelaisidro

Periodista independiente radicado en EEUU. Más de 25 años de trayectoria en medios escritos, electrónicos; actividades académicas y servicio público. Busco transformar la Era de la Información en la Era de los Ciudadanos; toda ayuda para éste propósito siempre será bienvenida....

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