El laboratorio de los afectos

Vital Sinkevich. Unsplash

Detestaría llamarme a mí misme mi mayor obra, puesto que creo que cae en cierto Narcisismo. No obstante, prefiero pensarme como un laboratorio constante. Supongo que he recurrido a solucionar los problemas que vengo arrastrando desde infancia en el diván. Experimento sacar las emociones enterradas que tengo en el pecho, aquellas que se manifiestan como constantes enfermedades cuando no las dejo salir. Recuerdo muy bien de infante, amar ir a la escuela y gustar de materias como matemáticas, donde podía hacer la comprobación numérica de varios factores de diferentes maneras. Me hubiera gustado que los problemas del mundo tuvieran simples soluciones numéricas donde objetivamente pudiéramos tener soluciones. Por lo anterior, supongo que ese deseo me ha hecho ver la manera efectiva de resolver problemas a través de una óptica que suena hasta ingenieril.

Hace unos meses, hablando justo de este fenómeno, conversaba con una doctora a quien visitaba cuando tenía achaques por el estrés (en una de esas un dolor de oído tan agudo, que después desencadenó en un rebrote de varicela, pero esa es otra historia). Comentaba que cuando la ansiedad me comía, y no podía ver con claridad mis relaciones humanas, recurría a diagramar para aclarar y resolver. Buscaba consejo de muchas personas para poder hacer una especie de granja de render (como hacer una maquila del pensamiento), donde 10 personas pensaban el problema bajo distintas ópticas. Recopilaba la información, y tomaba una decisión que se alineara al consenso. 

Mi último experimento, sin embargo, ha trascendido la forma física de mi cuerpo. Definitivamente nunca he sido esbelte, pero han sido años de intentar conciliar como me veo, como siento y como me vivo. El sobrepeso y la obesidad, y todos sus derivados, son resultado de múltiples factores. Sí, culpo al capitalismo (y no me retracto de esto), sin embargo en mi caso puedo decir que el campo fértil capitalista que ha propiciado mi actual forma física, se alimentó también de problemas emocionales, situaciones familiares, traumas, y un largo etcétera (no me escudo en problemas hormonales, porque mi perfil tiroideo salió bien).

Por otra parte, respeto a quienes prefieren verse y vivirse como una persona “plus size”. Así como quienes quieren dedicarse al fitness (aunque seré franque, la cultura del fitness me causa repele, pues siento que es demasiado competitiva).

Conjugando lo anterior, en ese largo preámbulo que ha sido los anteriores párrafos, me gustaría compartir el camino que he emprendido hace unos días. Mi fascinación con los números me ha orillado ha buscar una solución numérica a mi sobrepeso. Ahí me tienen buscando aplicaciones y funciones en mi reloj inteligente, en el teléfono, y en internet. Mi ambiente se ha llenado de cintas métricas digitales, una báscula de impedancia, podómetros, glucómetros, baumanómetros, cálculo de kilocalorías, un excel, gráficas. Números por todas partes. 

Estoy muy consciente que a mi doctor no le gustará esto. Se muestran las trazas del TOC que me acecha como una sombra, asomándose. La posibilidad de desarrollar un trastorno alimenticio es latente, sin embargo, tengo que estar vigilante de mi sueño, de mi alimentación, y de mi ánimo. Me encuentro en una situación en la que camino en esa fina línea que es el control con consciencia y el trastorno. Este experimento está planeado para que consuma los suficientes nutrientes que me permitan subsistir (especificadas en la Norma Oficial Mexicana para nutrición), y que haya un cambio gradual, pero sostenido.

Mis razones son los suficientemente claras: no es el tamaño lo que me molesta, son los efectos a largo plazo que ello ocasiona. No es el qué dirán porque solo me importa lo que pienso de mí. No es por caber en una talla, porque poca es la ropa que me gusta, y tallas las hay muchas.  Sin embargo, estaré vigilando que no pierda el norte.

Por último, me quedo pensando, que el papel del nutriólogo está automatizándose poco a poco, como mi trabajo, como el trabajo de todos. Nuestros cambios en mente y cuerpo son evidencia de los cambios que hemos hecho en nuestro ambiente, en la sociedad. Sí, culpo al capitalismo de muchas cosas, sin embargo, ser un viejo que grita a una nube no solucionará algo. Primero es importante mantener la homéostasis, es decir, mantenernos en equilibrio. Y luego, si nos queda energía, intentar cambiar aquello con lo que no estamos de acuerdo. Sin embargo, seguiré experimentando para poder lograr aquella armonía que busco, ocupándome en soledad en el laboratorio de mis afectos.

Autor: Arantxa De Haro

Escritor amateur, multidisciplinario por pasatiempo, aficionado a los idiomas