Periodismo y verdad

Por Jorge Torres. Un trabajo original de La República Mx

El periodismo moderno vive tiempos aciagos. La pérdida de la brújula ética en algunos casos y la brutal presión del poder y del mercado en otros, han contribuido en los últimos años a que la prensa se distraiga de su principal objetivo: decir la verdad. 

Esta premisa ha dejado de ser lo más importante en muchas redacciones, y ha sido sustituida por aquella que antepone el entretenimiento y los intereses empresariales al periodismo de investigación.

El periodismo encuentra en los ciudadanos a los mejores aliados. Es un acto de honestidad intelectual donde no tiene cabida la manipulación ni la mentira. Por eso es importante reivindicar el concepto de verdad en la prensa del siglo XXI.

Decía el emblemático periodista norteamericano Walter Lippmann que “la primera obligación del periodismo es la verdad”, y Bill Kovach y Tom Rosenstiel nos advertían que “más que defender nuestras técnicas y métodos para averiguar la verdad, los periodistas hemos tendido a negar su existencia”. 

Se ha impuesto en el periodismo la idea de que la verdad es inalcanzable y hemos aceptado la verosimilitud como un concepto que la sustituye, dándole un extraordinario valor a la apariencia de verdad.

En muchas redacciones se ajustan a los estándares de lo verosímil, no para iniciar la búsqueda de lo verdadero, sino para establecer el principio de la información que debe registrarse para el consumo público, y esta anomalía tiene consecuencias negativas en la versión de la historia que registran las noticias.

Stanley Cloud, corresponsal de Time en Vietnam, decía que “no podemos esperar que un gobierno nos cuente la verdad, especialmente cuando ese gobierno, en tiempos de guerra, comete errores en sus acciones y sus juicios”. Decía Cloud que la inclinación natural del gobierno es la de ocultar la historia y el papel de la prensa debe ser el de buscar y decir la verdad a toda costa.

“Los gobiernos suelen exigir a los medios que estén al servicio de lo que llaman el interés nacional. Clasifican información como secreta y restringen su acceso. Organizan acontecimientos mediáticos, crean los temas de discusión y formulan posturas que son esencialmente pura propaganda”, ha dicho el periodista Danny Schechter.

A lo largo de la historia podemos encontrar ejemplos de periodismo que le ha declarado la guerra a la mentira oficial y ha contado la verdad. Periodistas que han emprendido verdaderas batallas para decir lo que el poder ha querido ocultar. Pero el periodismo moderno está en crisis, y destacan entre sus grandes males la acumulación de medios de comunicación en el sector empresarial –que utiliza la prensa para apuntalar sus negocios–, y el ataque constante del poder político al ejercicio periodístico.

Hombres de negocios dirigiendo redacciones y políticos poderosos queriendo imponer la agenda mediática, han contribuido al deterioro del periodismo de investigación. La verdad ya no importa en muchas redacciones, sólo los hechos que convienen a uno u otro bando, fragmentos de información convertidos en noticias que no alcanzan a explicar la realidad. 

Por eso Walter Lippmann nos recuerda la diferencia entre cobertura mediática y periodismo: “Información y verdad no son la misma cosa. La función de las noticias es dar relevancia a un acontecimiento. La función de la verdad es arrojar luz sobre los hechos ocultos, relacionarlos entre sí y esbozar una imagen de la realidad sobre la que puedan actuar las personas”.

En tiempos de incertidumbre la simbiosis periodismo y verdad resulta imprescindible para el oficio de informar. Si las personas deben comprometerse activa y críticamente en el reconocimiento de la verdad, los periodistas están obligados profesionalmente a mejorar las técnicas y los métodos para encontrarla y registrarla.

En el proceso de reinvención en el que están inmersos los medios de comunicación, buscando desesperadamente el modelo editorial y de negocios que los saque de la crisis, no deben olvidar que decir la verdad es uno de los puntos clave en la nueva relación que deben construir con los ciudadanos, sin duda los mejores aliados de la industria.

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