Reducir, Reutilizar, Reciclar

HOSPITAL INCURABLE / Adrián Lobo / Imagen: Visuals. Unsplash

Las famosas “3 R” (ninguna relación con “3 M”, tampoco con las famosas “3 B”), son en la actualidad fundamentales para una sociedad sustentable, no sólo por razones económicas sino ambientales, ahora que estamos al borde del precipicio. 

En el H.G.D.A.V. lo hacemos, como no, si no por amor, por fuerza. Lo que pasa es que no hay ni siquiera los materiales más elementales, tanto de aquél que se usa para la atención del paciente como el que necesitamos emplear los trabajadores de la salud para poder brindar una atención adecuada y segura para ambas partes. Ese enfoque es el que prima actualmente, el del Modelo de Seguridad del Paciente, pero ya ve usted, se hace lo que se puede con lo que se tiene. 

Ya tenemos meses en que prácticamente es una regla que el paciente y sus familiares deben comprar pañales desechables porque aquí no hay. También podría ser que dentro de poco tiempo ocurra lo mismo con un accesorio llamado “Llave de tres vías”, que es una pieza de “fontanería médica” utilizada para controlar mejor pero sobre todo acoplar varias “líneas” o vías mediante las cuales se hacen pasar fluidos en forma intravenosa. Cada vez es más frecuente que se tenga que pedir a los pacientes y sus familiares que los compren. 

El problema es que un muy alto porcentaje de los pacientes requieren una llave de tres vías y un porcentaje alto también requiere pañales. La falta de llaves de tres vías, como sucede muchas veces en nuestro país a raíz de las carencias, ocasiona que el ingenio se aguce y se recurre entonces a la improvisación, se hace todo lo posible por lograr lo que se tiene que hacer aunque no sea como se debe hacer, ¡pero se hace, qué caray! 

El personal de enfermería hace entonces unas lindas obras de ingeniería hidráulica médica, auténticas proezas, acoplando el extremo del equipo de venoclisis (la conexión al dispositivo de punción) al capuchón de una aguja hipodérmica e insertan ésta en el sitio de inyección tipo “y” de la manguerilla del equipo y ¡pum! ¿Llave de tres vías? ¡Ja! ¡No es necesaria! Se pueden conectar así, en serie, tantas “líneas” como sea necesario, casi infinitas. El único inconveniente es que todo el arreglo queda, como dice mi madre, “de mírame y no me toques”. Solamente añadiré que comúnmente en la venoclísis de algunos pacientes se puede llegar a acoplar hasta cuatro o más llaves de tres vías. En fin.

Hacia allá vamos también con las vendas, específicamente las de 30 cm de ancho. Son relativamente pocos los pacientes que requieren un vendaje así, frecuentemente los que son sometidos a una cirugía de abdomen y las pacientes de mastectomía. Lo que me causa desconcierto es que se supone que el hospital cuenta con una certificación en la atención de pacientes de cáncer de mama, lo que es de suponer que asegura que la atención integral de las pacientes está garantizada, lo que por supuesto incluye todo el material que sea necesario, así es que por lo menos en el servicio de Cirugía y especialidades deberíamos contar con esas vendas, lo cual en la práctica es un poco distinto, en estos días a cada una de las pacientes de mastectomía se les pide que compren una venda de 30 cm, así como a las que se les practica una cesárea.

Condiciones similares tenemos en lo concerniente a los materiales que son necesarios para el uso de los trabajadores. Hace unas semanas el problema principal fueron los cubrebocas, se restringió mucho su distribución y se redujo su disponibilidad, por lo de la pandemia, ya sabe usted. Ahora tenemos, de los sencillos, de los que casi nadie quiere, todos pedimos mínimo de los tricapa o de plano respiradores N95, pero casi no hay. En mi caso, por ejemplo, me dieron dos KN95 para los primeros quince días del mes de julio. 

Dice un médico de altos vuelos en el hospital que serían necesarios al menos cuatro, y eso reutilizándolos y haciendo una rotación en su uso hasta llegar a las aproximadamente 36 ó 40 horas de vida útil de cada uno de ellos, porque pues se supone que hay escasez mundial y todo eso y si se desea estar protegido es necesario reutilizar lo que se tiene, aunque claro, él sólo hace las recomendaciones, ya del abastecimiento que se encarguen aquellos a quienes corresponde, ¿verdad? Pero tampoco, fíjese usted. Un día el mismísimo director del hospital (el nuevo, lo siento, no me sé su nombre de memoria) se aventó una grandísima (coloque usted el adjetivo que le parezca mejor después de leer lo que sigue):

Una tarde andando por ahí en el hospital, al dar la vuelta en un pasillo de repente me topé con una pequeña e improvisada reunión. En el “servicio”  de valoración (y lo pongo así porque no es un sitio en especial sino un simple pasillo donde se atreven a atender pacientes) y frente a un grupo de trabajadores (no menos de una docena) estaba el médico. Ya estábamos metidos de lleno en esto de la pandemia y, como siempre, con carencias y la consecuente preocupación del personal, así que supongo que los compañeros de aquel servicio solicitaron su presencia para exponerle la situación, de la cual en realidad el director debía tener pleno conocimiento, sin duda, y para solicitar su intervención para remediarla. En el momento en que llegué estaba en uso de la palabra  el mencionado doctor, y lo hice justo después de lo que yo imagino fue un “rollo mareador” y lo hice a tiempo para escuchar cómo decía, palabras más, palabras menos, que a final de cuentas carencias siempre habíamos tenido y que así habíamos trabajado en el pasado, de modo que en la situación presente qué otra cosa podíamos hacer sino seguir trabajando con todo y carencias. No hubo réplica, nadie dijo nada, así que pienso que bien merecido nos tenemos entonces el tener todavía que trabajar sin contar con lo necesario en cantidad suficiente.

Ese es el resumen de la historia del hospital y quizá su gran tragedia; todo mundo sabe qué está mal y qué se debe hacer, pero nadie hace nada al respecto (“Hacemos”, podría decir, parafraseando el popular meme). 

Todo esto sigue siendo muy reciente, lo del coronavirus y eso, así que hay información en el sentido que un respirador N95 puede durar días y días sin perder su capacidad de filtrado, la cosa es cómo asegurarse que es seguro reutilizarlo, más específicamente como desinfectarlo. Hay varias formas, según nos han dicho, la más simple (y no estoy recomendando a nadie que lo haga así) se supone que es a base de tiempo y algo de calor; como al parecer el virus no sobrevivirá más de 3 días sería entonces suficiente con guardar el respirador en un lugar donde no haya humedad durante ese tiempo y listo.

A muchos en el hospital nos parece que son casi indispensables, aunque nos han dicho que un cubrebocas tricapa es más que suficiente en la mayoría de los casos, uno de todos modos se pone nervioso sobre todo porque pacientes de COVID hay por todo el hospital, no sólo en el área acondicionada para los más graves, siendo el mayor problema el de aquellos que no manifiestan síntomas, los famosos asintomáticos. Según mis propias estadísticas en el único servicio donde no han tenido casos de pacientes de COVID es el de lactantes, quizá en la U.C.I. tampoco, aunque podría equivocarme. ¿Y a todo ésto por qué sería superior uno sobre otro? ¿O cuál es la diferencia entre mascarillas y respiradores? Para información más clara y precisa puede consultar https://sondelsa.com/diferencia-entre-mascarilla-y-respirador/ 

En resumen creo que se puede decir que las mascarillas únicamente protegen en un sentido, esto es, protegen el entorno del usuario de las partículas que éste pueda expeler mientras que los respiradores ofrecen protección en ambos sentidos, al contener las partículas expulsadas por el usuario y filtrar el aire que el mismo respira, aunque claro que siempre y cuando su uso se ajuste a las recomendaciones pertinentes. Por cierto que los respiradores con válvula que pueden verse por ahí no son tan efectivos contra riesgos biológicos, por lo que no son recomendables para protegerse del coronavirus, por ejemplo, así es que por muy modernos que luzcan mejor evite comprarlos.

Así que muchos trabajadores han optado por adquirir los propios para suplir o complementar las existencias, aunque no sea barato, todo en aras de sentirse un poco más a salvo. Un respirador N95 o su similar el KN95 (la diferencia entre ellos se supone que es únicamente la “K”… quiero decir que son equivalentes pero de origen distinto, el N95 es estadounidense y el KN es chino) puede tener un precio (de la marca 3M, que es un líder mundial) de hasta $ 200.00 por pieza, aunque existen, claro, alternativas de $ 50.00 o menos, la cuestión aquí es la calidad, desconozco qué tan efectivas son esas piezas más baratas. Así es que siguiendo las recomendaciones recibidas en el mismo hospital debería invertir entre $ 400.00 hasta $ 1,600.00 al mes en respiradores. 

Aunque por supuesto la alternativa son las mascarillas tricapa que pueden costar hasta $ 6.00 la pieza, así es que para un mes debería invertir $ 180.00 Quizá no parezca mucho; para un médico puede representar entre el 1 y el 5 % de su ingreso, para una enfermera aproximadamente entre el 2 y el 10 %, pero para algunos de los demás podría ser entre el 6 y el 25. Recordemos, sobre todo, que se trata de un material que idealmente nos debería ser proporcionado por el patrón, el gobierno del estado, por medio de los servicios de salud de Oaxaca. No es mi consuelo ni mucho menos, pero no olvido que si a nosotros, empleados directos de los S.S.O., se nos limitan esos suministros, la situación para los compañeros de la división de limpieza de la empresa SEGLIM, encargada del aseo y la seguridad seguramente no será mucho mejor.

Aunque claro que en la presente situación uno como trabajador de la salud no sólo tiene el riesgo de contagiarse en el hospital, la posibilidad está presente en todos lados como en el transporte público o en el mercado, conozco de primera mano el caso de una compañera que en el trabajo en ningún momento estuvo cerca de un paciente de COVID y de todos modos contrajo la enfermedad. 

Ella misma no se explica dónde pudo haberse contagiado, la sospecha más grande es el transporte público, porque por alguna razón todavía mucha gente no se solidariza con la sociedad y decide salir a la calle, ya que es incontenible su ímpetu por andar afuera (sin contar a aquellos que salen por una necesidad genuina), sin usar una mascarilla por lo menos. Corresponsabilidad, dice López Gatell. 

Pues bien, con la compañera de quien les hablo se tuvo en el hospital una consideración que no se dispensa por igual a todos. Ella tuvo la suerte o quizá el privilegio de contar con la autorización de ausentarse de su trabajo en tanto el resultado de su prueba no fuera negativo, en total le realizaron la prueba tres veces y estuvo en cuarentena un poco más de un mes. Mientras que por otro lado conozco a un compañero a quien le han dicho que no es necesario que se someta a una segunda prueba una vez que ha estado fuera de circulación cumpliendo con los catorce días de la cuarentena de rigor, así es que lo “reciclaron” a la primera oportunidad una vez que fue “descartado”, así como hacemos, no de ahora sino desde hace tiempo, con los guantes que se supone son desechables.

Pues aquí no lo son tanto, aquí se usan tantas veces como se pueda, a menudo hasta que estén visiblemente sucios. ¿Y por qué? Pues por ahorrar, por no gastar demasiados. ¡Qué importa que se suponga que son de un solo uso! Hay que hacer rendir los que se tienen lo más que sea posible, porque de que se acaben, quién sabe si habrá más a disposición o cuando. Así es que en algunos servicios se pueden ver colgados por aquí y por allá guantes que el usuario se volverá a poner cada vez que sea necesario hasta que se haga evidente que debe descartarlos.

Se comenta en radio pasillo que no es común que te autoricen esa segunda prueba incluso si la primera vez el resultado fue negativo. Me pregunto qué tan sorprendentes serían los resultados de pruebas masivas de COVID en el H.G.D.A.V. cuando tenemos el antecedente del hospital de Juchitán, donde los trabajadores pidieron que se aplicara a todos  y resultó que de 150 resultaron positivos nada menos que 115 . En total se sometieron a la misma 400 trabajadores así es que el resto de los resultados están por llegar. 

Las cifras no me sorprenden, no tanto porque esté convencido de aquellas versiones que propalan los opositores al gobierno de AMLO en el sentido de que la situación ha sido y está siendo pésimamente manejada por el gobierno o que las cifras verdaderas se estén manipulando cuando no ocultándose. 

No, yo me adhiero a la información que estuvo disponible desde el principio; que prácticamente todos en algún momento íbamos a contagiarnos; que la enfermedad en la mayoría de la población iba a cursar sin apenas molestias; que una pequeña porción iba a manifestarse en forma más o menos fuerte y que una minoría iba a ponerse grave y requerir incluso hospitalización. 

La idea ha sido siempre, según entiendo, evitar que enfermen todos al mismo tiempo porque eso significaría el colapso de los sistemas de salud que no cuentan con los espacios y equipos suficientes. Lo hemos visto en el hospital, varios compañeros que se contagiaron cursaron la enfermedad sin molestias, aunque algunos sí las presentaron en forma más o menos intensa, mientras que unos cuantos tuvieron que ser internados en el ISSSTE. A pesar de eso, la estrategia de algunos países y grupos de personas de dejar el confinamiento y salir buscando la “inmunidad de rebaño” ha resultado en grandes fracasos. 

Para mí que así como vamos por lo menos ahí la llevamos, y eso no significa de ninguna manera que no lamente la gran mortandad que ha ocurrido ni que esté de acuerdo en que Oaxaca haya pasado al color naranja del semáforo, lamentablemente muchas personas en México han muerto, así es que podría ir mejor si más personas tomaran conciencia que las condiciones particulares del país, las comorbilidades tan comunes como obesidad, hipertensión y diabetes (que se presentaban en el 70% de los fallecidos) nos ponen en una situación más vulnerable y adoptaran las recomendaciones, en tanto no tengamos una solución. 

adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199

Hospital incurable
En un rincón de este planeta, llamado Oaxaca, existe un sitio llamado “Hospital General Dr. Aurelio Valdivieso”. Toda mi vida ha estado ligada a este lugar porque resulta que fue ahí donde vine al mundo. Resulta además que casi la mitad de mi familia del lado materno trabaja o ha trabajado ahí y ahora yo mismo. El ilustre juchiteco Dr. Aurelio Valdivieso es para mí entonces como un remoto pero omnipresente ancestro y el hospital que lleva su nombre como un segundo hogar, con todas las contradicciones, orgullos, vergüenzas, satisfacciones, gratitudes y rencores que eso implica. Representan para mí, el sitio mismo tanto como el nombre, una especie de legado o destino que me ha enorgullecido y del que he renegado por igual y del que en ocasiones he deseado distanciarme sin haber podido nunca lograrlo.

Un pensamiento

  1. me gusto mucho tu artículo, conozco el Aurelio Valdivieso porque trabajo en una farmaceutica maligna y bueno el hospital no les ha pagado una lana desde hace como 8 años…

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