Palabras en juego

DESPUÉS DEL AMOR

La palabra ‘futbol’, en español, originaria del inglés football, es la primera muestra de la universalidad de este deporte, la traducción literaria a balompié, quedó históricamente solo como recurso narrativo.

Nadie, en el mundo de habla hispana, al reflexionar sobre los efectos, la trascendencia, el impacto o la historia del futbol elaboraría frases como “así es el balompié”, o mira, “qué grande es ese Estadio de balompié”. Con estos ejemplos, resulta claro que el futbol trasciende fronteras e idiomas, que se coloca por voluntad propia y a su manera en el vocabulario de cualquier sociedad, en este caso, en el hispanoparlante.

Dicho lo anterior, después, vienen una verbena incontable de términos futbolísticos que transforman la crónica de un partido futbol, las tertulias analíticas o las charlas cotidianas, en espacios discursivos que, sin contemplación de los goles, impulsa la práctica ensayística llena de locuciones que pone el marco literario a un partido de futbol.

Hablar de gol, tiro de esquina, cabezazo, patada, tiro, jalón, barrida, carrera, parada, lanzamiento, marca, silbatazo, penalti, saque de banda o saque de meta resulta insuficiente para comprender lo que pasa en una cancha de futbol en donde hay tantas cosas en juego. El objetivo primordial del deporte pareciera ser el anotar y ganar, sin embargo, si así fuera, crear frases más elaboradas o echar mano de vocablos de mayor profundidad no sería necesario.

Como en cualquier género literario, existen los autores ramplones que se valen de escandalizar su terminología para captar la atención de sus audiencias o hay quienes aparentan haber encontrado el hilo negro dentro de las letras para presentarse como innovadores, sin tomar en cuenta de que la esencia de contar o relatar, pasa más por conservar la originalidad del hecho y en consecuencia acompañarlo de palabras lacónicas, no lo contrario. Así pues, ocurre en la relatoría futbolística.

En un partido de futbol, de cualquier índole, existen orígenes, escudos, identidades, honor, pasión, comprensión, competencia. Hay disciplina, virtud, talento, tolerancia, revancha, esfuerzo, complacencia, displicencia, respeto, desdeño, alegría, tristeza, melancolía, coraje, satisfacción, dolor, éxito y fracaso, por mencionar algunos de los elementos que componen el desarrollo del juego.

Con estas atenuantes, aquí es en donde el relator echa mano de su inspiración literaria para acompañar el desarrollo del partido, con una crónica hablada que dote del contexto adecuado cada instante de los noventa minutos.

Lograrlo es la consumación de una expresión artística que, como tal, es apreciada por el público, mismo que tendrá distintos gustos y puntos de vista sobre la obra.

Las opiniones más críticas exigirán, con base en su experiencia, que la relatoría contenga el análisis necesario para que las escenas descritas atraviesen por lo que podríamos llamar una deconstrucción del hecho. De esta manera, lograr ver que el pase del balón de un jugador a otro, por ejemplo, es en otros términos la antesala de una estrategia en un sector del campo, una táctica para sobrepasar las líneas rivales por su zona más frágil, en apariencia.

En otro sentido, el responsable de la crónica, recurre a las historias de vida de los protagonistas, lo que provee de significado no solo la actuación del futbolista durante un partido, sino que abastece de contexto la trayectoria del personaje a través de los años, genera empatía o ilustra irónicas circunstancias. Tales como la de Kingsley Coman, francés jugador del Bayern que anota el gol del triunfo ante el Paris, el club que lo vio nacer futbolísticamente.

Solo por hablar de un partido, el buen cronista transmite con sutileza que en la tierra de José Saramago, una Capital Europea de la Cultura, un equipo representativo de Munich disputa contra el respectivo de París el título europeo. Que dichos clubes conformados por polacos, canadienses, argentinos, brasileros, costarricenses, españoles, alemanes y galos, defienden el interés deportivo de dos ciudades, no de sus naciones. En un enfrentamiento en el que imparte justicia un conjunto de italianos.

Con su trabajo, el locutor de las acciones en el campo es el artesano de las oraciones, una labor que lo obliga a tener una íntima relación con los demás componentes que definen la actividad futbolística. Esa relación lo convierte en el primer testigo de la historia que se escribe durante la eventualidad de un partido. De ahí que su labor tenga una trascendencia más allá de los resultados.

El futbol por sí mismo es un constructo, una entidad de compleja descripción científica o teórica, un fenómeno social que requiere de una habilidad artesanal para describirlo. Aún con mayor complejidad durante el desarrollo de un partido, en donde todo puede cambiar de manera pocas veces comprensible.

Por ello es que en el futbol no solo se disputa un marcador o la búsqueda de subir al podio de los ganadores, sino que también, para su comprensión universal, las palabras están en juego.

Autor: Arturo Santillán

Formado periodista, loco por el futbol, la música y la imagen. Escribo y colaboro en Notas Sin Pauta. Productor y Fundador en Sensor Agencia Audiovisual.

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