Monumentales

Por Sergio Alberto Cortés Ronquillo

Hay libros que sobresalen de entre los demás porque tienen una forma tan fina y bien hecha que se vuelven íconos mundiales, independientemente del género literario, de la temporalidad, de otros grandes que existen: los Monumentales son aquellos que marcan pauta. Hablando personalmente, Cien años de Soledad es uno de ellos. Tal vez porque fue mi primera novela “de adultos” que leí, sobre todo porque no quería, el título se me hacía aburrido y no quería tocarlo; sin embargo, al acabar, no sabía si llorar, gritar o aventarlo. Fue tal la impresión que García Márquez causó que de ahí comencé a leer realismo mágico, y de ahí, un continuo descubrimiento de otros grandes, no sólo latinos, de todo el mundo.

Me gustaría remarcar algunos puntos que tienen todos los Monumentales de cierta forma, y que son distintivos: una narrativa sutil, temáticas enajenantes, personajes entrañables y lo sobrenatural. Sin embargo, pensar que Cien años de Soledad es el único monumental, es un error, no tiene nada de malo que a uno le guste ese más que los demás, eso hay que dejarlo claro; sin embargo, no es el único con las características de un gigante. Aquí veremos tres libros de este tipo que son un must read de la literatura universal.

Opus Nigrum, Marguerite Yourcenar

El Opus Nigrum es la fórmula química para la creación de la Gran Obra, o sea, la obtención de la piedra filosofal, con la que se podría obtener oro del plomo o la vida eterna incluso. El personaje memorable de esta novela, entre tantos, es Zenón, el protagonista, cuyos conocidos encuentran la muerte en su mayoría. Está inspirado en varios intelectuales, incluido Leonardo da Vinci. Él es un médico, filósofo y científico que lleva a lo largo de su existencia el curar a la gente de sus males, crea sus propios dispositivos para examinar el cuerpo humano además de que llega a tener las conversaciones más interesantes con mucha de la gente que lo rodea, ya sea tanto relacionado a las pasiones, a la religión o a la vida misma. La novela está ambientada en la edad media, y la cuestión religiosa siempre tiene un tinte que afecta a todo lo que uno va leyendo.

Uno podría llegar a perderse entre la cantidad de personajes (algo que podría llegar a ser una característica más de los Monumentales: la diversidad de personalidades), sin embargo, todos y cada uno ponen su granito de arena tanto para ir viendo el cambio de personalidad a lo largo de la vida de Zenón, así como para demostrar que no importa qué tan fugaz sea la aparición de algún secundario o terciario: cada uno tiene la misma profundidad que cualquier lector tendría con un amigo de toda la vida. A pesar de la multiplicidad de personajes e independientemente de la cortedad de tiempo que pudieran llegar a tener en la narrativa, Marguerite Yourcenar tiene una insuperable habilidad para adentrarnos en la humanidad de cada uno de ellos y hacernos sentir entrañados, impresionados, interesados y llevar un ritmo de lectura fuerte. En este libro, la magia solamente radica en las cuestiones de alquimia, sin embargo está presente y es decisiva en ese sentido en la formación de Zenón.

Hijos de la Medianoche, Salman Rushdie

El realismo mágico es un género literario nacido en Latinoamérica que busca, a través de lo que en la gente cree, profundizar en al comprensión y realización de la vida misma. Esto quiere decir que las explicaciones culturales (magia, religión, tabú, lo que la gente cuenta) son punto clave para explicar el comportamiento humano y de lo que le sucede. Obvio es el libro mencionado al inicio de este texto el, tal vez, máximo exponente del género; sin embargo, Salman Rushdie con Hijos de la Media Noche no solamente podría ser el máximo exponente del realismo mágico indio, sino que sobresale en la literatura universal, junto con Los Versos Satánicos, por su fuerte crítica sociopolítica que le ha ganado incluso ser censurado.

Los Hijos de la Medianoche tiene que leerse creyendo en la magia y uno no tiene opción para hacerlo: está escrito de tal forma que la realidad y lo mítico se funden de tal forma que no se pueden separar. Trata sobre un grupo de niños que nacen con habilidades únicas, con Saleem Sinai a la cabeza, quien es telepático. Él nace al mismo tiempo, en el momento exacto en que India se independiza, y Saleem junto con otros personajes, influyen en la vida social y política de la India para así encausar los sucesos históricos que van aconteciendo. Podríamos comprenderlo como un Forrest Gump mitológico. Es un gran ejercicio de imaginación histórica en el que, si no tenemos suficiente conocimiento de la historia de ese país, bien podríamos creer que la novela dicta exactamente lo que pasó en la vida real.

El Nombre de la Rosa, Umberto Eco

A Umberto Eco lo conocemos como el hombre que lo sabía todo, porque el señor era uno de los intelectuales más grandes que jamás hayan pisado la Tierra. El estilo propio de él no era sencillo, no tenía ningún interés en facilitar la lectura de sus textos donde rebuscadas palabras siempre van a estar presentes (por eso conviene tener un diccionario a la mano), cuenta con una multiplicidad de personajes impresionante, sus entramados narrativos son complejos y de repente difíciles de seguir, y hasta múltiples lenguas muestra para dar un realismo que lo posiciona como tal, como Monumental. El Nombre de la Rosa, junto con El Péndulo de Foucault, son las obras cumbre de Eco. 

Este libro trata sobre Guillermo de Baskerville, un personaje único de la literatura universal, de una inteligencia y locuacidad maravillosas y enajenantes; llega junto con Adso de Melk, su pupilo, a una Abadía donde unas muy misteriosas muertes están sucediendo que todo parecería indicar que predicen el fin del mundo. Baskerville es la voz de la razón y la iluminación dentro de un entorno oscuro y frío, rígido como la mentalidad en la que está ambientada la novela. Él es un fraile con tintes de filósofo y detective, pues él, a diferencia de los demás que se dejan llevar por el horror que ven sus ojos; trata de ver la explicación que le permitiría descubrir quién está matando y por qué: Umberto Eco, por medio de un libro que mata, nos explica como nadie por qué la literatura puede matar. Es la confrontación de la explicación lógica contra la dogmática.

Los Monumentales son esos que logran traspasar la barrera del género literario que tienen, la del idioma, la del lugar del planeta donde fueron concebidos: son enajenantes, sus letras son soberbias, el trato de los temas es admirable, sus personajes son inolvidables; estos escritores son prodigios de la existencia humana. A pesar de que podrían llegar a ser complicados de cierta forma, al leerlos, uno debe hacer el esfuerzo y no solamente porque vale la pena, sino porque estos libros son los fundamentos de la literatura. Estos escritores y estos textos son Monumentales porque sobresalen porque marcan pautas, porque son insuperables, primordiales, inolvidables.